"Llorá, nene, llorá"

Los partidos siempre se ponen aburridos y cuando uno tiene menos de una década transcurrida en este mundo, más aún. El entretiempo es el momento de la diversión.

En ese instante aparecía aquel mago capaz de hacer reír a una tribuna entera, fuéramos ganando o perdiendo. Vendía "caramelos con almohadones", "muña muña", "gaseosas para el asma", que hacían reír y cuantas cosas más su imaginación era capaz de producir. En su bandeja había unos cuantos cubanitos, tabletas y bebidas.

"Llorá nene, llorá" era el grito que lo anunciaba y él entraba a la tribuna como si fuera el crack que todos estaban esperando ver. Se acercaba a los niños y les pedía que lloren mientras los tentaba con su bandeja. No era fácil para mis siete años entender este doble mensaje donde le pedían a los chicos que lloren y los grandes reían...

"Llorá nene, llorá" explotó su voz dentro del ómnibus que nos llevaba a Catamarca. Habían pasado 20 años o más de aquellos entretiempos. La bandeja era parecida y, aunque muchos venían dormidos, estiraron los brazos, se despabilaron y soltaron sus carcajadas.

Tenía arrugas en la cara y la misma chaqueta blanca. Yo ahora podía entender sus chistes. Compré todos los "alfajores con almohadones" y las "tabletas para seguir durmiendo" que pude con la sensación de que así podía estirar la vida de esos duendes que están en todas partes y que para sobrevivir regalan alegrías.

Temas Catamarca
Tamaño texto
Comentarios
Comentarios