El peso y el valor de las palabras

Gabriela Baigorri
Por Gabriela Baigorri 23 Mayo 2013
El uso de las palabras, como unidades del discurso, y de la palabra, como compromiso, condena a los dirigentes en este retóricamente violento año electoral. Exabruptos y acusaciones bullen en boca de los protagonistas de la política. Cuando faltan cinco meses para los comicios, oficialistas y opositores se cruzan sin piedad y quedan entrampados en sus dichos.

El peso

"No me asusta ni me avergüenza la palabra testimonial, porque sabemos que estamos poniendo lo mejor, que es José Alperovich". Beatriz Rojkés también defenestró a los opositores, a los que llamó "perdedores" y comparó con "basura". Pero estos (des) calificativos quedaron en segundo plano. Cuando todos buscaban que la confirmación saliera del propio gobernador o de algunos de sus funcionarios más íntimos, fue la senadora la que hizo gala de su costumbre de ser más sincera de lo que le recomiendan. Usó los vocablos temor y vergüenza para decir que el alperovichismo está seguro y orgulloso de proponer candidatos que si resultan electos no asumirán. Con ese preámbulo lanzó la supuesta candidatura del gobernador. Esto obligó a que el mandatario tuviera que decir que sí, que irá en la lista si es necesario. Unas 24 horas antes, el propio Alperovich había dejado entrever -con su discurso- que probablemente exista esa necesidad. En un acto en la Casa Rosada por el plan de obras "Más Cerca", el gobernador atacó a la oposición diciendo que siente vergüenza ajena de su desempeño y acusándola de algo gravísimo como lo es el "no cuidar la democracia". Además, instó a intendentes y comisionados comunales a "pagarle" a la Presidenta "jugando muy fuerte" en agosto y en octubre. En síntesis, tildó a los disidentes de antidemocráticos y blanqueó que las obras que la Nación destina a la provincia deben ser retribuidas con votos. No vaya a ser que los dirigentes crean que llegan porque es una obligación del Estado nacional. La consagración de una práctica desleal, la confirmación de una candidatura, la violencia verbal que roza el insulto y la falta de autonomía. Todo esto en sus palabras.

El valor

¿Y en la oposición? José Cano se apuró y en marzo afirmó que no sería cabeza de lista. "No soy candidato y no lo seré bajo ningún punto de vista porque no voy a legitimar las prácticas que repudio del Gobierno", había dicho ofuscado porque en LA GACETA se había publicado esa versión. Sin embargo, sectores de la UCR e integrantes de la Mesa de Diálogo siguen creyendo que sería el único capaz de mantener la banca radical e, inclusive, de arrebatarle una más al alperovichismo (que pone en juego tres). Otra vez la carga del verbo. Si cambia de parecer y decide usar las mismas armas que el oficialismo, faltaría a su palabra. Y hay quienes no le dejarán olvidarlo. Cano también recogió el guante de las críticas de Alperovich y Rojkés. Los señaló como impunes y les achacó nada menos que despreciar los valores republicanos.

Los vocablos temor, democracia, basura, perdedor, legitimar, pagar y jugar pesan como un ancla en este contexto electoral. Y aunque pareciera que en política al valor de la palabra se lo lleva el viento, puede terminar condenando a los dirigentes. Si no, basta con repasar las consecuencias: por los dichos de Rojkés, la oposición amenazó con recusar en la Justicia la eventual candidatura de Alperovich (ella sugirió que su esposo no asumirá). Mientras que Cano, con su grandilocuente repudio a las testimoniales, minó públicamente la posibilidad de resultar electo y de no asumir.

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