Las lenguas del futuro

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Por Alina Diaconú - Para LA GACETA - Buenos Aires

Los idiomas nacen, se transforman y mueren constantemente. La humanidad ha pasado de aspirar a un idioma común, como el Esperanto, al intento de preservar las 6.000 lenguas que se hablan hoy en el planeta. Algunos especialistas pronostican la supervivencia de solamente una decena de idiomas, entre ellas el castellano. María Zambrano decía que la misión del escritor era salvar a las palabras de su momentaneidad.

"De nosotros, de nosotros depende el que nuestra palabra no se pierda.
 De nosotros depende asegurar estas palabras".
 Anónimo

"Yo soy lo que digo".
Cervantes


"Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras", dice la Biblia (Génesis, 11). Pero los hombres comenzaron a construir una torre, aspirando que su cúspide llegara al Cielo. Y entonces Dios decidió confundir sus lenguajes "para que ninguno entienda el habla de su compañero (…) Por esto fue llamado el nombre de la torre Babel, porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra", y así esos hombres de Sinar dejaron de edificar su ciudad y su torre y fueron esparcidos sobre todo el vasto territorio del planeta.
Quizás la romántica idea del Esperanto era volver a esos inicios bíblicos, donde los hombres se entendieran entre sí hablando un solo idioma, unidos por los mismos códigos, por las mismas palabras. Concebido por un polaco en el año 1887, el oftalmólogo Lázaro Zamenhof, es la única lengua planificada, auxiliar y artificial, compuesta por palabras de muchos idiomas del mundo. Según el profesor S. Culbert de la Universidad de Washington en Seattle, USA, el Esperanto es hablado actualmente por entre 100.000 y 2 millones de personas.
De todas maneras, ningún país adoptó esa lengua como idioma oficial, por lo cual más que un éxito el maravilloso invento del Dr. Zamenhof fue sobre todo una gran esperanza unificadora. O una utopía esperanzada y esperanzadora.

Precursores y globalización

Pero si leemos a Borges, vemos que hubo precursores en ese sueño de una sola lengua universal. En El idioma analítico de John Wilkins, capellán del príncipe de Oxford, Carlos Luis, y primer secretario de la Real Academia de Londres, Borges nos cuenta que ese hombre había ideado en el siglo XVII los principios de un lenguaje mundial. Y que expresó esa posibilidad, en el año 1668, en un libro de 600 páginas, ignoto por cierto (menos para Borges), An Essay Towards a Real Character and a Philosophical Language.
Borges no sólo amaba el inglés, sino que le escribió un poema al idioma alemán y estudió con devoción el islandés antiguo, según se sabe, hasta el final de su vida. Amaba los idiomas anglosajones de por sí, pero también tuvo gustos heterogéneos, especialmente gracias a los autores que lo habían hechizado. En el Poema al idioma alemán, Borges enumera a esos escritores que despertaron su admiración y la admiración por sus respectivas lenguas: desde Virgilio hasta Angelus Silesius, Holderlin, Heine, Goethe, Keller. 
La verdad es que en el mundo se hablan centenares de lenguas y muchísimos dialectos. Mallarmé creía que la palabra relacionaba a los pueblos.
Hace un tiempo, leímos un artículo de Laura Di Marco, con un reportaje al poeta catalán Carlés Torner, donde el escritor, especialista en derechos lingüísticos, manifestaba que, en el futuro, "la mitad de las lenguas desaparecerá con la globalización".
El entrevistado veía en la globalización una "vocación hegemonizadora" y sostenía que un fantasma de uniformidad pretende hacernos creer que todo sería más fácil en el mundo si se hablara un solo idioma, el inglés. Esta creencia sería la culpable de que los angloparlantes traduzcan tan poco a autores extranjeros. Al preguntársele cuáles serían las implicancias de esta disminución de los idiomas como producto de la globalización, Torber responde: "Las lenguas son las que le dan sentido al universo de cada cultura. Y todo niño tiene el derecho de ser educado en su propia lengua. (…) Se trata, además, del derecho de toda lengua a ser traducida: éste es el debate internacional que fue propuesto en la Feria de Frankfurt de 2007".
Si bien tiene un pensamiento apocalíptico acerca de la cultura del siglo XXI, apostando a su destrucción, pone sus expectativas en América Latina, donde "cada vez son más los que toman conciencia de que también existe una ecología lingüística en el planeta, que hay que preservar".
Este planteo nos hace recordar aquel diálogo con Cioran, en el cual nos decía con énfasis que para los franceses la Patria es la lengua.
¿Qué escritor no defiende las lenguas y la palabra de cada lengua?
María Zambrano escribía en un artículo publicado en la Revista de Occidente en 1934: "Salvar a las palabras de su momentaneidad, de su ser transitorio y conducirlas en nuestra reconciliación hacia lo perdurable, es el oficio del que escribe".

Lenguas y cifras

Se dice que en el planeta se hablan casi 6.000 lenguas, de las cuales solamente unas 600 son usadas por más de 100.000 personas. 100.000 es la cifra que avala la supervivencia de una lengua. ¿Y las lenguas de los pueblos originarios de América?
En América Latina, más allá del español, las lenguas indígenas que se hablan son el quechua (7 millones de personas), el aimara (4 millones), el nahuátl (2 millones), el guaraní (1,5 millón), el quinché y el mapuche (alrededor de 500.000 parlantes cada uno).
¿Cuáles son los idiomas hablados por más gente en la tierra actualmente? Según los datos recogidos, la lista sería ésta: el chino mandarín, en primer término, con 920 millones de chino parlantes.
El inglés, luego, con unas 470 millones de personas, el hindi con casi 420 millones. El español, el idioma romance por excelencia, ocuparía el cuarto lugar, con 360 millones de hispanoparlantes. Seguiría el ruso, con cerca de 300 millones.

Oralidad y escritura

Para los que creen en la muerte de entre el 50 y el 90% de las lenguas existentes, las sobrevivientes no serían más de una decena de idiomas: el chino, el inglés, el español, el francés y el alemán, y, en segundo término, el árabe, el ruso, el portugués y el japonés.
Volviendo al inicio de esta reflexión, podríamos decir que la concepción de un solo lenguaje que una a los hombres es una hermosa utopía. También que una cosa es el idioma hablado y otra el idioma escrito.
Para los escritores, la diversidad de lenguajes, ese mosaico de significantes, sensual y mental es extraordinariamente enriquecedor. Esa "superposición lograda", que Gómez de la Serna veía en el lenguaje, permite una variedad increíble de visiones y de cosmovisiones.
El prólogo del informe de Frankfurt 2007, donde se pedía la traducción al inglés de tantas obras escritas en otros idiomas, había sido redactado por Paul Auster, quien afirmaba haber leído lo mejor de la literatura a través de traducciones. Desde Homero hasta Cervantes o Dostoievski.
¿Cuántas lenguas quedarán realmente en el futuro? ¿Cuáles serán a ciencia cierta las perdurables? ¿Cuáles serán los intereses políticos y económicos detrás de esas elecciones? ¿Y todas las demás lenguas? ¿Pervivirán en libros secretos y, tal vez por eso, más valiosos aún?
Responder a esta inquietud es algo similar a adivinar el misterio que envuelve los interrogantes de todas las demás cosas de la existencia. Misión imposible.

© LA GACETA

Alina Diaconú - Autora de 
ficción, poesía y ensayos.

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