Según alumnos del EPAM, la sede de Muñecas 436 tampoco es apta

Según alumnos del EPAM, la sede de Muñecas 436 tampoco es apta

Advierten que no entra ni luz ni aire natural.

Según alumnos del EPAM, la sede de Muñecas 436 tampoco es apta
08 Enero 2014
Los alumnos del programa Educación Permanente para Adultos Mayores (EPAM) asimilaron el triunfo que implicó haber obligado al Rectorado a fijar fecha de apertura para la sede céntrica, pero ya se encuentran recuperando energías para encarar una nueva batalla.

Desde que las autoridades de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) mudaron el EPAM de la casona de Virgen de la Merced (ex Rivadavia) 417 a la ex usina termoeléctrica de avenida Sarmiento al 1.100 -cambio obligado, debido a un juicio de desalojo por severas moras en el pago del alquiler-, un grupo de abuelos se plantó en pie de guerra. Cuestionaron, entre otros, la accesibilidad y las condiciones de salubridad del viejo edificio: se ingresa por un portón ubicado sobre la avenida, en un lugar donde no funcionan semáforos y, según denunciaron los abuelos, se vieron palomas y roedores grandes.

En paralelo a sus reclamos, LA GACETA dio a conocer que en 2009, el rector, Juan Alberto Cerisola, había autorizado la compra del inmueble de Muñecas 436, para que, en forma exclusiva, allí se dicten los cursos y talleres del EPAM. No obstante, el espacio fue cedido a la Facultad de Derecho, para que instale allí algunas áreas.

Los alumnos comenzaron a presionar para que se dé al edificio el destino para el cual fue adquirido. Finalmente, el coordinador del gabinete rectoral, José Hugo Saab, confirmó que en marzo comenzaría a funcionar en ese inmueble una sede alternativa del programa.

Festejos mesurados

Los abuelos no se durmieron, sin embargo, en esos laureles. Si bien celebran que el rector se haya visto obligado a acceder a sus reclamos, advierten que el inmueble de Muñecas 436 tampoco es el ideal. “Si lo comparamos con la ex usina, el inmueble de la Muñecas es el Palacio de Versalles. Pero tampoco es adecuado. Ese espacio era la cochera del edificio; no reunía las condiciones para albergar a adultos mayores”, advirtió Marta Dip, una de las referentes de los alumnos del EPAM.

“Los propios empleados de la Facultad de Derecho que trabajan allí nos contaron que dentro no llega ni el aire ni la luz naturales; los acondicionadores de aire se vuelven imprescindibles. Pero, además, se deben hacer reformas antes de que entremos nosotros; las escaleras, por ejemplo, son peligrosísimas”, agregó. Aclaró que no están dispuestos, sin embargo, a ceder “ni un paso” ese local; pero se mostraron abiertos a la posibilidad de dialogar con el rector. “Estaremos ahí; a menos que hagamos una negociación; quizá se pueda cambiar por algún otro inmueble mejor. Entre los muchos inmuebles que tiene la UNT, habría un terreno en Chacabuco al 500; ahí podían haber hecho algo para nosotros”, dijo.

Admitió que se muestran envalentonados por el espaldarazo que les dio el presidente de la Corte, Antonio Gandur. Este había enviado una nota a la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, en la que denunciaba que el Rectorado desprotegía la ancianidad e incurría en regresión en derechos humanos. “Los informes técnicos que motivó esa nota nos dieron la razón a nosotros”, aseveró Dip.

La nueva batalla se dará, sin embargo, dentro de un par de meses. Por ahora, los abuelos del EPAM están recuperando fuerzas. “Vamos a esperar hasta marzo, para ver qué es lo que pasa. Ahora nos hemos tomado un descansito, porque hemos terminado agobiados. Estamos en una edad en la que ya no podemos andar discutiendo tanto, haciéndonos tanta mala sangre”, anticipó Dip.

Pero trascartón aclaró que el agobio no implica debilidad: “a pesar del cansancio estamos con mucha fuerza; y sabemos que dimos un ejemplo de lucha. Somos personas grandes; quizá por eso nos han ninguneado. Pensaban que nos íbamos a quedar de brazos de cruzados... y se han llevado un gran chasco”.

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