Cuando el gobernador decidió cambiar la conducción que él había puesto en Canal 10, lo primero que hizo fue designar al responsable de Prensa de su gestión, el secretario privado y legislador en uso de licencia, Marcelo Ditinis. Cuando los "sijosesistas" le preguntaron por qué, el mandatario provincial respondió: "no tengo otro".
No hace mucho tiempo, cuando la causa "Marita" Verón provocó la partida del ministro Mario López Herrera, el titular del Poder Ejecutivo eligió a la persona que menos esperaban; y Jorge Gassenbauer se hizo ministro de Seguridad Ciudadana. ¿Por qué? Por la misma razón que había elegido a Ditinis primigeniamente: "porque no tengo otro".
Los continuos enroques en el Ministerio de Desarrollo Social y las candidaturas testimoniales confirman esa tendencia. Alperovich controla todo, maneja todo; pero no ha podido crear una cantera de políticos ni de técnicos. En esta década son las mismas caras que se reciclan según el estado de desconfianza del mandamás. Esto irrita a los viejos peronistas, que se quejan porque siempre se les exige que traccionen votos, y cuando se abre una vacante deben sentarse a ver el partido desde la tribuna.
Pasaron unos cuantos días y Alperovich encontró otro, aunque no menos "otro" que los demás. Y así asumió Oscar Bercovich. El ascenso del joven secretario privado de Alperovich recrea la prepotencia alperovichista, que no le afecta forzar una ley o el protocolo. Bercovich tiene como antecedente principal su filiación con la vocal de la Corte Claudia Sbdar, a lo que ahora suma haber recorrido kilómetros a la par del gobernador. El vínculo afecta las potencialidades del nuevo conductor de la emisora -tendrá como escuderos al propio Ditinis que no tiene ninguna experiencia en el rubro y a Diego Lobo, que sí es un conocedor de los medios-, que sufre una capitis diminutio por su progenitora; pero también afecta a esta. La vida a veces pone encrucijadas que no deberían soslayarse. Pero a Alperovich le importan poco esas consecuencias. A él le gusta tomar decisiones simplemente, aunque abuse de la discrecionalidad que le da el cargo.
Así, sin explicaciones, como designa en un cargo estratégico al hijo de una vocal de la Corte -que él mismo había nombrado, "porque no tiene otro"- es capaz de desoír los valores de un concurso en el CAM que esquivó seis veces para no poner a Carlos López, porque no le cae bien. A la hora de las designaciones el Poder Ejecutivo ya tomó la decisión de que los concursos no son lo mejor. Alguna vez Julio Saguir y Ramiro González Navarro habían advertido que este Gobierno iba a pasar a la historia por los concursos. López y Bercovich son dos emblemas de que Alperovich decidió que el paradigma sea las ambiciones personales y no las bases institucionales que ayudan a construir un futuro más democrático.
A la hora de las designaciones, Sbdar no sólo llamó la atención en el Poder Ejecutivo, también lo hizo en el Poder Judicial. El ex decano de Ciencias Jurídicas de la Unsta, Edgardo López Herrera, se incorporó al equipo de relatores de la vocal. El nombramiento, que se sumó al de Ana María de la Vega Madueño de Díaz Ricci, sorprendió en los Tribunales provinciales después de que el jurista que, como conjuez tuvo a su cargo el fallo de la famosa "Causa Bórquez" en los Tribunales Federales, también había sufrido la presión kirchnerista para no llegar a ser magistrado en Salta.
Cenizas del asado
Las mañanas en la casa del gobernador dibujan el humor oficialista. Alperovich todavía estaba expectante de las reacciones que generaría la cautelar que frenó el juicio político a los tres jueces que no condenaron a nadie en la causa "Marita" Verón. De repente, miró a sus ministros y a algunos legisladores -entre los que estaban el titular de la bancada, Roque Álvarez, y el novel Dante Loza- y preguntó: "¿cómo anda el bloque (legislativo)". "Como el tiempo", respondió desde atrás una voz que trataba de disimular su identidad. "¿Cómo?", repreguntó el gobernador. "Complicado: hay asado para cinco y no para todos". Roque Álvarez, anfitrión del polémico asado en el que se oyeron quejas porque los legisladores se sintieron usados en el triple juicio político frustrado, prometió un asado multitudinario esta vez. En la Legislatura los oficialistas no se pueden sacar la bronca. Sienten que son los únicos que cumplieron con el pedido del gobernador de destituir a los jueces. En aquel asado la disyuntiva era "si José maneja todo, ¿por qué la Justicia frenó el juicio político?; o no maneja todo, como nos hace creer", se oyó en el convite al que asistieron José "Mellizo" Orellana, Marcelo Caponio, Fernando Juri, Alfredo Toscano, Alfredo Quinteros y Raúl Hadla. El episodio en la casa del gobernador -que adelantó el periodista de LA GACETA Luis María Ruiz- muestra la desigual relación que tienen los legisladores con el mandatario. Los une la desconfianza.
