Hay un viejo debate en el automovilismo, aún no cerrado, acerca de qué papel cumple en una carrera el segundo piloto de un equipo. Algunos "tuercas" sostienen que sólo debe acompañar y cuidar las espaldas del "mimado". Otros, en cambio, plantean que ese rol -a priori menor- es injusto y que, en realidad, ambos competidores deben estar en igualdad de oportunidades. Sea cual fuere la verdad en esa maniquea discusión deportiva, lo concreto es que en cualquier team hay un "uno" y después hay un "dos". Y que el "dos" siempre quiere ser el "uno", y el "uno" nunca quiere ser el "dos".
Aunque sin pasión por los fierros, José Alperovich y Domingo Amaya ya tienen los cascos entre sus manos para largar hacia octubre. Sólo una hipotética negativa de la Casa Rosada haría desactivar la estrategia que diseñó el oficialismo para esta carrera. ¿Por qué el gobernador pasó de un rotundo "no conviene" a pedirle al intendente que se sume a la lista? El 1-2 que plantea el alperovichismo esconde diferentes misterios, según el forense que examine la escena.
Para algunos se trata apenas de una señal rudimentaria de debilidad y supervivencia. Hasta febrero, a quienes le sugerían que Amaya podría ser un buen candidato, el propio Alperovich se encargaba de responderles que esa idea representaría posicionar al ex secretario de Turismo para 2015. Y gratis. Pero entre marzo y abril, cuando comenzó a percibir síntomas de debilitamiento y oir versiones de traiciones, el titular del PE cocinó su propia postulación testimonial y la salpimentó con la del jefe municipal. Según él, el plato con las porciones justas para digerir una sabrosa victoria, sopesar el amargo de los "sapos" de Stella Maris Córdoba y La Cámpora y degustar de postre una reforma constitucional que habilite reelecciones indefinidas para todos, y todas.
Hasta aquí, la modificación de la Carta Magna es más una excusa para pedirles a legisladores, intendentes, delegados rurales y concejales que trabajen por la lista oficialista antes que una posibilidad cierta. Le guste o no, Alperovich sabe que el humor nacional le marcará la agenda aunque aplaste a los escuálidos opositores, que padecen una languidez endémica.
Si Alperovich incluyó a Amaya en su lista ideal pensando en sujetarle la mano y obligarlo a involucrarse en la elección, qué pensó el intendente a la hora de aceptar el pedido y relegar sus ambiciones. Algunos aseguran que no tenía opción. Otros, en cambio, creen que Amaya se puso en el papel de segundo para llegar al final de la carrera con el auto en condiciones. Hasta aquí, los "toques" con la Casa de Gobierno lo hicieron morder la banquina y subir de nuevo a la calzada varias veces. Desde que volvió a cargar combustible alperovichista, el amayismo ni siquiera se preocupa por las apariencias: la semana pasada, pese a que sus legisladores no participaron del mitin de la bancada oficialista con el gobernador, él mismo les pidió paciencia y silencio. Y sus concejales, que se oponían a aprobar obras que violaban normativas urbanas, ahora hasta las promocionan.
Pero Amaya no corre la misma carrera que Alperovich. En el amayismo ya aseguran que le armarán salidas al interior paralelas. En el alperovichismo responden que el intendente sólo saldrá de la capital detrás del auto del gobernador. En el amayismo apuestan a que, si hay reforma constitucional, aún quedándose en boxes sostendrán la Municipalidad en 2015. Y, si no hay modificación de la Carta Magna, como anhelan, estas vueltas previas le bastarán para conocer el circuito y, antes de la última curva, acelerar a fondo. En el alperovichismo aspiran a tirarle el auto encima y cerrarle los caminos, antes de llegar a la meta.
Aunque sin pasión por los fierros, José Alperovich y Domingo Amaya ya tienen los cascos entre sus manos para largar hacia octubre. Sólo una hipotética negativa de la Casa Rosada haría desactivar la estrategia que diseñó el oficialismo para esta carrera. ¿Por qué el gobernador pasó de un rotundo "no conviene" a pedirle al intendente que se sume a la lista? El 1-2 que plantea el alperovichismo esconde diferentes misterios, según el forense que examine la escena.
Para algunos se trata apenas de una señal rudimentaria de debilidad y supervivencia. Hasta febrero, a quienes le sugerían que Amaya podría ser un buen candidato, el propio Alperovich se encargaba de responderles que esa idea representaría posicionar al ex secretario de Turismo para 2015. Y gratis. Pero entre marzo y abril, cuando comenzó a percibir síntomas de debilitamiento y oir versiones de traiciones, el titular del PE cocinó su propia postulación testimonial y la salpimentó con la del jefe municipal. Según él, el plato con las porciones justas para digerir una sabrosa victoria, sopesar el amargo de los "sapos" de Stella Maris Córdoba y La Cámpora y degustar de postre una reforma constitucional que habilite reelecciones indefinidas para todos, y todas.
Hasta aquí, la modificación de la Carta Magna es más una excusa para pedirles a legisladores, intendentes, delegados rurales y concejales que trabajen por la lista oficialista antes que una posibilidad cierta. Le guste o no, Alperovich sabe que el humor nacional le marcará la agenda aunque aplaste a los escuálidos opositores, que padecen una languidez endémica.
Si Alperovich incluyó a Amaya en su lista ideal pensando en sujetarle la mano y obligarlo a involucrarse en la elección, qué pensó el intendente a la hora de aceptar el pedido y relegar sus ambiciones. Algunos aseguran que no tenía opción. Otros, en cambio, creen que Amaya se puso en el papel de segundo para llegar al final de la carrera con el auto en condiciones. Hasta aquí, los "toques" con la Casa de Gobierno lo hicieron morder la banquina y subir de nuevo a la calzada varias veces. Desde que volvió a cargar combustible alperovichista, el amayismo ni siquiera se preocupa por las apariencias: la semana pasada, pese a que sus legisladores no participaron del mitin de la bancada oficialista con el gobernador, él mismo les pidió paciencia y silencio. Y sus concejales, que se oponían a aprobar obras que violaban normativas urbanas, ahora hasta las promocionan.
Pero Amaya no corre la misma carrera que Alperovich. En el amayismo ya aseguran que le armarán salidas al interior paralelas. En el alperovichismo responden que el intendente sólo saldrá de la capital detrás del auto del gobernador. En el amayismo apuestan a que, si hay reforma constitucional, aún quedándose en boxes sostendrán la Municipalidad en 2015. Y, si no hay modificación de la Carta Magna, como anhelan, estas vueltas previas le bastarán para conocer el circuito y, antes de la última curva, acelerar a fondo. En el alperovichismo aspiran a tirarle el auto encima y cerrarle los caminos, antes de llegar a la meta.







