El poder no se pierde: sólo se transfiere. De allí que en esta provincia donde la oposición ha renunciado a inquietar al alperovichismo, sea el alperovichismo, por aquella lógica transitiva, quien sacuda a la oposición. Y este mes la ha dejado en tremenda tembladera.
El gobernador agitó la bandera de "largada" de la campaña electoral temprano. Más o menos por la época en que sus adversarios se iban de vacaciones. Cuando volvieron los recibió con una bacanal de contrataciones directas para hacer pozos, cloacas, cordón cuneta, veredas, asfalto, viviendas y cualquier obra que pueda contratarse sin la más mínima garantía de transparencia. Pero el piso comenzó a crujir para los que enfrentan al oficialismo durante esta semana. Justo cuando Jorge Bergoglio hacía Historia (así, con mayúscula) y entusiasmaba a millones de creyentes y, también, a muchos que no lo son. Justo cuando el kirchnerismo aprendía, sin diccionarios, qué significa estar perfectamente equivocado y completamente desubicado. Justo cuando el arzobispado de Tucumán tomó la inolvidable determinación de que, a diferencia de la diócesis de Concepción, en las iglesias de la capital no habría vigilia para el inicio del ministerio petrino del papa Francisco.
Fue en esta semana crucial cuando José Alperovich hizo que el rumor de su candidatura testimonial a diputado se materializara y se convirtiera ya no en amague sino en estrategia oficial. En términos de Casa de Gobierno, "la está analizando". Y lo hace porque hay mucho en juego.
Todo al 54...
La necesidad de ofrendar un triunfo importante a la Presidenta es central. El kirchnerismo se juega medio relato en estos comicios. En concreto, la parte que dice que la Casa Rosada hace lo que hace porque tiene el apoyo del 54% de los argentinos. Hay que mantener la mitad más uno de los votos o buscarse otro discurso.
Por otro lado, y después de un año de obra pública famélica, el gobernador puede que quiera cobrar, en votos, los trabajos para los que consiguió financiamiento federal. Sobre todo ahora, que sigue con una imagen positiva alta, pero ya no en la estratósfera, como en sus dos gobernaciones anteriores. Y esa declinación se nota no sólo en las encuestas que él encarga y esconde, sino también en las "jaquecas" de la gestión: Domingo Amaya, en la capital; los mellizos Orellana, en Famaillá; Stella Maris Córdoba, en la Nación. Ignorar esos dolores de cabeza no equivale a que no existan. Y el oficialismo lo sabe. Encabezar la lista de diputados, luego, es poner a todos a jugar ese partido: no hacerlo es romper lanzas con él y con la jefa de Estado.
Y hay otra razón. Alumbrada en el seno de un proyecto político que, estadísticamente, sólo ha mostrado y demostrado desprecio por el sistema representativo, republicano y federal de gobierno. Para el alperovichismo, que el gobernador sea candidato testimonial significa darle opciones. Para sus escuderos, Alperovich debe tener la posibilidad de postularse y resultar electo, y después ver qué hace. Y si tuviera un triunfo arrollador en las urnas, debe tener la posibilidad de reformar la Constitución y habilitar más reelecciones, o la libertad de decidir no hacer tal cosa. Y hasta debe tener la opción de, reformada la Carta Magna, usar la reelección indefinida... o no.
En definitiva, que el mandatario sea el dueño de su destino. Y, por supuesto, del destino de la ultrajada institucionalidad de esta provincia. Porque, por supuesto, sólo es de ingenuos creer que este año, en las urnas, todo lo que se vota son diputados nacionales.
Los incondicionales
Si el alperovichismo, pese a tener fecha de vencimiento el 29 de octubre de 2015, puede seguir haciendo planes a largo plazo es gracias a las facilidades que le da su aliado incondicional desde hace una década: la oposición.
A los fines de su representación parlamentaria, se distinguen dos sectores. El menos minoritario es el que tiene candidato, pero no tiene candidato. Paradoja que explica por qué el alperovichismo gobierna con preocupaciones económicas, pero nunca políticas.
Se trata, en concreto, de la UCR, su pariente laico de centroizquierda, el Socialismo (hoy FAP, en sociedad con Libres del Sur), y su ocasional amigo de derecha, el PRO. La gran figura de ese espacio es el senador José Cano, quien hoy ratifica a quien se lo pregunta que de ningún modo será candidato a diputado.
Esa decisión ahuyenta una posible alianza entre estas fuerzas. En el FAP, el único acuerdo interno es llevar al senador como candidato. Hasta tienen un discurso al respecto: Cano es el candidato que quiere la oposición y que no quiere Alperovich. Así que si no va Cano, va "lo" que quiere el gobernador. En el PRO eso es todavía más evidente: organizaron un seminario para que Mauricio Macri aparezca con el jefe del bloque radical de la Cámara Alta.
