El debate sobre drogas y fiestas electrónicas

Comenzó siendo elitista, pero desde hace ya unos años se ha vuelto democrática, tal vez por ser una aliada de la muerte. La droga no distingue condición social y su abanico de edades es cada vez más amplio. La muerte de cinco jóvenes por una intoxicación con drogas en la fiesta electrónica Time Warp (túnel del tiempo) que se realizó el fin de semana pasado en el complejo Costa Salguero, en Buenos Aires desató nuevamente una polémica. El éxtasis o algunas de sus variantes habrían provocado la muerte de estos chicos veinteañeros. El hecho ha originado distintas medidas e iniciativas, como proponer la prohibición de estas fiestas.

Un toxicólogo tucumano señaló que el consumo de una sola dosis de éxtasis es suficiente para provocar un peligroso cuadro de hipertermia, entre otras consecuencias que pueden llevar a la muerte. “Se produce una acción llamada entactogena, por la cual el sujeto se libera de toda inhibición y da lugar a lo que sea. Después, cuando esta droga se elimina, el sujeto sufre una depresión que puede llevarlo al suicidio”, afirmó. El especialista dijo que este tipo de drogas se consume en Tucumán. “Se las ve en varias fiestas, pero es otro sector social el que las consume, el que las puede comprar. Un consumidor de paco (pasta base) o de vino con pastillas no puede acceder a ellas”, señaló.

Una concejala propuso prohibir este tipo de fiestas. “Es un proyecto para prevenir, no es en contra de nadie. Me informaron que en distintos boliches hay música electrónica, no tenía conocimiento de eso. También sabemos que en varias fiestas proveen drogas a los chicos. Estamos trabajando. Sólo estoy preocupada como funcionaria, madre y abuela”, dijo la concejala.

Un productor de eventos cuestionó la falta de información. “Se está metiendo a la música en el medio y no tiene nada que ver. ¿Cuántos muertos hubo en festivales como Ranchillos? ¿Cuántos por gente que se alcoholiza y produce accidentes viales? ¿Por qué quieren tapar el sol con un dedo? ¿Por qué un político se aprovecha del momento para hacerse ver?”, dijo.

El asunto ofrece, por cierto, algunas aristas de análisis. Se afirma que hay fiestas en las que se venden drogas. Si ello fuera así, sería grave, como también lo sería que nadie lo hubiera denunciado o que la autoridad de control no hiciera su trabajo con efectividad. Y si esta lo supiera y mirara hacia otro lado significaría que estaría avalando este negocio. Todo delito tiene responsables. Si alguien vende droga en fiestas o en boliches bailables, hay que identificarlo rápidamente, así como investigar si lo hace en forma personal o cuenta con el visto bueno de los organizadores de la fiesta o de la autoridad.

Demonizar un tipo de música no conduce a nada. Las artes no pervierten, son los seres humanos los que lo hacen. Se trata de educar y de prevenir. Esa debe ser la misión de los padres y del Estado. Se trata de dialogar con los chicos, escucharlos; quien consume drogas o tiene otra adicción, padece la soledad más terrible.

La prohibición sirve, por lo general, para ocultar un problema real y hacer que el fruto de lo prohibido sea aún más apetecible. Para evitar los suicidios y muertes frecuentes en La Costanera, ¿qué habría que prohibir? ¿La exclusión social, la desocupación, la miseria, el analfabetismo, la indolencia del Estado? ¿Prohibir la existencia de los traficantes, de los mercaderes de la muerte? Si así fuera, los problemas se solucionarían fácilmente.

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