Recorré Horco Molle, pero a través de sus sonidos

Recorré Horco Molle, pero a través de sus sonidos

En la Reserva ubicada al pie del cerro San Javier conviven 300 animales de 35 especies. La música de la naturaleza

YAGUARUNDÍ. Este felino además de maullar también puede silbar.  YAGUARUNDÍ. Este felino además de maullar también puede silbar.
16 Julio 2014

¿Sabías que las urracas pueden imitar sonidos como los loros? ¿Que los pecaríes (jabalí) hacen castañear sus dientes cuando se sienten amenazados? ¿Qué hay más de 180 especies de aves que visitan a diario la zona del pedemonte? Imaginate la cantidad de sonidos que te estás perdiendo.

Escuchar la música de la naturaleza es solo una buena excusa para llevar a los chicos a que recorran la reserva de Horco Molle estas vacaciones. Los mejores horarios son por la mañana temprano hasta las 11 y después de las tres de la tarde. Se puede ver a los animales comiendo o caminando por el predio, escuchar sus sonidos y disfrutar de una tibia tarde otoñal.

Quetupíes, urracas, tordos, teros y loros silvestres son los ejemplares más comunes que se pueden ver revolotear de rama en rama si se tiene un poco de paciencia, explica Juan Pablo Juliá director de la Reserva que depende de la UNT. “Llegan atraídos por el entorno y los usan como transición entre el este y la parte más alta de la montaña”, explica. La reserva constituye un reducto agreste en el que las aves buscan refugio. Poco a poco la civilización ha ido minando su hábitat, deforestando el monte debido al afiebrado crecimiento inmobiliario que tiene Yerba Buena desde hace varios años.

Bulliciosos
El Carayá o mono aullador se hace el show cuando ve que un grupo de curiosos se para frente a su jaula. El macho comienza a aullar y, aunque hace pocas monerías, lo mismo resulta una atracción. Vive en pareja, pero las hembras son silenciosas.

Las urracas están consideradas una de las especies más inteligentes. Pertenecen a la familia de los cuervos y pueden imitar sonidos, pero además se adaptan a diferentes ambientes, son buenas cazadoras y pueden resolver problemas simples, como buscar alimento. En la reserva se las ve en las copas de los árboles y se las escucha porque son muy bulliciosas y les gusta andar en grupo.

El tapir es uno de los animales mimados de la reserva. Puede silbar; de hecho, un silbido es la manera en la que los que trabajan en la reserva los llaman. Así se localizan entre ellos estos animales.

Si cerrás los ojos unos minutos también vas a escuchar el sonido de las lechuzas, los grillos, el chiricote (su nombre deriva de la onomatopeya “chirico, chirico..” que es el sonido que emite), zorzales colorados y chalchaleros.

Los felinos también ofrecen su repertorio, claro que mucho más acotado. Los yaguarundíes además de maullar o ronronear como cualquier gato pueden silbar. Esta habilidad les ayuda en la vida silvestre. Mientras los senderos te llevan hacia el corazón de la reserva te podés sorprender con el sonido de una puma. “Seguro que anda un macho cerca”, explica Juan Pablo. Cerca para ella, ya que puede olerlo a varios kilómetros.

Hay más de 300 animales en la reserva de 35 especies distintas. Además de cumplir un fin didáctico, la reserva persigue un propósito científico que es estudiar las especies y, en el caso de las amenazadas, procurar su reproducción. También se reciben aves heridas y allí se las cura hasta que pueden devolverlas a la naturaleza.

Los niños salen fascinados del recorrido. “Lo que más les llama la atención son las tortugas, es gracioso porque es un animal que no hace nada”, ríe Juan Pablo.

LIBERTAD
Dos águilas que volverán a volar

La próxima semana dos águilas mora, de uno y cinco años, recuperarán la libertad. Fueron llevadas a la reserva con heridas por el impacto de perdigones y estuvieron varios meses en recuperación. En unos días regresarán al aire en la sierra de Medinas. “Se las está entrenando en vuelos de altura y longitudinales”, explicó Juan Pablo Juliá. Por año reciben en la reserva unas 60 aves de todo tipo que llegan con heridas de bala, o que las chocaron o lastimaron. Lechuzas, flamencos, águilas, halcones, de todo. Allí se los cura, alimenta y cuida hasta el momento que estén listos para regresar a su hábitat natural. Por supuesto, que hay casos que son irrecuperables y que deben quedarse en la reserva. Quienes trabajan allí explican que muchas veces se los hiere porque en el campo se cree que se comen las gallinas. “A veces es verdad, pero el mayor depredador de las gallinas es el perro”, aclararon.

UNA JOYA
La tacuara que llegó desde Jujuy

En la reserva se encuentra la única tacuara en exposición de la Argentina. Su historia es bastante triste porque fue rescatada de una escuela en Jujuy donde la encontraron muy maltratada. El animal viajó hasta Horco Molle para recuperarse porque en esa provincia no hay un sitio con las características de la reserva. “Cuando ellos tengan un lugar donde tenerla será devuelta. Por el momento está aquí”, dijo Juan Pablo Juliá.

PARA PASAR TODO EL DÍA
Además del recorrido en la reserva se puede armar el pic nic y también hay un bar 

El programa familiar puede ser completo si se organiza con tiempo. En la Reserva hay mesas y bancos de cemento que sirven ara armar la picada o tomar mate. También funciona un bar para comprar provisiones. Y si te gustó alguno de los árboles autóctonos del bosque tucumano podés comprar un ejemplar ya que cuenta con un vivero de producción de especies arbóreas, tanto nativas como exóticas.

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DATOS Y NOVEDADES

- Para conocer las aves.- En un par de semanas se presentará una guía ilustrada de aves. Es un trabajo realizado por Diego Ortiz y Rodrigo Aráoz que da cuenta de 100 especies que viven en el pedemonte.

- Otra propuesta.- Calculan que en dos meses estará concluido el nuevo sendero para visitar la reserva. La idea es entrar en contacto más directo con la flora y la fauna del lugar por eso está previsto que haya ciertos animales que ya no estén en sus jaulas.

- Aprender en la naturaleza.- Talleres para grandes y chicos: la reserva ofrece un día de taller en el que se les enseña viverismo, hay una salida para observar la vegetación autóctona y se enseña cómo capturan y anillan aves (se las identifica con fines de estudio) que luego son liberadas. El taller cuesta $35 por persona y dura un día.

- ¿Cuándo puedo ir?.- Los horarios de visita son de 9 a 18 todos los días. El precio de es de $15 (para menores de 5 a 12 años) y $20 para mayores. Los mejores horarios son antes de las 11 de la mañana y después de las 15.

- Otra opción.- La Reserva Fitozoológica del Instituto Carlos Pellegrini funciona en San Pedro de Colalao y posee 400 hectáreas con 150 especies autóctonas y exóticas. Está abierto todos los días.


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