Razones y cerrazones
En el radicalismo el asunto es otro, porque la negativa de Cano determinó el surgimiento de otros postulantes. Uno de los lanzados es el legislador Ariel García, que desde el año pasado sostiene -al igual que Federico Masso desde el FAP- que el parlamentario nacional debe encabezar la lista de diputados. Pero García no quiere "testimoniales": si Cano sale electo diputado, debe dejar el Senado, donde tiene mandato hasta 2015, e ir a la Cámara Baja. Lo contrario, afirma, es hacer "alperovichismo cultural".
Enfrente, el diputado Juan Casañas no quiere a Cano de postulante. Y avisó que buscará la reelección, aunque deba enfrentar a Cano en las PASO de agosto.
El senador opositor tiene muchos motivos para negarse a ser candidato a diputado. Primero, la Cámara Baja, justamente, está un escalón político más abajo que la Cámara Alta. Segundo, todos le reclaman que encabece la lista pero nadie le ofrece el menor recurso para afrontar la campaña. Tercero, nadie le dice que va a ganar las elecciones: todos quieren que encabece una derrota. Cuarto, él declara que las elecciones son una oportunidad para que crezcan otras figuras: que recorran la provincia y se hagan conocer. Quinto, a sus amigos les ha dicho que quiere ser el jefe de un proyecto político, no un burro de carga electoral.
Pero también tiene una razón para postularse: su supervivencia política. Si el radicalismo sufre un desastre electoral porque él no se postula, no habrá 2015 para muchos. Tampoco para él.
Falso testimonio
Aquí empieza a tallar el otro sector de la oposición: FR. Venido a menos tras la sangría fratricida de los últimos años, ese partido participará sí o sí de los próximos comicios para no perder la personería de distrito: en 2011 no pudo superar las PASO porque no consiguió el 2% de los votos.
Esta vez apostará a su único legislador, Ricardo Bussi, que no compite contra Cano en las encuestas, pero sí contra cualquier otro precandidato. El radicalismo lo sabe: por debajo del senador, sus otras figuras tienen bajo nivel de conocimiento en la ciudadanía. Los "correligionarios" se excusan afirmando que Bussi es conocido sólo por el apellido y que tiene imagen negativa alta. Pero callan que, como contrapeso, FR ya tiene instalado su candidato.
Pero más aún: en uno y otro sector opositor no faltan los que apuestan plata a que Alperovich no va a ser candidato a diputado. Que todo es una cortina de humo. Que el candidato testimonial del oficialismo, en verdad, será Osvaldo Jaldo. Si fuese así, ¿los opositores tiene con quién ganarle al ministro del Interior?
Fantasías otoñales
Mientras la oposición duda, el alperovichismo proyecta. Tiene sueños de noches otoñales. Algunos, por ahora, parecen fantasías. Como la de que Alperovich, tras encabezar la lista de diputados, obtenga un rotundo triunfo, renuncie como gobernador en diciembre y asuma como legislador nacional. Y que entonces no sea él, sino quien complete su mandato, el que reforme la Constitución. Así "José" vuelve en 2015 a hacer uso de una reelección indefinida que él no plasmó.
Otros sueños, bastante más concretos, consisten en habilitar la reelección indefinida de cargos electivos en la provincia, pero empezando por la UNT. Los alperovichistas que anhelan ese escenario advierten que el rector sólo tiene un opositor en el Consejo Superior, con lo cual declarar la necesidad de la reforma del Estaturo Universitario es perfectamente factible. Qué ocurra en la eventual asamblea universitaria es otro cantar. Pero si ese sueño (que ante todo necesita del avenimiento de Juan Alberto Cerisola) se materializa, ¿qué van a decir algunos de los principales referentes de la UCR? ¿Qué va a decir el diputado Luis Sacca? ¿Y el propio Cano? ¿La reelección indefinida es mala para la provincia, pero saludable para la UNT?
Uno, otro y ni uno ni otro
Para algunos, sólo es ficción. Para otros, esa es la música a la que ya le puso letra el intendente de Yerba Buena. Daniel Toledo afirmó que la alternancia tiene que ceder ante el buen gobierno.
El problema de Tucumán no es que el oficialismo no advierta que, en democracia, un gobierno sin alternancia jamás será bueno.
El problema de Tucumán fue expuesto por monseñor Melitón Chávez, ese cura valiente que sostiene que imitar al papa Francisco también equivale a no callarse. Y que denunció que cada vez más jóvenes mueren en la marginalidad por la droga. Y que el Estado hace muy poco para frenar la venta de sustancias ilegales en los barrios pobres.
