La trombofilia podría ser la causa de que pierdas tus embarazos

Se detecta con análisis de sangre específicos. Si sufriste abortos y tenés antecedentes familiares de ACV o flebitis, consultá urgente

08 Ago 2015 Por Claudia Nicolini
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Hace 30 años era normal y lógico que, ante un aborto espontáneo, el obstetra asegurara “la naturaleza es sabia”. A veces es cierto: una “falla” en el momento en que se unen la información genética del óvulo y del espermatozoide hace inviable el embrión; el organismo lo detecta y lo “desecha”. Pero en muchos casos no es eso lo que sucede.

“Tengo dos hijos, uno de 12 y otros de 8 años. En el medio, sufrí un aborto, alrededor de las quinta semana. Luego del segundo sufrí otras tres pérdidas. Según los médicos, todo era producto de la ‘mala suerte’ o de la ‘sabiduría de la naturaleza’”, cuenta Valeria Salim. “El año pasado nuevamente quedé embarazada; todo iba bien, pero a las 16 semanas un control de rutina no encontró los latidos de mi bebé. ¡Hasta esa mañana lo había sentido moverse! Los médicos siguieron atribuyendo la pérdida a la mala suerte, al destino, a la voluntad de Dios... esas respuestas cómodas y mediocres que dan frente a algo que a ellos no les duele”.

Esta, como muchas otras historias (ver “Historias de no bajar los brazos”), muestra que a veces la respuesta sigue siendo “normal”, pero es injustificada: las primeras descripciones de este mal se hicieron a fines de los 70. Y desde la década del 90 protocolos claros establecen lo que hay que sospechar ante pérdidas recurrentes: se llama trombofilia y causa desórdenes en el mecanismo de coagulación de la sangre. “Son desórdenes frecuentes: alrededor del 10% de la población es portador de este rasgo”, aseveró en una entrevista con Infobae Adriana Sarto, especialista en hematología de la reproducción.

¿En qué consiste?

“Es un estado de hipercoagulabilidad de la sangre. Puede ser hereditaria o adquirida”, define el obstetra Álvaro Marangoni, especialista en embarazo de riesgo. Luego, “más en criollo”, explica que es la tendencia a producir coágulos (también llamados trombos, de allí el nombre) anormalmente. Que suele ser asintomática, que pero genera riesgo de trombosis; que ese riesgo aumenta en las embarazadas y puede causar abortos recurrentes (de embarazos de menos de 10 semanas de gestación) y pérdidas fetales.

“El 50 % de estos casos de pérdidas está producido por un tipo autoinmune de la trombofilia, el síndrome antifosfolipídico (SAF)”, añade Marangoni, y enumera otros daños que puede producir: retardo de crecimiento intrauterino, prematurez, eclampsia (convulsiones seguidas por un estado de coma) y hasta la muerte.

Diagnóstico precoz

“Lo importante es lograr un diagnóstico temprano; hoy por hoy no te hacen pruebas antes del embarazo”, cuenta Valeria y confirma Marangoni: los protocolos establecen los análisis se realizan luego de tres abortos (menos de 10 semanas de embarazo). Hay dos razones para ello: los costos y que hay pocos laboratorios especializados. Las “pruebas” son análisis de sangre específicos que incluyen alrededor de 16 determinaciones .

Hay otros datos importantes que pueden ayudar a una alerta temprana: hipertensión arterial, antecedentes familiares de trombosis (ACV, flebitis, etc.), padecer trastorno metabólico o insulinorresistencia, o algunas enfermedades como celiaquía, artritis reumatoidea o lupus, etc. “El historial médico de la paciente y de su familia es muy importante”, resume Marangoni.

Cómo se trata

“Lo ideal es encarar el abordaje multidisciplinariamente”, destaca Marangoni. En primer lugar, se multiplicarán los controles. Por ejemplo, a la ecografía “normal” se sumará un ultrasonido (Doppler) que mide la vascularizacion de arterias uterinas, a de la arteria umbilical y de la arteria cerebral media del bebe.

Por otra parte, se impone la interconsulta con un hematólogo, quien, con los resultados que arrojen aquellas 16 determinaciones, determinará si hace falta administrar a la madre anticoagulantes (aspirina de baja dosis y/o heparina subcutánea), y en qué dosis.

Y, claro, también hay que sostener psicológicamente a esa mamá que -en la mayoría de los casos- ya ha perdido dos o tres hijos. “Por un lado, necesita elaborar el duelo de sus pérdidas hasta lograr aceptarlas -explica Daniela Esper, psicóloga de la Maternidad-. Que no suceda, por ejemplo, que se obsesione en lograr un embarazo para reemplazar el hijo que no fue”. También, aclara, será necesario enfrentar fantasías de todo tipo, entre otras, las referidas a las inyecciones: “ellas deben colocarse en la panza todos los días la heparina, lo cual despierta muchos temores”, advirtió.

Lo bueno de todo esto, es que, sabiendo lo que pasa, muchos embarazos que antes se malograban ahora llegan felizmente a término. “El tratamiento adecuado se asocia con muy buen pronóstico gestacional con un 85% a 90% de éxito con ‘bebé en casa’, aseguró Sarto en la entrevista.

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