El cospelazo
Alperovich viene dando algunos traspiés con la Justicia, sobre todo en materia constitucional; pero es el amo y señor en los municipios. Por eso las conversaciones sobre el aumento del cospel comenzaron en los despachos que dan al sur en la Casa de Gobierno, y no en el Concejo Deliberante de la Capital. Allí los empresarios -que mostraron números exagerados- pidieron que cada viaje en ómnibus cueste $ 4,23. De la Casa de Gobierno salieron con la advertencia de que el aumento no podía superar el 20% sobre los $ 2,50 que actualmente cuesta el cospel.
En cambio, los que no pudieron entrar a la Casa de Gobierno el viernes pasado fueron el mandatario y su comitiva, porque Barrios de Pie al mando del ex alperovichista Federico Masso se ocupó de obstruir la llegada del grupo. Fue una hora incómoda entre las 10 y las 11, hasta que llegó la promesa del ministro de Seguridad, Jorge Gassenbauer (sigue siendo el súper ministro que se ocupa de todo lo que le preocupa el gobernador), de que les pagarían los planes sociales adeudados a la gente de Masso.
Se fueron al mazo
Desde que dejó el alperovichismo Barrios de Pie sufre las consecuencias de no estar bajo la colcha oficialista. Masso se desespera por la construcción del frente de la oposición para diluir el poder alperovichista en estos comicios. La visita del senador Ernesto Sanz fue una paliza para los sectores más progresistas. Sanz dio su bendición al acuerdo radical con el macrismo en Tucumán y ahuyentó a los socialistas. Pero la palabra de Sanz sólo sirve para el ego del senador José Cano y de los diputados Luis Sacca y Juan Casañas, que acordaron que el candidato sea este último. El resto de los radicales ya empezaron a juntar plata para los fiscales. Eudoro Aráoz hace cálculos con el cuentaganado que le acerca un sector del campo que está desilusionado con la gestión de Casañas en Diputados. El legislador Ariel García también está lanzado y aceptará apoyos aun de peronistas disidentes si hace falta para pelear un lugar en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) de agosto. Con ese panorama, donde ni los radicales pueden asegurar unidad y acuerdos en el pacto opositor, el PRO también se terminará yendo. Alberto Colombres Garmendia empezó a desempolvar el saco de candidato. En este paisaje Alperovich se acuesta a dormir la siesta y sueña con la "re-re", porque la oposición son nubes dispersas, que jamás le traerán una tormenta. La oposición, al fin y al cabo, mantiene el relato de Alperovich: "no tengo otro". Todo depende de los caprichos de José Cano y, por ahora, este no parece dispuesto a sacrificarse por la unidad. Su partida se juega en 2015.
No hace mucho tiempo, cuando la causa "Marita" Verón provocó la partida del ministro Mario López Herrera, el titular del Poder Ejecutivo eligió a la persona que menos esperaban; y Jorge Gassenbauer se hizo ministro de Seguridad Ciudadana. ¿Por qué? Por la misma razón que había elegido a Ditinis primigeniamente: "porque no tengo otro".
Los continuos enroques en el Ministerio de Desarrollo Social y las candidaturas testimoniales confirman esa tendencia. Alperovich controla todo, maneja todo; pero no ha podido crear una cantera de políticos ni de técnicos. En esta década son las mismas caras que se reciclan según el estado de desconfianza del mandamás. Esto irrita a los viejos peronistas, que se quejan porque siempre se les exige que traccionen votos, y cuando se abre una vacante deben sentarse a ver el partido desde la tribuna.
Pasaron unos cuantos días y Alperovich encontró otro, aunque no menos "otro" que los demás. Y así asumió Oscar Bercovich. El ascenso del joven secretario privado de Alperovich recrea la prepotencia alperovichista, que no le afecta forzar una ley o el protocolo. Bercovich tiene como antecedente principal su filiación con la vocal de la Corte Claudia Sbdar, a lo que ahora suma haber recorrido kilómetros a la par del gobernador. El vínculo afecta las potencialidades del nuevo conductor de la emisora -tendrá como escuderos al propio Ditinis que no tiene ninguna experiencia en el rubro y a Diego Lobo, que sí es un conocedor de los medios-, que sufre una capitis diminutio por su progenitora; pero también afecta a esta. La vida a veces pone encrucijadas que no deberían soslayarse. Pero a Alperovich le importan poco esas consecuencias. A él le gusta tomar decisiones simplemente, aunque abuse de la discrecionalidad que le da el cargo.
Así, sin explicaciones, como designa en un cargo estratégico al hijo de una vocal de la Corte -que él mismo había nombrado, "porque no tiene otro"- es capaz de desoír los valores de un concurso en el CAM que esquivó seis veces para no poner a Carlos López, porque no le cae bien. A la hora de las designaciones el Poder Ejecutivo ya tomó la decisión de que los concursos no son lo mejor. Alguna vez Julio Saguir y Ramiro González Navarro habían advertido que este Gobierno iba a pasar a la historia por los concursos. López y Bercovich son dos emblemas de que Alperovich decidió que el paradigma sea las ambiciones personales y no las bases institucionales que ayudan a construir un futuro más democrático.
