Gracias a la rehabilitación con botox Alexis camina y juega sin necesidad de tantas cirugías

La falta de oxígeno al nacer le causó paraparesia. Una cirugía y el entrenamiento diario le permiten tener experiencias motrices

FELIZ Y EN FAMILIA. Alexis -centro- pidió salir en la foto junto a su hermanito Tiago y a su mamá María, caminando por el patio de su casa. LA GACETA / FOTO DE ANALíA JARAMILLO
FELIZ Y EN FAMILIA. Alexis -centro- pidió salir en la foto junto a su hermanito Tiago y a su mamá María, caminando por el patio de su casa. LA GACETA / FOTO DE ANALíA JARAMILLO
Alexis Lionel Arreyes Medina, de 5 años, podría haber sido un niño sano, como su hermano Tiago, de 3 años. Pero la falta de oxígeno al momento de nacer le provocó una lesión en el sistema nervioso central, cuya secuela fue un tipo de parálisis cerebral infantil: paraparesia espástica (disminución de fuerza en los miembros inferiores). Por eso, desde hace cuatro años, María, su mamá, lo lleva todos los días al Centro de Rehabilitación Neurológica Marckay, donde un equipo multidisciplinario de profesionales le entrena los músculos de sus dos piernas, especialmente de la izquierda, la más afectada.

"Tenía las piernas en tijera y flexionadas (las rodillas juntas y los pies separados) porque la lesión cerebral le impide desarrollar normalmente algunos músculos. En 2011, el traumatólogo y cirujano Mariano Combes le hizo una tenotomía (operación en los tendones) y mejoró bastante. Pero para llegar en mejores condiciones a la cirugía, el equipo de la doctora María Silvina Iaconianni le rehabilitó con toxina botulínica los músculos. Esta droga (botox) le ablanda los músculos endurecidos, con espasticidad, y el entrenamiento es más fácil...", contó María a LA GACETA. "Creo que ya me llevaron como 8.000 veces a rehabilitación", acota Alexis, haciendo mohines y sonriendo. "Mirá: ahora estoy mejor (se sienta en un sillón del living, flexiona una pierna primero y la otra después) y puedo jugar con mi hermanito y con mis compañeros de jardín del Colegio Nuestra Señora del Valle. ¿Mi foto va salir en LA GACETA ...?, pregunta con la espontaneidad y la frescura tan propias de su edad. Luego abre el piano ("es de mi bisabuela Nely", aclara) e invita a su hermano a sentarse junto a él. Los dos niños castigaron sin piedad el teclado mientras le pedían a Analía Jaramillo una foto.

La vida de los Arreyes no es fácil. María se dedica a la crianza de sus hijos, su esposo Héctor Arreyes trabaja de 7 a 22 en una fábrica de pastas y gana $ 2.000. Por Alexis perciben una pensión por discapacidad de apenas $ 1.400. Un magro ingreso. Gracias a la ley de discapacidad obtienen el pase gratis para trasladarse en ómnibus todos los días desde el domicilio, San Lorenzo 1028, hasta el centro de rehabilitación, en Balcarce al 400.

"Siempre pienso que mi hijo podría haber sido un chico normal si en su nacimiento me hubieran atendido de otra manera. El 27 de julio de 2007 yo estaba con trabajo de parto en la Maternidad, pero Alexis no nacía. Un pasante se sentó en mi panza y al fin salió. Cuando lo pusieron en mi brazos estaba morado. Me dijeron que era normal..., pero había sufrido falta de oxígeno", rememora María sin sacar los ojos de su hijo. "Menos mal que lo están tratando con botox y que la obra social nos reconoce la droga. El doctor Combes tiene la esperanza de que necesite una cirugía más cuando sea adolescente", añade esperanzada la mujer. Alexis camina, salta, cuenta que le gusta dibujar, pintar y que su mayor deseo es "tener mi cuenta en facebook".

Comentarios