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La prensa, contrapeso de los abusos del poder

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Desde que la prensa emergió como un actor protagónico en la Europa del siglo XVII, ya entonces se fue configurando como un contrapeso de los poderes políticos de la época. Desde entonces, esa función se ha vigorizado, acompañando primero en el siglo XX y luego en el presente las demandas de una sociedad que va extendiendo cada vez más el rango de sus derechos sociales y políticos; y que encuentra en los medios de comunicación el aliado principal capaz de auditar a los distintos factores de poder. La magnitud de ese acuerdo entre la sociedad civil y la prensa está reflejada en numerosas constituciones, entre ellas la norteamericana (Primera Enmienda) y la argentina (artículo 14), que postulan el derecho de los ciudadanos a ser informados, así como el de publicar las ideas por la prensa sin censura previa.

En consonancia con esos postulados, desde hace 20 años la Organización de las Naciones Unidas (ONU) celebra cada 3 de mayo el Día Mundial de la Libertad de Prensa. "Derecho fundamental de por sí, la libertad de expresión crea además las condiciones necesarias para la protección y promoción de todos los demás derechos humanos. Pero no se ejerce automáticamente; requiere un entorno seguro propicio para el diálogo en el que todos puedan hablar libre y abiertamente, sin temor a represalias", afirmaron el secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, y la directora General de la Unesco, Irina Bokova, en su flamante mensaje conmemorativo de la fecha. Y la consigna para la celebración de este año es la siguiente: "Hablar sin riesgo: Por el ejercicio seguro de la libertad de expresión en todos los medios".

Ni esa consigna ni la reflexión de los funcionarios de la ONU son caprichosas, si consideramos el avance de la censura en sus más diversas modalidades en numerosos países latinoamericanos, incluido el nuestro.

En la Argentina, en los últimos años, el Gobierno viene desarrollando una campaña de presión sistemática en contra de la prensa plural e independiente; presión esta que se ejerce tanto en el retaceo a la pauta publicitaria como en su obstinada apuesta a la ley de Medios. Los trabajadores de prensa no son ajenos a esas presiones del aparato estatal, sometidos a la descalificación del oficialismo en ruedas de prensa o víctimas de la represión de la policía de la ciudad de Buenos Aires, como acaba de ocurrir esta semana.

Si cada efeméride es ocasión para hacer balances, es inquietante el análisis de situación que han hecho este año tanto la ONU como las distintas organizaciones de empresas periodísticas y de periodistas. Y el cóctel que más inquieta es el que suma violencia e impunidad. En América latina y el Caribe, entre 2010 y 2012, han sido asesinados 74 periodistas en América latina y el Caribe; y se han dictado sólo ocho condenas por esos crímenes.

En nuestra provincia, la relación entre la prensa y los factores políticos también muestra turbulencias: según Fopea, de las 172 agresiones contra periodistas ocurridas en 2012, seis ocurrieron en Tucumán.

A 13 años de andar el siglo XXI, Giovanni Sartori nos recuerda: "la libertad de pensamiento presupone que cada uno sea libre de aceptar y controlar lo que encuentre escrito u oye decir, y por lo tanto presupone, entre otras cosas, mundos abiertos". En ese sentido, en estos tiempos hay algunos motivos para celebrar: las nuevas tecnologías llegan a la prensa con todo ímpetu para afianzar el trípode "información, democracia, participación", que garantiza para los mundos abiertos sartorianos un futuro inexorable.

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