23 Mayo 2013 Seguir en 
Propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable. Es el optimismo. Producir decaimiento del ánimo, significa deprimirse. Transmisión de hábitos, actitudes, simpatías, a consecuencia de influencias de uno u otro orden, es el contagio. Luego de una investigación, dos psicólogos de la Universidad de Notre Dame, de Estados Unidos, llegaron a la conclusión de que tanto la depresión como el optimismo pueden llegar a contagiarse.
El trabajo fue publicado en la revista Clinical Psychological Science y se efectuó entre estudiantes universitarios que compartían la habitación. Los investigadores evaluaron el nivel de vulnerabilidad cognitiva y los síntomas de depresión de los jóvenes al mes, a los tres meses y a los seis meses de convivencia. Comprobaron así el "efecto contagio", que llamaron vulnerabilidad cognitiva, es decir la actitud de las personas que responden negativamente a las situaciones adversas o de estrés y que tienden a interpretar cada suceso como el resultado de factores que no pueden cambiar o como un reflejo de su propia deficiencia. Y proponen como tratamiento usar el entorno social de una persona.
Una logoterapeuta señaló que hay personas que no se contagian, sino que toman el estado de ánimo del otro. Aseveró que si alguien "se contagia" de depresión es porque no tiene un propósito de vida firme. "En general, las personas se preguntan el para qué de su vida, y en el intento por descubrirlo van poniendo propósitos. Entonces, no se deprimen, porque están ocupadas por su propia existencia", dijo. Un colega definió la depresión como un accidente en la vida. "Es imposible sentirse bien si uno vive 'dentro' de la queja y definiendo problemas sin solución, en los que casi nada depende de uno, y casi todo el padecimiento es 'por culpa de'".
Tal vez no sea necesario recurrir a un estudio científico para darse cuenta, por ejemplo, de que las personas de carácter afable, de buen humor, irradian bienestar y su ausencia no pasa inadvertida para los demás. Es decir que contagian su buena onda. También es cierto que cuando una persona no está pendiente de sí misma y se involucra en actividades comunitarias y entrega su energía positiva en ayudar al prójimo, tiene menos posibilidad de deprimirse porque se topará con otros, cuyos problemas son más serios que los de ella.
Los argentinos hemos desarrollado una suerte de cultura de la queja, donde subyace una sensación de frustración constante. Nada positivo surgirá probablemente de una reunión de personas que se dedican a culpabilizar a los demás de su realidad, pero que poco o nada hacen para transformarla.
Si en el ámbito de la educación se promoviera como actividad extra programática la formación de grupos de estudiantes que, por ejemplo, una vez a la semana realizaran acciones solidarias que les permitiera tomar contacto con realidades desfavorecidas, habría tal vez menos chicos deambulando como nómades por la calle 25 de Mayo, menos consumo de alcohol o de drogas, en el que seguramente la incomunicación, la soledad y la depresión tienen mucho que ver.
La buena onda se contagia y estimula a hacer cosas. Han Yu decía: "Quien se siente en el fondo de un pozo para contemplar el cielo lo hallará pequeño", mientras que Winston Churchill afirmaba: "Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad, un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad". Está en uno elegir.
El trabajo fue publicado en la revista Clinical Psychological Science y se efectuó entre estudiantes universitarios que compartían la habitación. Los investigadores evaluaron el nivel de vulnerabilidad cognitiva y los síntomas de depresión de los jóvenes al mes, a los tres meses y a los seis meses de convivencia. Comprobaron así el "efecto contagio", que llamaron vulnerabilidad cognitiva, es decir la actitud de las personas que responden negativamente a las situaciones adversas o de estrés y que tienden a interpretar cada suceso como el resultado de factores que no pueden cambiar o como un reflejo de su propia deficiencia. Y proponen como tratamiento usar el entorno social de una persona.
Una logoterapeuta señaló que hay personas que no se contagian, sino que toman el estado de ánimo del otro. Aseveró que si alguien "se contagia" de depresión es porque no tiene un propósito de vida firme. "En general, las personas se preguntan el para qué de su vida, y en el intento por descubrirlo van poniendo propósitos. Entonces, no se deprimen, porque están ocupadas por su propia existencia", dijo. Un colega definió la depresión como un accidente en la vida. "Es imposible sentirse bien si uno vive 'dentro' de la queja y definiendo problemas sin solución, en los que casi nada depende de uno, y casi todo el padecimiento es 'por culpa de'".
Tal vez no sea necesario recurrir a un estudio científico para darse cuenta, por ejemplo, de que las personas de carácter afable, de buen humor, irradian bienestar y su ausencia no pasa inadvertida para los demás. Es decir que contagian su buena onda. También es cierto que cuando una persona no está pendiente de sí misma y se involucra en actividades comunitarias y entrega su energía positiva en ayudar al prójimo, tiene menos posibilidad de deprimirse porque se topará con otros, cuyos problemas son más serios que los de ella.
Los argentinos hemos desarrollado una suerte de cultura de la queja, donde subyace una sensación de frustración constante. Nada positivo surgirá probablemente de una reunión de personas que se dedican a culpabilizar a los demás de su realidad, pero que poco o nada hacen para transformarla.
Si en el ámbito de la educación se promoviera como actividad extra programática la formación de grupos de estudiantes que, por ejemplo, una vez a la semana realizaran acciones solidarias que les permitiera tomar contacto con realidades desfavorecidas, habría tal vez menos chicos deambulando como nómades por la calle 25 de Mayo, menos consumo de alcohol o de drogas, en el que seguramente la incomunicación, la soledad y la depresión tienen mucho que ver.
La buena onda se contagia y estimula a hacer cosas. Han Yu decía: "Quien se siente en el fondo de un pozo para contemplar el cielo lo hallará pequeño", mientras que Winston Churchill afirmaba: "Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad, un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad". Está en uno elegir.







