Cadáveres y amores culposos en el caso del forense Quirke

EL OTRO, EL MISMO. Benjamin Black es el seudónimo de John Banville. POEMAS-DEL-ALMA.COM
EL OTRO, EL MISMO. Benjamin Black es el seudónimo de John Banville. POEMAS-DEL-ALMA.COM
07 Abril 2013

POLICIAL

MUERTE EN VERANO

BENJAMIN BLACK

(Alfaguara - Buenos Aires)

Es interesante el caso del forense Quirke, retratado de manera inmejorable por el brillante y minucioso Benjamin Black, seudónimo del exquisito irlandés John Banville.

Quirke, como médico, hunde sus manos en los cuerpos muertos y desde ahí, desde la cruda materialidad del cadáver, empieza su razonamiento, su pesquisa. A la inversa de los puros razonadores al estilo clásico, Quirke se topa con la carne putrefacta, con la herida sangrienta y mortal. Parte de esa evidencia para alcanzar la resolución de los enigmas. Además, Quirke se involucra él mismo en las situaciones conflictivas. En Muerte en verano (2013) se enamora y se acuesta con la que, sabrá después, es la autora del crimen. Hay cierto amoralismo en la monótona y gris vida de Quirke. Una vida entregada al pulcro salón de los cadáveres y a los amores rápidos y culposos.

Si bien es cierto que busca la verdad (Quirke quiere saber quién ha matado al empresario), cuando se entera de que la mujer que ama es la autora del crimen no la denuncia. Se mueve con una moral curiosa o doble. Una moral que acepta por amor el odio y que denuncia la vejación y la violencia atroz.

Distancia

Síntomas de esa moral es que Quirke ha abandonado a su hija y que ha dejado para que la críen su cuñada y el esposo de su cuñada. Hay cierto desapego, cierto cinismo austero y triste en el comportamiento de Quirke. Y ese desapego, esa frialdad extrema, no concuerda con su voluntad de verdad frente a los injustos crímenes.

Aunque Quirke se desplaza en las avenidas de la década del 50, sus desavenencias y sus frustraciones están contaminadas de presente. No es casual que Quirke viva en mitad del siglo XX. Esa distancia temporal, le permite a Benjamin Black mirar mejor los problemas de nuestro tiempo. Desde ahí expone los vicios, la corrupción y la cruenta violencia que nos afectan en el siglo XXI.

© LA GACETA

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Fabián Soberón

Temas Buenos Aires
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