“Jubilarse significa rediseñar una etapa de nuestra existencia” - LA GACETA Tucumán

“Jubilarse significa rediseñar una etapa de nuestra existencia”

El especialista en programas prejubilatorios y doctor en psicología dice que hay que prepararse para “afrontar el nuevo contexto del cual poco sabemos”

20 Abr 2015 Por Alberto Horacio Elsinger
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PSICOLOGO DEL ENVEJECIMIENTO. Iacub invita a pensar la jubilación como una oportunidad para redefinirse. LA GACETA / Fotos de Diego Aráoz

“Jubilarse es pasar a otra etapa de la vida en la cual uno puede dedicarse a hacer lo que uno quiera; con la libertad y la dificultad que esto implica”, le dijo a LA GACETA Ricardo Iacub, a su paso por Tucumán, donde vino invitado por la Facultad de Psicología de la UNT. “Al jubilarnos pasamos a militar en un mundo en el cual nuestras definiciones -acerca de lo que somos, de lo que nos gusta, de lo que sabemos hacer y de cómo nos situamos y posicionamos ante la vida- parecerían que en algún punto se acaban. Al menos las ligadas al mundo laboral. Sin embargo, de pronto nos encontramos frente a un nuevo contexto del cual no sabemos muy bien de qué se trata”.

- ¿Qué significa jubilarse?

- La jubilación es un reclamo social que se manifestó en el siglo XIX, a raíz del abuso económico detectado en la revolución industrial. Los socialistas comenzaron a reivindicar un tiempo para vivir sin trabajar. Como los aristócratas. El reclamo es justo. Pero, en la práctica observamos que la gente no está preparada para ejercerlo. Toda la vida se ligaron más a la obligación que al placer. El derecho a la pereza o el arte del ocio, que pregonaba Paul Lafargue -yerno de Carlos Marx- no era tan simple. La mayoría desarrolla sus ocupaciones durante ocho o nueve horas diarias, con pocas semanas de vacaciones y a lo largo de 30 o 40 años, sin interrupción. La jubilación requiere tiempo, aprendizaje y acompañamiento para transitarla de la mejor manera posible. La filósofa francesa Simone de Beauvoir criticaba a nuestra sociedad por regalar a sus integrantes un tiempo de ocio sin antes prepararlos para eso. Así el jubilado es definido como un rol sin rol. A la vez que le abre un espacio para la creatividad, lo desorienta.

-¿ Retirarse de la actividad laboral plantea una crisis?

- Las crisis no son malas en psicología. Por lo general ayudan a los cambios. Pero en este ámbito, el de la jubilación, propone a quien estaba atareado a que pase, de pronto, a no hacer nada, a perder el reconocimiento externo de alguien que lo estaba validando y le decía: de esta forma ganarás más plata; en tal o cual función serás importante. Y este es uno de los conflictos de la jubilación. Por un lado la pondero, por las posibilidades que le brindan a una persona de hacer por primera vez lo que se le dé la gana. Pero no las preparan ni les enseñan, que al retirarse de la vida laboral pasarán a un ámbito donde ya no habrá reclamo externo. Se encontrarán con su propia intimidad y decidirán qué quieren hacer con cada minuto de su vida.

-¿La jubilación es una nueva forma de redistribuir el tiempo?

- En principio sí. Pero más que una redistribución del tiempo es una redistribución del deseo inédito en la historia de un sujeto. Todo individuo al jubilarse ingresa en una fase inédita de su existencia: la de vivir sin tener ninguna obligación. Y lo debe asumir en un momento en que está tan identificado con ciertos roles laborales o de estudios, que el nuevo rol lo coloca en crisis, que no significa trauma sino cambio de posicionamiento.

- ¿Qué se extraña más al adaptarse a la nueva realidad?

- El trabajo es un gran organizador del tiempo. Nos impone rutinas, despertadores, a veces muy molestos, de los cuales nos quejamos. Aunque por otro lado nos indica cuando vamos a despertarnos y a qué hora concluiremos la jornada diaria. Así nuestras vidas se organizan de tal o cuál manera. La pérdida de esa organización es uno de los primeros achaques que padece el jubilado, después de concluir lo que sería la luna de miel –como dicen los americanos- o las vacaciones. Es decir, cuando sienten que se liberaron de trabajar y empiezan a plantearse vivir en serio e involucrarse en otras actividades, aunque no saben si son las que quiere.

-¿La jubilación hoy se vive diferente a cómo era antes?

-Ese gran conjunto que es la jubilación hoy implica al rediseño de una etapa de nuestra existencia. Fase que hoy es más larga que nunca y cuenta con condiciones de salud y de calidad de vida mejores que una generación anterior. En ese sentido siempre comento a la gente próxima a jubilarse que una de las comparaciones más odiosas es la que hago con nuestros propios padres. Ellos no vivieron como hoy lo hacemos o vamos a vivir nosotros. Seguramente, nosotros vamos a superar el tope de años de expectativa de vida. Más allá de las excepciones, estadísticamente, por condiciones objetivas de salud general llegaremos mejor que nuestros padres y por condiciones objetivas de nuestro mundo social dispondremos de muchos más ámbitos que ellos, para poder desarrollarnos. Hasta los años ´70, en Argentina no había un solo centro de jubilados y hasta los ´80, no existía un programa universitario para mayores. Este mundo de adultos mayores no la vivieron mis abuelos. Cuando ellos se jubilaron era casi retirarse de la vida. No vivían para ellos sino para sus nietos.

-Jubilarse es justo, pero al ejercer ese derecho, pareciera que nos provoca más culpas que gozo...

- Dicen que la diferencia entre modernidad y posmodernidad radica en que antes la culpa afloraba por no hacer lo que el rol te pedía. Ahora la culpa se instala por no ejecutar lo que uno le hubiese gustado hacer. Por eso la jubilación también es una redefinición del sí mismo. Un jubilado me dijo que “cuando yo hablaba como profesor, todos me escuchaban porque era profesor. ¿Ahora, que soy un jubilado, cuando hable me escucharán de la misma manera?” Le respondí que uno escucha de la misma manera, tanto al que fue el “ex “como al que sigue siendo; o al que tiene protagonismo.

-¿Relacionarse de otra manera es pérdida para el jubilado?

- Al retirarse la persona comienza a relacionarse de manera distinta con él mismo y con los otros. No significa necesariamente una pérdida. Aún más, puede ser una conquista de nuevas representaciones, de poder salir de ese mundo a veces medio alienado que significa el trabajo, donde se compraron una idea de ellos mismos que a veces los aisló, los hizo trabajar como locos y muchos, hasta que no sufren un infarto, no salen de esa vorágine. Algunos entran en crisis al jubilarse y se preguntan ¿esto era mi vida? Y cuentan: “por primera vez pude encontrar el placer de ser abuelo. Nunca pude ir a los actos de mis hijos porque siempre estaba laburando. En cambio ahora puedo ir a los de mis nietos y los disfruto”. Otros dicen que pueden jugar y engancharse más en el mundo de los afectos. Incluso, un poco medio en broma y otro, en serio consultan porque “ahora estoy más llorón y me dicen que esto está mal”. Les respondo que no, porque ahora se conectan más con los afectos. La gente de las generaciones intermedias está tan metida con lo que tiene que hacer que se desconecta afectivamente de ellos mismos. No se les cae un lagrimón porque el trabajo los estructura. Y cada trabajo o ámbito te estructura de un modo distinto.

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