La fabricación de cerveza de algarroba

28 Ago 2013
A veces hay cosas que nacen en una travesura estudiantil en el laboratorio y se convierten con el transcurso del tiempo en una insospechada y grata bola de nieve que desemboca en hechos concretos que se han convertido en una mezcla de satisfacción y orgullo, en un soplo de esperanza. Ello sucede con la cerveza de algarroba, cuya primera fábrica acaba de inaugurarse en Amaicha del Valle.

La iniciativa surgió de un grupo de alumnos del Instituto Técnico Superior, dirigido por un ingeniero químico y docente. Se partió de la idea que el fruto del algarrobo, que antiguamente se lo empleaba en la zona como alimento por sus propiedades nutritivas, podía servir para hacer cerveza.

En 2011 presentaron el trabajo en la Feria Provincial de Ciencia y Tecnología y obtuvieron el primer premio. El galardón les dio fuerza para seguir adelante. "Desde entonces los muchachos, siete en total, no descansaron en el afán de hacer realidad la fábrica. Lanzaron rifas, organizaron bailes y espectáculos musicales, para reunir el dinero con el que compraron las maquinas. Hubo gente que también colaboró en forma anónima", contó el docente santafesino, radicado hace ya varios años en Amaicha.

La flamante fábrica funciona en una parte de la ex hostería que pertenece a la Comunidad Indígena. Los estudiantes elevaron un proyecto al Instituto de Desarrollo Productivo de Tucumán para solicitar $100.000 que invertirán en un nuevo ambiente y en comprar equipos de mayor capacidad de producción. "En verdad parece increíble que hayamos llegado a esta instancia de habilitar la fábrica que, aunque sea chica, nos llena de satisfacción y expectativas. Es una forma de ir buscando alternativas laborales, ya que en esta zona son escasas. Sin trabajo, los jóvenes se ven obligados a abandonar este pueblo. Es lamentable, porque sí hay recursos para salir adelante", afirmó uno de los estudiantes, mientras que otra integrante del emprendimiento señaló que confían en que la bebida será aceptada por el público. "Los que la probaron se sorprendieron por el parecido que tiene con la cerveza hecha con malta y lúpulo", dijo.

Con mucha frecuencia, los adultos suelen generalizar y descalificar a los jóvenes por su superficialidad, por su falta de esfuerzo para llegar a un objetivo o por su desinterés en cuestiones sociales. Sin embargo, las ferias de ciencias anuales ponen de relieve el entusiasmo de los chicos por investigar, por aprender, por su perseverancia. Se necesitan, por cierto, docentes con verdadera vocación, que estimulen en forma constante a los niños y jóvenes. El gusto por cualquier materia dependerá siempre de que el profesor sepa hacerla lo suficientemente atractiva para generar la curiosidad y el deseo de investigar. Y si se relacionaran sus contenidos con la vida cotidiana, el aprendizaje será mucho mayor aún. Como dijimos en una ocasión, se trata de diseñar estrategias creativas de enseñanza para desmitificar aquellos conocimientos que parecen inaccesibles por sus dificultades.

Esta concreción de los jóvenes amaicheños significa una victoria de la educación y como bien señala la nota que publicamos en nuestra edición de ayer, más allá de los resultados económicos que este emprendimiento pueda brindarles, la cerveza de algarroba ayudó a crear un espacio de unión de los jóvenes en el trabajo y generó la aspiración de hacer próspero a su pueblo.

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