El problema de Tucumán es no tener alternancia y, como si no bastase, tampoco buen gobierno.
El gobernador agitó la bandera de "largada" de la campaña electoral temprano. Más o menos por la época en que sus adversarios se iban de vacaciones. Cuando volvieron los recibió con una bacanal de contrataciones directas para hacer pozos, cloacas, cordón cuneta, veredas, asfalto, viviendas y cualquier obra que pueda contratarse sin la más mínima garantía de transparencia. Pero el piso comenzó a crujir para los que enfrentan al oficialismo durante esta semana. Justo cuando Jorge Bergoglio hacía Historia (así, con mayúscula) y entusiasmaba a millones de creyentes y, también, a muchos que no lo son. Justo cuando el kirchnerismo aprendía, sin diccionarios, qué significa estar perfectamente equivocado y completamente desubicado. Justo cuando el arzobispado de Tucumán tomó la inolvidable determinación de que, a diferencia de la diócesis de Concepción, en las iglesias de la capital no habría vigilia para el inicio del ministerio petrino del papa Francisco.
Fue en esta semana crucial cuando José Alperovich hizo que el rumor de su candidatura testimonial a diputado se materializara y se convirtiera ya no en amague sino en estrategia oficial. En términos de Casa de Gobierno, "la está analizando". Y lo hace porque hay mucho en juego.
Todo al 54...
La necesidad de ofrendar un triunfo importante a la Presidenta es central. El kirchnerismo se juega medio relato en estos comicios. En concreto, la parte que dice que la Casa Rosada hace lo que hace porque tiene el apoyo del 54% de los argentinos. Hay que mantener la mitad más uno de los votos o buscarse otro discurso.
Por otro lado, y después de un año de obra pública famélica, el gobernador puede que quiera cobrar, en votos, los trabajos para los que consiguió financiamiento federal. Sobre todo ahora, que sigue con una imagen positiva alta, pero ya no en la estratósfera, como en sus dos gobernaciones anteriores. Y esa declinación se nota no sólo en las encuestas que él encarga y esconde, sino también en las "jaquecas" de la gestión: Domingo Amaya, en la capital; los mellizos Orellana, en Famaillá; Stella Maris Córdoba, en la Nación. Ignorar esos dolores de cabeza no equivale a que no existan. Y el oficialismo lo sabe. Encabezar la lista de diputados, luego, es poner a todos a jugar ese partido: no hacerlo es romper lanzas con él y con la jefa de Estado.
Y hay otra razón. Alumbrada en el seno de un proyecto político que, estadísticamente, sólo ha mostrado y demostrado desprecio por el sistema representativo, republicano y federal de gobierno. Para el alperovichismo, que el gobernador sea candidato testimonial significa darle opciones. Para sus escuderos, Alperovich debe tener la posibilidad de postularse y resultar electo, y después ver qué hace. Y si tuviera un triunfo arrollador en las urnas, debe tener la posibilidad de reformar la Constitución y habilitar más reelecciones, o la libertad de decidir no hacer tal cosa. Y hasta debe tener la opción de, reformada la Carta Magna, usar la reelección indefinida... o no.
En definitiva, que el mandatario sea el dueño de su destino. Y, por supuesto, del destino de la ultrajada institucionalidad de esta provincia. Porque, por supuesto, sólo es de ingenuos creer que este año, en las urnas, todo lo que se vota son diputados nacionales.
Los incondicionales
Si el alperovichismo, pese a tener fecha de vencimiento el 29 de octubre de 2015, puede seguir haciendo planes a largo plazo es gracias a las facilidades que le da su aliado incondicional desde hace una década: la oposición.
A los fines de su representación parlamentaria, se distinguen dos sectores. El menos minoritario es el que tiene candidato, pero no tiene candidato. Paradoja que explica por qué el alperovichismo gobierna con preocupaciones económicas, pero nunca políticas.
Se trata, en concreto, de la UCR, su pariente laico de centroizquierda, el Socialismo (hoy FAP, en sociedad con Libres del Sur), y su ocasional amigo de derecha, el PRO. La gran figura de ese espacio es el senador José Cano, quien hoy ratifica a quien se lo pregunta que de ningún modo será candidato a diputado.
Esa decisión ahuyenta una posible alianza entre estas fuerzas. En el FAP, el único acuerdo interno es llevar al senador como candidato. Hasta tienen un discurso al respecto: Cano es el candidato que quiere la oposición y que no quiere Alperovich. Así que si no va Cano, va "lo" que quiere el gobernador. En el PRO eso es todavía más evidente: organizaron un seminario para que Mauricio Macri aparezca con el jefe del bloque radical de la Cámara Alta.
