La mujer ocupa todo el espacio teatral

“Ser directora es asumir una actitud de transgresión”, sostiene la investigadora Silvia Villegas, quien entrevistará a artistas tucumanas

22 Abr 2015
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EN ACTO. Silvia Villegas despliega en Córdoba el centro de su actividad. facebook.com / silvia villegas

Las mujeres tomaron por asalto el centro de la escena teatral en todo el país. De un pasado remoto donde estaban confinadas al espacio de la actuación, hoy se multiplican en todos los ámbitos de la actividad. “No hay ningún espacio de la profesión donde no haya mujeres, desde el más destacado y visible que establecen las actrices, hasta los del ámbito lumínico, escenográfico, la dirección, las asistencias diversas, la dramaturgia, la investigación, la gestión política institucional y la coordinación y gerenciamiento de las salas”, afirma Silvia Villegas.

La teatrista e investigadora cordobesa será la responsable de las preguntas a una docena de referentes tucumanas (ver “Citas...”) en encuentros diarios que se realizarán desde las 19.30 en el Museo de la UNT (San Martín 1.545), dentro de la muestra multidisciplinaria Femenino/Plural. Los “Conversatorios con mujeres que hacen teatro” serán registrados e integrarán el patrimonio del Archivo Teatral del MUNT.

- ¿Aumentó la cantidad de directoras mujeres?

- Sí se registra un notable protagonismo de las directoras. La dirección teatral, como todo sitio de autoridad en cualquier ámbito de nuestra sociedad, ha sido definida y naturalizada como masculina. Ser directora de teatro es asumir una actitud de desafío, de transgresión, de reto al canon. Hay que hacer doble fuerza: la propia del oficio más la del género. Implica una tarea colosal de gran fuerza espiritual, intelectual, física, creativa, así que hacerlo siendo mujer tiene ribetes harto dificultosos para generar credibilidad.

- ¿Hay una diferente teatralidad en una puesta dirigida por un hombre o por una mujer?

- En nuestra sociedad se advierte y vive cada vez con mayor énfasis un arco rico y múltiple de diversidad de género. No necesariamente hay una diferencia que se pueda advertir en términos de teatralidad , todo depende del nivel de conciencia y politización alcanzados tanto por los creadores varones como por las creadoras mujeres. La teatralidad entraña el núcleo estético y es ahí donde vemos la orientación del discurso, las estrategias del lenguaje, la intencionalidad política en la gramática que despliegan los cuerpos en escena. Lamentablemente, hay mucho teatro contemporáneo sumergido en los estereotipos más tradicionales del género.

- ¿Existe una problematización sobre los límites del concepto de género desde la escena?

- El género no es una sola cosa: con la misma palabra se nombran muchas. Es una perspectiva disciplinar del orden académico; es un tipo de gesto político emancipatorio; es una modalidad de militancia política ligado a la tradición feminista; explica el sistema de relaciones sexuadas; es un ítem ineludible de las agendas políticas de los gobiernos locales, provinciales y nacionales y de los organismos internacionales; es una revolución semántica que da nombre nuevo a las nuevas realidades de la interacción social; es una herramienta de lucha; es una estrategia que da luz y vida y nombre, visibiliza lo ocultado, mancillado. El género permite mirar y mirarnos, no avizoro límites, y le veo mucho futuro también en la escena. El género les mueve el piso hasta los que creen que están más firmemente parados.

- Las invitadas son, en general, teatristas con largo recorrido. ¿Qué está pasando en las nuevas generaciones?

- Es una reunión para hablar de teatro con mujeres, por mujeres, desde la perspectiva de ser mujeres. Las mujeres que tienen largo recorrido en hacer teatro tienen en su haber una experiencia acumulada que nos permite analizar épocas, momentos, procesos. Ser joven, por otro lado, no es estar desprovista de memoria porque no ha vivido mucho aún; tener memoria es una actitud de rescate, es un gesto estético y ético, una manera de reflexionar y eso no tiene que ver necesariamente con ser añoso. Yo soy profesora de historia de la Cultura en primer año de la Licenciatura en Teatro de la Universidad Nacional de Córdoba, y este año tenemos 300 alumnos en el aula, con el 80% de mujeres. Son más de 200 adolescentes y jóvenes que se imaginan en el teatro, como intelectuales del arte, como hacedoras de la cultura. ¡Qué maravilla, qué grandeza, qué valientes!

- ¿Qué importancia tiene el espacio institucional de las universidades en la formación?

- Es fundamental, es clave, como lo es para todas las variables del conocimiento, de la educación y de la socialización de los jóvenes. Hay una relación directa entre las modalidades de formación teatral que hoy existen en nuestro país, fundamentalmente la universitaria que ha permitido la profesionalización de las mujeres. Las licenciadas en teatro no le hacen asco a ningún papel. Tratándose del teatro, sus ventajas se disparan a todos esos ámbitos. Las universidades de Tucumán y de Córdoba son pioneras en ese sentido. El teatro es un arte arcaico e hipermoderno a la vez, se trata de una experiencia artística cuyas bases son el encuentro de personas con personas, la reunión alrededor del fuego, da calor, ilumina, nutre, se experimentan la risa, la reflexión, la política, el llanto, lo sublime, el amor, el juego, la muerte, la fantasía, la imaginación, y todo eso lo vivís bajo el manto protector de la ficción y al amparo de la sala a oscuras. Me da escalofríos, pena y desaliento que miles de personas se dejen anestesiar con telenovelas de derecha, machistas y retrógradas como “Las mil y una noches”.

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