Al ser una droga de diseño, el éxtasis es una mezcla imprevisible

Ramiro Hernández, director del PUNA, se refirió a la droga que mató a los chicos en la fiesta de Costa Salguero. Cócteles mortales.

19 Abr 2016
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DEBUT. La fiesta Time Warp, importada de Alemania, tuvo su fatal debut en Argentina el fin de semana. FACEBOOK TIME WARP.

Cinco muertos y otros cuatro jóvenes en grave estado, peleando por su vida en una terapia intensiva. Saben que se drogaron, que consumieron un cóctel letal de sustancias cuya composición no termina de definirse. La variedad es enorme y son más conocidas por los efectos que causan que por su formulación química. Todo eso fue lo que el sábado a la noche derivó en tragedia en una fiesta electrónica organizada en Costa Salguero, Buenos Aires, y el temor persiste: ¿volverá a pasar?

En las autopsias que realizaron a los cuerpos de los jóvenes que habían ido a bailar a la fiesta Time Warp apareció un elemento en común: el éxtasis. Pero llamarlo con ese nombre no alcanza para saber de qué está hecho. “Es tal la variedad de esta droga de diseño, cada vez más ‘personalizada’, que nunca podemos saber a ciencia cierta de qué estamos hablando, qué sustancias mezclan, qué es lo que verdaderamente tienen”, advierte Ramiro Hernández, director del Programa Universitario para el Estudio de las Adicciones (PUNA). “Podemos saber que se trata de alguna metanfetamina por los efectos que causa, más que por la composición porque, reitero, todo el tiempo salen nuevas mezclas”.

En Tucumán las llamadas drogas sintéticas ocupan el quinto puesto en cuanto a consultas por adicción o consumo problemático. Primero están el alcohol, la marihuana, la cocaína y los psicofármacos. “En Tucumán sí hay, son drogas que están difundidas en todo el país, pero no podemos hablar de una droga de consumo masivo, porque está asociada principalmente con la diversión nocturna, a diferencia del alcohol, la marihuana o el paco que suelen consumirse durante el día. Además, el éxtasis está vinculado exclusivamente a las clases acomodadas”, refiere.

Acerca del caso puntual de la fiesta porteña, a Hernández le llama la atención la cantidad de casos. “Dudo que sean chicos adictos, sí tal vez que tengan un consumo problemático de sustancias, pero no creo que se trate de adictos sino de chicos que experimentaron, mezclaron alcohol y drogas y no pudieron percibir lo que le estaba pasando en el cuerpo”, analiza el especialista, y agrega: “creo que la discusión se está centrando demasiado en la sustancia y no en los chicos que murieron y en los que están peleando por su vida”.

Falta investigación

Silvia González, decana de la Facultad de Bioquímica, Química y Farmacia de la UNT coincide con Hernández en que se conoce más de estas drogas por los efectos clínicos que produce que por su composición química. “Hay chicos que tienen interés por investigar las drogas de laboratorio, pero los trabajos no llegan a concretarse por las trabas burocráticas que implican. Yo misma abandoné una línea de investigación porque necesitaba conseguir cocaína de manera oficial, y era un trámite tan engorroso, que terminé por dejarlo. A los laboratorios formales nos realizan controles exhaustivos, y está bien que así sea, pero de los laboratorios de las universidades no han salido estas drogas, salen de laboratorios clandestinos que siguen operando”, reclamó.

Reducción de daños

Súperman, Criptonita, Lover son algunas de las variantes del MDMA (éxtasis) que pueden haber llevado a la muerte a estos jóvenes veinteañeros en Buenos Aires. Es probable que algunos de ellos hallan tomado las pastillas sin estar seguros de qué se trataba, o de qué estaban compuestas. Según la ONG Intercambios, dedicada al estudio y atención de problemas vinculado con las drogas, estas muertes podrían haberse evitado.

“La tragedia de Costa Salguero evidencia la urgente necesidad de adoptar programas que promuevan prácticas de cuidado para disminuir riesgos y daños asociados al consumo de drogas en adolescentes y jóvenes. El Estado debe tomar un rol activo en la regulación de este tipo de fiestas electrónicas. Un programa de testeo de sustancias, inexistente en nuestro país como consecuencia de la prohibición, podría haber evitado estas muertes”, manifestó esa asociación civil en un comunicado. Lo que propone la ONG es algo que ya funciona en algunas ciudades del mundo: puestos informativos dentro de los boliches y mecanismos para testear las drogas que están por consumir los jóvenes, para que sean conscientes de qué es lo que contiene, entre otras actividades de prevención. Al respecto, Hernández opina: “siempre prefiero trabajar apuntado a la abstinencia de drogas, pero hay un grupo de pacientes que decide continuar su consumo, para los cuales los programas de reducción de daños pueden ser de utilidad”, finaliza.

"Sabemos poco de lo que les pasa a nuestros hijos"

El psiquiatra tucumano Carlos Iriarte no puede describir de otra manera lo ocurrido en Costa Salguero que como una manifestación más de violencia. Sin golpes ni traumatismos ni sangre, pero violencia al fin.

“La semana que viene es el Congreso Argentino de Psiquiatría, y en una de las mesas que expongo voy a hablar, precisamente, de las nuevas formas de violencia. Una de ellas son los embarazos precoces, por ejemplo, y otra son las adicciones y el consumo problemático de drogas”, introduce el médico.

La violencia que se ejerce con el uso de sustancias prohibidas y que ponen en riesgo la salud, explica Iriarte, se imparte en un doble sentido: hacia el propio individuo -el autoflagelo-, pero también hacia afuera: “el consumo de estas drogas de diseño provocan daños de una manera abrupta, estos chicos fallecieron en cuestión de minutos. En el alcoholismo o el tabaquismo, por ejemplo, esos daños se extienden en el tiempo, pero con las drogas sintéticas pueden ocurrir de manera instantánea. Es violencia hacia uno mismo, pero también hacia el entorno. ¿Cómo pensamos que se sienten los familiares y los amigos de estos chicos que fallecieron? Se les ha causado un daño tremendo y la persona que lo hizo no ha pensado en nadie”, advierte.

Para Iriarte, en las formas de diversión nocturna actuales se crean contextos que favorecen esa violencia. “Comienza en la previa y termina en el boliche con consumos desmedidos de sustancias. Son ámbitos en los que se produce un disfrute de la transgresión y donde se fomentan estas nuevas formas de violencia, está todo armado para eso”, describe.

No hay programas sociales contra las adicciones, ni justicia ni educación suficientes si es que la formación en las casas no contiene a los jóvenes, opina el psiquiatra. “Veo que los padres funcionan como una especie de jefes de personal de una empresa: lo único que preguntan es a qué hora vuelven, si no destrozaron el auto y cómo se portaron los amigos. Pero rara vez preguntan cómo se sienten los chicos, qué piensan sobre determinadas cosas. Conocemos poco de lo que les pasa a nuestros chicos, y en casos como estos vemos las consecuencias”, concluye.

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