La primera novela lunfarda regresa a las librerías

15 Jul 2015

Las peripecias de un delincuente, víctima desde niño de la marginación social y convertido en paladín justiciero, constituyen la trama de “La muerte del Pibe Oscar”. El argot cruzado de argentinismos de la prosa hacen de la obra de Luis Villamayor (1876-1961) la primera novela lunfarda argentina. La tirada quedó destruida casi en su totalidad por culpa de un incendio en la imprenta. Se salvaron unos pocos ejemplares, publicados en 1926.

El libro vuelve a circular gracias a Unipe Editorial Universitaria e incluye un estudio introductorio y glosario a cargo de Oscar Conde.

Condenado a los 9 años a unos meses de encierro por robar dos quesos, el Pibe Oscar quedó en libertad recién a los 18. ¿El motivo? Mala conducta. “Salió convertido en un perfecto delincuente”, afirma Conde, autor de varios libros sobre el habla popular de los argentinos, entre ellos el ensayo “Lunfardo”.

“Si bien el título es ‘La muerte del Pibe Oscar’, la novela cuenta más bien su vida. Villamayor arranca desde la infancia con la intención de mostrar que la desatención de los padres a sus hijos, las malas compañías de la calle y el trabajo de canillita lo arrastran al correccional de menores”, explica Conde.

Es llamativo que Villamayor haya sido oficial del cuerpo de Guardiacárceles. Por eso, las escenas que describe son completamente verosímiles. “Mi impresión es que el Pibe fue una persona de carne y hueso -sostiene Conde-. Aunque puede haber sido una suerte de Frankenstein integrado con la biografía de distintos presos con los que Villamayor pudo haber conversado”.

“La muerte del Pibe Oscar” ofrece un corpus lunfardístico riquísimo, con expresiones muy propias del inicio del siglo XX en Buenos Aires, apunta el especialista. Incluye tecnolectos del mundo del delito: ”meter pique” (usar una ganzúa), “cartón junado” (ladrón conocido), “lancero de bondi” (ladrón del transporte público), “viudita” (billetera). También términos del ámbito carcelario: “toquero” (funcionario que se deja sobornar), “runcha” (ración de carne cruda), “perrera” (carro para transportar presos), “mino” (homosexual pasivo).

Conde subraya que entre fines del siglo XIX e inicios del XX había gran interés por los sucesos policiales. Lo testifican las notas de las revistas y la existencia de las “hojas sueltas”en las que se literaturizaban las noticias más cruentas. Eran vendidas con los diarios, fundamentalmente periódicos populares como “Última Hora” y “Crítica”, en sus respectivas secciones policiales.

“La muerte del Pibe Oscar” resalta las condiciones donde la criminalidad aflora con mayor facilidad: la desatención de la educación por parte de los padres y la explotación a la que muchos niños eran sometidos. Por ejemplo, sin asistir a la escuela.

Villamayor no compartía la visión de los criminólogos de la época (incluidos médicos argentinos como José Ingenieros y Francisco De Veyga), quienes trataban a la población carcelaria como enfermos psiquiátricos, degenerados u homosexuales. “Él opone su experiencia personal en el trato cotidiano con presos -explica Conde-. Defiende el buen trato, condiciones de encierro dignas. Y denuncia que los reformatorios y los penales son escuelas para los delincuentes”.

Si bien el narrador señala que el Pibe Oscar es ladrón, explotador de mujeres y asesino, resalta su buen corazón y su valentía. Conde incluiría al Pibe dentro de una categoría que inventó el escritor Jorge Fernández Díaz: es un héroe infame.

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