River y el sabor de Mora
Un comienzo desalentador. River la pasa mal con Boca, que se anima por derecha con un Lautaro Acosta imparable. Es una locomotora "Laucha" que, entrado el primer superclásico del año en Mar del Plata, empieza a perder intensidad. Es una máquina a vapor el delantero. Y Bianchi, desde el banco, ve como su tren disminuye la velocidad y le da respiro a un mendigo devenido en "millonario". Se da vuelta la tortilla.
Hay un clic, un giro más tuerca y River empieza a raspar en el Mundialista. Ponzio se hace dueño del medio, del suyo y del del primo de toda la vida. Somoza necesita rueditas; Paredes nada en su laguna y Erviti, como puede, intenta levantar a un Ledesma en stand by.
La clave del éxito estuvo ahí, en el dominio que River supo imponer en la zona caliente. Porque chances de gol, hasta el cierre del primer acto, hubo para ambos bandos, aunque ninguna seria. Pero, oportunidades en el complemento fueron todas de los de Núñez. Arrancó caliente y terminó en llama, después de romper definitivamente la tela de araña atada con alambre de la aduana "xeneize". Ponzio encontró a Mauro Díaz, un pensador nato, y Mauro se asoció arriba con Vangioni. Leonel hizo lo que debía: meter un centro al área. Y Mora, el más pequeño de todos, ganar el pelota y hacer barullo. Dicho y hecho. Cabezazo y adentro. Boca quedaba en ruinas a los 68'. No reaccionó después, y eso que Funes Mori le dio ánimo con sus pifias. Mora, claro, hizo lo contrario y lo volvió a sacudir con un latigazo y un 2-0 letal.


