Hijo de un partisano, alumno de Hugo Pratt y papá de Jackaroe

Un libro editado en Tucumán condensa la trayectoria del dibujante. Seducido por el western y las historias bélicas.

24 Nov 2015
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UN REGALO PARA LA GACETA. Dalfiume dibujó a Jackaroe en un abrir y cerrar de ojos. Definió el rostro en un par de trazos, después lo vistió con el infaltable sombrero y completó la viñeta con la cabeza del caballo. LA GACETA / FOTOS DE JOSÉ NUNO.

Cuenta Gianni Dalfiume que tiene una cabaña en Bariloche, un pedacito del mundo en el que le gusta instalarse para pescar y cargar las pilas. Un día se le acercó un guardaparque y le habló de Jackaroe. ¿Cómo Jackaroe? Sí, a un colega le decían así. Hasta se calzaba el sombrero como el personaje. De Jackaroes está regada la Argentina, porque las aventuras del personaje se leían de Ushuaia a La Quiaca. Un milagro de aquellas publicaciones de Columba (D´artagnan, El Tony, Fantasía, Intervalo) que circulaban con idéntico éxito en la casa del obrero y en la del empresario. Jackaroe, hijo de la pluma de Dalfiume, fue uno de los buques insignia de la marca.

Lo injusto sería reducir la obra de Dalfiume a las andanzas de Jackaroe. Por eso el editor Daniel Ferullo lo eligió para inaugurar su colección de historietistas, un lujoso libro de 160 páginas que desde Tucumán revaloriza la figura de un autor consagrado y la proyecta como un regalo para las nuevas generaciones. “Al principio pensé que Daniel era un loco –revela Dalfiume-. Después me pareció un marciano. Al final, cuando vi las pruebas del libro me convencí. Esto es una maravilla”.

Un tano de eterna sonrisa, querible, de corazón abierto. Capaz de narrar con la máxima sencillez su trabajo junto a estrellas canónicas del género, como Hugo Pratt, Héctor Oesterheld y Alberto Breccia. Así es Dalfiume. Así se presentó en Tucumán para contar su historia y para presentar en el Virla este volumen que condensa trayectoria, recuerdos, dibujos e inquietudes artísticas, como su pasión por la escultura.

¿Por qué Dalfiume para el número uno? “Hay algo emotivo en el medio -reconoce Ferullo-. Desde que nos conocimos hubo buena química, además puso a mi disposición su archivo, unas 8.000 páginas de las 16.000 que dibujó. Y además, entre tanta calidad de dibujo, hay un personaje mítico, como Jackaroe”. Pero hay algo más en el afán didáctico y divulgador de Ferullo, que no en vano publicó libros sobre Salas y Timoteo Navarro, y ya prepara otro sobre Sirgo. “Los artistas merecen documentos que dejen registrados su trabajo. Tinta sobre papel. Libros en los que se cuida el detalle técnico, bien presentados, con impresión de calidad, que se luzcan. Estoy harto de las malas ediciones, en formatos ilegibles. Son faltas de respeto al dibujante. Por eso decidí hacer algo totalmente diferente”.

Dalfiume nació durante la Segunda Guerra Mundial y se siente marcado por eso. “Un tío era fana de Mussolini, otro estaba en el ejército, mi papá se hizo partisano (¡y tenía el carnet!)”, apunta. En 1947 la familia se radicó en la Argentina y de toda esa ensalada de raíces culturales se nutrió el dibujante en ciernes. “La historieta es aventura y espacios abiertos, ni siquiera lo urbano me atrapa. No me atrae para el género”, sostiene Dalfiume, todo un experto en dos vertientes: la bélica y el western. Era lógico que en el cruce con ese extraordinario guionista llamado Robin Wood naciera Jackaroe.

“Mi papá era loco por Colt Miller –recuerda Dalfiume-. En casa se leía Rayo Rojo, Misterix… Sargento Kirk me enloqueció. Me embalé porque el cowboy tiene una cosa utópica de la acción directa, el justiciero, que hay que tomarlo con pinzas, pero enamora. Una cosa romántica. Billy The Kid era una especie de Juan Moreira”.

Jackaroe es un antihéroe, un apache blanco inescrutable al que Dalfiume le dio vida renegando del abc de la técnica. “El dibujo es contraste, es luz -ilustra-. En el caso de Jackaroe hice hincapié en la mirada. Pratt decía que el héroe debe tener una mirada franca, pero yo no le hice caso. Jackaroe mira como en los western spaguetti, de costado”. Tal cual. Y por lo general, sube al caballo y se marcha. Nunca mejor puesto ese infaltable cartelito: Fin.

El artista y el editor, unidos por un libro de colección

“Gracias a la historieta, con mis hermanos aprendimos a leer y a escribir”, explica Daniel Ferullo. No dice comic, dice historieta, y esa es una definición que se entiende desde las horas de disfrute que le proporcionaron las inolvidables revistas de editorial Columba. Editado bajo su sello Ferullo Burke, orientado a los libros de arte, este volumen sobre la obra de Gianni Dalfiume es el primero de una colección de 20 tomos, cuyo número dos estará dedicado a Carlos Vogt. 

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