RUGBY CHAMPIONSHIP / FECHA 5

La Plata no hace la felicidad

Luego de un soberbio primer tiempo, Los Pumas no pudieron con la furia de los All Blacks.
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Federico Espósito
LA GACETA
AGARRAN DE TODOS LADOS. Marcelo Bosch no puede zafar de los cuatro brazos que lo rodean hasta que logran voltearlo.

Una cosa es lo que se dice y otra lo que se piensa. Aunque la humildad y el protocolo sugieran no hacerse muchas ilusiones frente al mejor equipo del mundo, lo cierto es que por dentro las había. Y por eso, la derrota por 33 a 15 realmente dolió. Por exagerada y porque los rendimientos anteriores habían dado verdaderos motivos para soñar.

Se sabe: en manos de los All Blacks, el Barcelona del rugby, el óvalo es un granada sin seguro. La única forma de contrarrestar su endemoniado manejo es, impedirlo. Sí, del dicho al hecho es largo el trecho, pero durante los primeros 10 minutos, el equipo argentino fue único propietario de la guinda.

La entrada de Los Pumas al partido fue, simplemente, soberbia. El impecable trabajo del pack (amo y señor del scrum) y el buen criterio de los tres cuartos para darle destino al balón frustraron las intenciones de los extranjeros, cuyo manejo volvió a llenarse de errores por culpa de la lluvia.

Pero con Nueva Zelanda es así: te equivocás en algo, y pasás por caja a pagar de contado. Un descuido terminó en las manos del imparable Julian Savea, un entendido en esto de apoyar en el ingoal argentino. El primer tiempo favoreció a los de negro apenas 11-9, gracias a la buena ejecución del plan de juego y a la efectividad de Nicolás Sánchez a los palos. La cuestión era si podrían Los Pumas sostener ese ritmo. No pudieron.

Después del penal de Bosch, todo se volvió negro. La manada expectante saltó directamente a la carótida de un local que empezaba a mostrar errores groseros en ataque y a fallar en el tackle. Las grietas en la defensa albiceleste fueron usufructuadas por la dinámica letal y un manejo con sello all black, que cruzó por cuarta vez más la última línea a segundos del final y logró el bonus que obliga a Sudáfrica a jugar con la perfección que Los Pumas rozaron en esa primer mitad.

Por lo pronto, se acabaron los tiempos de "contra Nueva Zelanda nos comemos 80".

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