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La dificultad para encontrar candidatos para los comicios muestra debilidad, tanto en el oficialismo como en la oposición. Cano, al igual que otros dirigentes, elige culpar a la prensa antes que mirar a su alrededor

La debilidad de los políticos en estos días es inversamente proporcional a la cantidad de tiempo que están en el poder y a las ventajas que sacaron en los últimos nueve años.

José Alperovich es el gobernador récord de Tucumán. Se lo analice como quiera le saca ventaja a sus antecesores. Ha sido, sin embargo, incapaz de construir una estructura propia de fidelidades políticas. Sólo ha logrado instalar a sus familiares y contagiar este sistema a legisladores y a intendentes.

Esta construcción política se reduce a pequeños feudos, que terminan dándose vuelta sobre sí mismos y, como los perros, mordiéndose la cola. Esta situación ha quedado claramente definida cuando el oficialismo baraja la posibilidad -todavía no lo dan como definitivo, pero es una opción aplaudida- de que José Alperovich sea candidato a diputado nacional. Ha pasado casi una década, y al momento de poner en juego el futuro político la única figura que aparece en el firmamento del peronismo tucumano es el mismísimo Alperovich.

Incluso esta idea implica que se presente en los comicios a diputado para luego avanzar en la re-re-re-elección de gobernador.

No es un capricho de un asado trasnochado la necesidad de poner a Alperovich. El problema con el que se encuentra el oficialismo es que no han podido crear figuras políticas trascendentes que convoquen, que seduzcan, que sean sinónimo de valores arraigados en la sociedad y que, por lo tanto, contagien la idea de trabajo en toda la provincia. Es cierto que en el oficialismo hay quienes tienen esa impronta; pero en pequeños feudos que, además, son compartidos por su familia y nada más, no por dirigentes de diferentes apellidos. ¿Por qué voy a trabajar por tal o cual político? Es la pregunta que repite más de un intendente o de un legislador, que saben que el esfuerzo para esa lista de diputados no le servirá de nada a él que -en un importante porcentaje- no tiene reelección y que, en todo caso, tiene que ver cómo ubica un familiar en los próximos comicios o trata de conseguir una reforma constitucional para tener la reelección sempiterna.

La política ha sufrido una degradación con estos criterios impuestos en base a que la plata es el motor de la gestión.

No es sólo un problema del oficialismo. La oposición se ve envuelta en un laberinto casi idéntico. En los comicios de este año se renuevan cuatro bancas: tres peronistas (Miriam Graciela Gallardo de Dip, Stella Maris Córdoba, Juan Arturo Salim) y un radical (Juan Francisco Casañas). Poco más de un millón de tucumanos tendrán que decidir quiénes ocuparán esas bancas. El propio alperovichismo comenzó el año con el discurso de que no podrán quedarse con los cuatro escaños en juego. La oposición sueña con dos; y trabaja para no obtener ni una. Radicales, macristas, socialistas y otros partidos se han convencido de que si van unidos pueden soñar. Ello implica desde obtener por lo menos una banca hasta acercarse a impedir que luego el alperovichismo intente la re-re-reelección. Como siempre han bailado al ritmo del oficialismo tampoco tienen figuras que arrastren multitudes ni que faciliten la llegada de votos a las urnas. En Tucumán nadie discute el liderazgo del radicalismo, que es capaz de fiscalizar prácticamente toda la provincia el día de los comicios y que, además, es quien maneja las riendas opositoras; aunque más de una vez haya algún dirigente que tenga arrumacos con la Casa de Gobierno.

A tan diversas fuerzas no las une el amor, sino la necesidad de frenar al oficialismo; y además, el terror a las PASO (Primarias Abiertas Simultáneas Obligatorias). Las internas abiertas ya han dejado heridas que aún no cicatrizan. Los opositores han aprendido que si no van juntos pierden; y cuanto más se dispersan, mayores beneficios económicos pueden recibir del multimillonario oficialismo, pero el fracaso político está a la vista. En estos días empezaron a aflorar las encuestas. Las del oficialismo las esconde Alperovich bajo siete llaves; las del PRO se dejaron ver de acuerdo a la conveniencia.