A la hora de las designaciones, Sbdar no sólo llamó la atención en el Poder Ejecutivo, también lo hizo en el Poder Judicial. El ex decano de Ciencias Jurídicas de la Unsta, Edgardo López Herrera, se incorporó al equipo de relatores de la vocal. El nombramiento, que se sumó al de Ana María de la Vega Madueño de Díaz Ricci, sorprendió en los Tribunales provinciales después de que el jurista que, como conjuez tuvo a su cargo el fallo de la famosa "Causa Bórquez" en los Tribunales Federales, también había sufrido la presión kirchnerista para no llegar a ser magistrado en Salta.
Cenizas del asado
Las mañanas en la casa del gobernador dibujan el humor oficialista. Alperovich todavía estaba expectante de las reacciones que generaría la cautelar que frenó el juicio político a los tres jueces que no condenaron a nadie en la causa "Marita" Verón. De repente, miró a sus ministros y a algunos legisladores -entre los que estaban el titular de la bancada, Roque Álvarez, y el novel Dante Loza- y preguntó: "¿cómo anda el bloque (legislativo)". "Como el tiempo", respondió desde atrás una voz que trataba de disimular su identidad. "¿Cómo?", repreguntó el gobernador. "Complicado: hay asado para cinco y no para todos". Roque Álvarez, anfitrión del polémico asado en el que se oyeron quejas porque los legisladores se sintieron usados en el triple juicio político frustrado, prometió un asado multitudinario esta vez. En la Legislatura los oficialistas no se pueden sacar la bronca. Sienten que son los únicos que cumplieron con el pedido del gobernador de destituir a los jueces. En aquel asado la disyuntiva era "si José maneja todo, ¿por qué la Justicia frenó el juicio político?; o no maneja todo, como nos hace creer", se oyó en el convite al que asistieron José "Mellizo" Orellana, Marcelo Caponio, Fernando Juri, Alfredo Toscano, Alfredo Quinteros y Raúl Hadla. El episodio en la casa del gobernador -que adelantó el periodista de LA GACETA Luis María Ruiz- muestra la desigual relación que tienen los legisladores con el mandatario. Los une la desconfianza.
El cospelazo
Alperovich viene dando algunos traspiés con la Justicia, sobre todo en materia constitucional; pero es el amo y señor en los municipios. Por eso las conversaciones sobre el aumento del cospel comenzaron en los despachos que dan al sur en la Casa de Gobierno, y no en el Concejo Deliberante de la Capital. Allí los empresarios -que mostraron números exagerados- pidieron que cada viaje en ómnibus cueste $ 4,23. De la Casa de Gobierno salieron con la advertencia de que el aumento no podía superar el 20% sobre los $ 2,50 que actualmente cuesta el cospel.
En cambio, los que no pudieron entrar a la Casa de Gobierno el viernes pasado fueron el mandatario y su comitiva, porque Barrios de Pie al mando del ex alperovichista Federico Masso se ocupó de obstruir la llegada del grupo. Fue una hora incómoda entre las 10 y las 11, hasta que llegó la promesa del ministro de Seguridad, Jorge Gassenbauer (sigue siendo el súper ministro que se ocupa de todo lo que le preocupa el gobernador), de que les pagarían los planes sociales adeudados a la gente de Masso.
Se fueron al mazo
Desde que dejó el alperovichismo Barrios de Pie sufre las consecuencias de no estar bajo la colcha oficialista. Masso se desespera por la construcción del frente de la oposición para diluir el poder alperovichista en estos comicios. La visita del senador Ernesto Sanz fue una paliza para los sectores más progresistas. Sanz dio su bendición al acuerdo radical con el macrismo en Tucumán y ahuyentó a los socialistas. Pero la palabra de Sanz sólo sirve para el ego del senador José Cano y de los diputados Luis Sacca y Juan Casañas, que acordaron que el candidato sea este último. El resto de los radicales ya empezaron a juntar plata para los fiscales. Eudoro Aráoz hace cálculos con el cuentaganado que le acerca un sector del campo que está desilusionado con la gestión de Casañas en Diputados. El legislador Ariel García también está lanzado y aceptará apoyos aun de peronistas disidentes si hace falta para pelear un lugar en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) de agosto. Con ese panorama, donde ni los radicales pueden asegurar unidad y acuerdos en el pacto opositor, el PRO también se terminará yendo. Alberto Colombres Garmendia empezó a desempolvar el saco de candidato. En este paisaje Alperovich se acuesta a dormir la siesta y sueña con la "re-re", porque la oposición son nubes dispersas, que jamás le traerán una tormenta. La oposición, al fin y al cabo, mantiene el relato de Alperovich: "no tengo otro". Todo depende de los caprichos de José Cano y, por ahora, este no parece dispuesto a sacrificarse por la unidad. Su partida se juega en 2015.







