De todos y de nadie

Por Roberto Espinosa 05 Abril 2013
Todos la quieren. Buscan. Persiguen. Esquivan. Sueñan. Necesita de cierta predisposición. De un cacho de locura. Se insinúa en los gestos. Puede ser la sonrisa del silencio. De un changuito trastabillando en la ternura. Susurro de piedras quebrándose en arroyos. Rumor de colibrí aleteando un sentimiento. En el adagio assai del Sol mayor de Ravel. En un anochecer de zambas. En la sorda alegría del Ludwig. En los grillos criqueando un desvelo de vidala. En el pasto desnudo bajo los pies. En una suelta de corchos. En Here Comes The Sun. En las voces del viento bostezando en el valle. Danzando en los piojos del tiempo. En la peluca de una toccata y fuga. En los dedos que se alcanzan. Se tocan. Se enlazan. Caricia de mirada. La libertad asombrada en la voz de la Negra querida. En la palabra que se viste. Se desviste. Y tiende un poema. Entre una soledad y otra. Un bienbec fraterno. Beso que estira la vida del alma. ¿Una ilusión? ¿Un invento? Algunos la hallan sin proponérselo. Otros la llevan en las cejas y no lo saben. O por las manos del corazón se escurre. Ella está tal vez en querer lo que se hace. Se sabe lo que es, cuando se la siente. Hermana del destino. Democrática. Huérfana. Sencilla. Es de todos. No es de nadie. ¿Ella lo sabrá? ¿Elegirá a quién entregarse? ¿Será una lotería? Quizás en tu interior, encuentres la felicidad. Vayuno a sabé, ¿que no?

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