Nada de "capo"; "buen día", primero

Por Leo Noli 08 Mayo 2013
Un saludo. Una mirada. Una sonrisa. Con lo básico alcanza, sin embargo, la política de cortesía de la calle vacila. Para bien y para mal. El respeto hacia el prójimo está devaluado, es un espejismo transformado en deseo de permanencia, porque el recurso de seducción de un vendedor -por citar algo en particula- embarra la cancha con apodos afines a la confianza. Se intenta cazar una conexión sin límites cuando el mejor remedio para tentar al cliente corre a contramano de esos motes hasta a veces odiosos que liberan en plena negociación. 

"Capo" es uno de esos apodos modelo siglo XXI horribles. "Capo" es sinónimo de tránsfuga, de rufián, de mafioso; también de hombre con poder y prestigio. "Capo" copa la tribuna como década y monedas atrás lo hacía "tío", "doctor"; incluso "maestro", que siempre se las ingenia para sobrevivir entre generaciones que buscan jubilarlo y aquellas púberes que lo toman con la melancolía de que lo vintage vivirá por siempre entre nosotros. Lo gentil se pierde en un remolino hecho de frases cortas y discurso barato. 

Pago por un "gracias"; aplaudo por un "buen día".  Y reniego cuando del otro lado sale: "Qué andá buscando, capo". Nada, me fui.

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