Relatos
CACERÍA
MARÍA TERESA ANDRUETTO
(Mondadori - Buenos Aires)
Un grupo de amigas engorda para seducir. Aunque, en verdad, es un club, con cuota social, ritos de iniciación y sobre todo buena comida, con chicas dispuestas a todo -para que, como decía Nietszche, acontezca tanto lo bello como lo terrible. Pero más concreto aún es que ese sobrepeso tendrá no sólo un fin estético, sino otro ejecutor, y un desenlace que recordará la apoteosis de la película El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante.
Luego devendrán los rastros de la tortura en la memoria de los exiliados. Una niña, hija de la pobreza, transformada un poco a la fuerza en prostituta, malquerida y enferma. Una mujer mayor recluida en un geriátrico de alta alcurnia. Criadores de aves que recuerdan al Bestiario de Cortázar. Un grupo de amigos, todos ellos artistas, muy new-age, cultivadores de cualquier nueva tendencia, al borde los 40, libres de espíritu -o al menos con esa pretensión-, inmersos de cabeza en una fiesta al pie de la pileta.
Sobre ese tipo historias -¿sencillas?- se asienta Cacería, de María Teresa Andruetto (quien fuera ganadora del premio Hans Christian Andersen en 2012): las experiencias transformadoras o las experiencias cotidianas de una mujer en particular que puede ser cualquier mujer (sí: los protagonistas son -casi todas- mujeres: "una doble exploración de género", según la autora: "femenino y cuento", a riesgo de estigmatizar en demasía a los hombres y convertirlos en misóginos aún en ausencia).
Con el sobresaliente relieve del relato que da título al libro, los espejos que las muestran son las relaciones entre amigas, entre madres e hijas, las rebeldías de juventud y las categorías sociales, infidelidades y divorcios, el suicidio como una opción adquirida y heredada, en lento andar de los días como una supervivencia apática.
Así de heterogéneo es ese subconjunto femenino: víctimas, traidoras, asesinas, culposas, perversas, ansiosas, resignadas, irónicas, atormentadas, sometidas, exacerbadas. Y mucho más. Vivas o al borde de la muerte en un mundo donde mandan el desaliento, la sujeción, los vejámenes, la crueldad o el fracaso. Personajes que aparecen expuestos ante una ventana que mira a lo que no se quiere ver, y que es irremediablemente visible.
Andruetto dice al inicio del volumen que los cuentos "fueron escrito a lo largo de veinte años" y que, hace diez, se imprimieron bajo el título Todo movimiento es cacería. Para esta selección redujo el título y agregó nuevas historias, pero, está claro, la cacería continúa.
© LA GACETA

Hernán Carbonel