Razones y cerrazones
En el radicalismo el asunto es otro, porque la negativa de Cano determinó el surgimiento de otros postulantes. Uno de los lanzados es el legislador Ariel García, que desde el año pasado sostiene -al igual que Federico Masso desde el FAP- que el parlamentario nacional debe encabezar la lista de diputados. Pero García no quiere "testimoniales": si Cano sale electo diputado, debe dejar el Senado, donde tiene mandato hasta 2015, e ir a la Cámara Baja. Lo contrario, afirma, es hacer "alperovichismo cultural".
Enfrente, el diputado Juan Casañas no quiere a Cano de postulante. Y avisó que buscará la reelección, aunque deba enfrentar a Cano en las PASO de agosto.
El senador opositor tiene muchos motivos para negarse a ser candidato a diputado. Primero, la Cámara Baja, justamente, está un escalón político más abajo que la Cámara Alta. Segundo, todos le reclaman que encabece la lista pero nadie le ofrece el menor recurso para afrontar la campaña. Tercero, nadie le dice que va a ganar las elecciones: todos quieren que encabece una derrota. Cuarto, él declara que las elecciones son una oportunidad para que crezcan otras figuras: que recorran la provincia y se hagan conocer. Quinto, a sus amigos les ha dicho que quiere ser el jefe de un proyecto político, no un burro de carga electoral.
Pero también tiene una razón para postularse: su supervivencia política. Si el radicalismo sufre un desastre electoral porque él no se postula, no habrá 2015 para muchos. Tampoco para él.
Falso testimonio
Aquí empieza a tallar el otro sector de la oposición: FR. Venido a menos tras la sangría fratricida de los últimos años, ese partido participará sí o sí de los próximos comicios para no perder la personería de distrito: en 2011 no pudo superar las PASO porque no consiguió el 2% de los votos.
Esta vez apostará a su único legislador, Ricardo Bussi, que no compite contra Cano en las encuestas, pero sí contra cualquier otro precandidato. El radicalismo lo sabe: por debajo del senador, sus otras figuras tienen bajo nivel de conocimiento en la ciudadanía. Los "correligionarios" se excusan afirmando que Bussi es conocido sólo por el apellido y que tiene imagen negativa alta. Pero callan que, como contrapeso, FR ya tiene instalado su candidato.
Pero más aún: en uno y otro sector opositor no faltan los que apuestan plata a que Alperovich no va a ser candidato a diputado. Que todo es una cortina de humo. Que el candidato testimonial del oficialismo, en verdad, será Osvaldo Jaldo. Si fuese así, ¿los opositores tiene con quién ganarle al ministro del Interior?
Fantasías otoñales
Mientras la oposición duda, el alperovichismo proyecta. Tiene sueños de noches otoñales. Algunos, por ahora, parecen fantasías. Como la de que Alperovich, tras encabezar la lista de diputados, obtenga un rotundo triunfo, renuncie como gobernador en diciembre y asuma como legislador nacional. Y que entonces no sea él, sino quien complete su mandato, el que reforme la Constitución. Así "José" vuelve en 2015 a hacer uso de una reelección indefinida que él no plasmó.
Otros sueños, bastante más concretos, consisten en habilitar la reelección indefinida de cargos electivos en la provincia, pero empezando por la UNT. Los alperovichistas que anhelan ese escenario advierten que el rector sólo tiene un opositor en el Consejo Superior, con lo cual declarar la necesidad de la reforma del Estaturo Universitario es perfectamente factible. Qué ocurra en la eventual asamblea universitaria es otro cantar. Pero si ese sueño (que ante todo necesita del avenimiento de Juan Alberto Cerisola) se materializa, ¿qué van a decir algunos de los principales referentes de la UCR? ¿Qué va a decir el diputado Luis Sacca? ¿Y el propio Cano? ¿La reelección indefinida es mala para la provincia, pero saludable para la UNT?
Uno, otro y ni uno ni otro
Para algunos, sólo es ficción. Para otros, esa es la música a la que ya le puso letra el intendente de Yerba Buena. Daniel Toledo afirmó que la alternancia tiene que ceder ante el buen gobierno.
El problema de Tucumán no es que el oficialismo no advierta que, en democracia, un gobierno sin alternancia jamás será bueno.
El problema de Tucumán fue expuesto por monseñor Melitón Chávez, ese cura valiente que sostiene que imitar al papa Francisco también equivale a no callarse. Y que denunció que cada vez más jóvenes mueren en la marginalidad por la droga. Y que el Estado hace muy poco para frenar la venta de sustancias ilegales en los barrios pobres.
El problema de Tucumán es no tener alternancia y, como si no bastase, tampoco buen gobierno.
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