Todos los dirigentes de la oposición y del oficialismo están seguros -y las encuestas les dan la razón- de que José Cano es el opositor número uno. También que el radicalismo es la principal fuerza en Tucumán, después del Frente para la Victoria. A la hora de armar el frente, Cano y el diputado Luis Sacca están seguros de que Juan Casañas debe ir por la reelección. Muchos radicales no están de acuerdo. Pero, además, el hombre del campo no seduce a muchos de los socios electorales; salvo al PRO. Los macristas están dispuestos a aceptar cualquier radical, siempre y cuando el segundo puesto sea para ellos. Como debe ser una mujer todas las miradas apuntaban anoche hacia Gilda Pedicone de Valls. En las encuestas del PRO, la ex fiscal de Estado durante el gobierno de Bussi fue medida y no le fue tan mal en su imagen positiva. Nada de ello le hace gracia al socialismo, obviamente. Imaginar el segundo lugar para el socialismo resulta imposible para los de Macri, porque no les da la cara para llevar esa fórmula a Buenos Aires.

"Y bueno, si hay tantos problemas por qué no hacen todos una encuesta y listo, pero no van a las PASO", propone en su tono siempre polémico el edil José Luis Avignone. La figura de Cano une a los opositores y si él encabezara la lista de diputados la comunión aliancista se fortalecería. Como este es senador -y su candidatura, por tanto, sería testimonial-, el segundo lugar debería ser también para el radicalismo; y allí no sólo Casañas refunfuñaría, sino también los del PRO y no tanto los socialistas. A esto se suma que debería ser una mujer, debido a la ley de cupo femenino. Los intríngulis se suman, y por yuxtaposición los argumentos se van concatenando para que esta alianza sui generis no vaya a ningún lado. Mientras despotrica contra Domingo Amaya, porque no le brinda los informes que pide, Avignone dice la verdad de este asunto: "hay que clarificar objetivos". Este frente debería decidir si quiere salvarse, como Ricardo Bussi -que necesita participar, para que su partido no se hunda en el ostracismo-, o si quiere ganar y aspirar a lograr dos bancas. Si se elige la segunda opción, los más ambiciosos y esperanzados creen que Cano debería encabezar la lista; y todos encolumnarse detrás de él, a pesar de ser una postulación testimonial. En esto coinciden en voz baja una gran mayoría de dirigentes opositores. Lo dicen dirigentes del PRO, radicales y cercanos al socialismo; no es un invento de columnistas financiados por el alperovichismo, como dice Cano. El senador, acosado, por todas las variantes que lo tienen como centro de la escena, se pierde; y entonces no encuentra otra salida que echarle la culpa a la prensa y, además, sugerir un acto de corrupción. Tal vez por esto le queda grande la responsabilidad de encabezar esta movida de la oposición.

Rector alegre

En la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) pasa casi lo mismo. No hay quién surja como líder y, por lo tanto, el rector, Juan Alberto Cerisola, está dispuesto a sacrificarse y a buscar una re-reelección. Tiene todo el viento a favor para que así sea. En los últimos días se aceleró esa idea; y hasta un decano -el de Ciencias Naturales, Ricardo Mon- reconoció la necesidad de reformar los estatutos universitarios. En la alta casa de estudios están seguros, pero tienen prudencia. Los que no la tienen son los alperovichistas, que apuraron estas versiones con el único fin de obligar a los radicales a definirse. Si Cano y Sacca se pronuncian a favor o dejan hacer en la reelección de Cerisola, después nada podrán decir de la re-re-reelección de Alperovich.

Discapacidad

Años atrás la llegada del 24 de Marzo era un día de unión. Era el día del año donde todas las fuerzas políticas daban vueltas alrededor de la plaza enarbolando la únivoca bandera de la democracia. Hoy los individualismos -que no permiten ni siquiera ordenar una lista ni generar líderes, sino miradas entrópicas- nos llevan a un 24 de Marzo con desunión. La sociedad ha conseguido evolucionar y entender qué ha pasado durante esos oscurísimos ocho años de dictadura. Ya se trata de hechos indiscutibles, aclarados, precisados y juzgados. Sin embargo, oficialismo y oposición no tienen ninguna capacidad de unirse para conmemorar lo más trágico.

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