Los dos reconocen que se llevan muy bien. La armonía reina en casa, más allá de los roces propios de cualquier pareja. ¿Será que la clave pasa porque son boxeadores y en cada entrenamiento descargan sus energías, positivas o no, hasta que el cansancio los frena? Ella, Guadalupe María Antonia Maldonado; él, Claudio Damián Aragón, son pareja y boxean ¡entre ellos! todos los días.
"Desde chiquita me gustó el boxeo. Vi una pelea de Carlos Monzón y me gustaba lo que hacía; quería ser como él", reconoció "La Piba". Guadalupe ya no es una niña. Tiene 21 años y vive de ese deseo que nació hace mucho tiempo. "Al principio, a mi papá no le agradaba la idea. Pensaba que con el tiempo me iba a olvidar", recordó Maldonado. El pensamiento estuvo tan errado como un gancho mal ejecutado y sin destino alguno. "Al principio estaba enojado, pero ahora es mi entrenador", comentó la boxeadora el cambio progresivo de la actitud de su padre.
"La Piba" no sólo sedujo a su hombre hasta sus brazos, sino también hasta el cuadrilátero. "Nos conocemos desde los 12 años. Somos vecinos del barrio Los Castillos y éramos amigos antes que ella empezara a boxear", apuntó el sparring de su pareja. "Hace dos años, cuando empezamos a convivir, empecé con el boxeo", recordó Aragón. El amateur sabe que "La Piba" es la profesional y con la intención de ayudar en su carrera se calzó los guantes para facilitar el trabajo.
"El boxeo me gusta y además la ayudo. Nos entrenamos entre tres y cuatro horas por día. Yo tengo un trabajo aparte y si pudiera me dedicaría sólo a esto, pero todavía no me da", explicó el joven de 22 años. Aragón no tiene nada de pereza en terminar su jornada laboral, regresar a casa, ponerse la ropa de entrenamiento y empezar a boxear con la mujer que ama. Es que la idea del team apunta a que el deporte sea su única actividad. "Nos podría dar una buena vida", diagnosticó "La Piba".
Ya la pasan bien, pero falta que la pasión por el boxeo invada toda la realidad familiar. "Con el boxeo se van todos los vicios y los desvelos. Claudio es muy disciplinado: no toma, no sale de noche y no se desvela. Va del trabajo al entrenamiento y del entrenamiento a dormir", elogia Maldonado a su pareja.
La pequeña perturbadora
Ambos coinciden en que el equilibrio que hay entre el hogar y el ring es perturbado, aunque gentilmente, por Araceli. "Alguien nos saca de quicio", bromea la boxeadora con su hija de dos años en brazos. ¿Que pasaría si Araceli quiere seguir los pasos de mamá? "Si ella quiere, la haría boxear, pero me daría miedo como le dio a mi papá al principio", reconoció Maldonado.
Analizando el discurso de "La Piba", quizás hasta sería favorable que si Araceli desea boxear, lo haga. No vaya a ser que, como mamá, tenga la herencia genética a la que hace referencia. "Es que tengo los arranques de mi papá... ¡Maldonado tengo que ser!", dijo riéndose la boxeadora. "Claudio me deja gritando cuando discutimos; no me lleva el apunte", siguió entre risas.
Y si Araceli salió a mamá, será mejor que rápidamente el deseo por pegar en el alto rendimiento deportivo sea canalizado. Si la historia se repite, las consecuencias pueden ser complicadas. "Me expulsaron de cinco escuelas. Era buena estudiante y me sacaba buenas notas, pero peleaba mucho. Mis compañeros eran medio cargosos y yo medio idiota", reconoció la boxeadora.
Antes de lamentarse por su temperamento problemático, "La Piba" se la rebuscó: vive a los golpes, pero con mucho amor.
"Desde chiquita me gustó el boxeo. Vi una pelea de Carlos Monzón y me gustaba lo que hacía; quería ser como él", reconoció "La Piba". Guadalupe ya no es una niña. Tiene 21 años y vive de ese deseo que nació hace mucho tiempo. "Al principio, a mi papá no le agradaba la idea. Pensaba que con el tiempo me iba a olvidar", recordó Maldonado. El pensamiento estuvo tan errado como un gancho mal ejecutado y sin destino alguno. "Al principio estaba enojado, pero ahora es mi entrenador", comentó la boxeadora el cambio progresivo de la actitud de su padre.
"La Piba" no sólo sedujo a su hombre hasta sus brazos, sino también hasta el cuadrilátero. "Nos conocemos desde los 12 años. Somos vecinos del barrio Los Castillos y éramos amigos antes que ella empezara a boxear", apuntó el sparring de su pareja. "Hace dos años, cuando empezamos a convivir, empecé con el boxeo", recordó Aragón. El amateur sabe que "La Piba" es la profesional y con la intención de ayudar en su carrera se calzó los guantes para facilitar el trabajo.
"El boxeo me gusta y además la ayudo. Nos entrenamos entre tres y cuatro horas por día. Yo tengo un trabajo aparte y si pudiera me dedicaría sólo a esto, pero todavía no me da", explicó el joven de 22 años. Aragón no tiene nada de pereza en terminar su jornada laboral, regresar a casa, ponerse la ropa de entrenamiento y empezar a boxear con la mujer que ama. Es que la idea del team apunta a que el deporte sea su única actividad. "Nos podría dar una buena vida", diagnosticó "La Piba".
Ya la pasan bien, pero falta que la pasión por el boxeo invada toda la realidad familiar. "Con el boxeo se van todos los vicios y los desvelos. Claudio es muy disciplinado: no toma, no sale de noche y no se desvela. Va del trabajo al entrenamiento y del entrenamiento a dormir", elogia Maldonado a su pareja.
La pequeña perturbadora
Ambos coinciden en que el equilibrio que hay entre el hogar y el ring es perturbado, aunque gentilmente, por Araceli. "Alguien nos saca de quicio", bromea la boxeadora con su hija de dos años en brazos. ¿Que pasaría si Araceli quiere seguir los pasos de mamá? "Si ella quiere, la haría boxear, pero me daría miedo como le dio a mi papá al principio", reconoció Maldonado.
Analizando el discurso de "La Piba", quizás hasta sería favorable que si Araceli desea boxear, lo haga. No vaya a ser que, como mamá, tenga la herencia genética a la que hace referencia. "Es que tengo los arranques de mi papá... ¡Maldonado tengo que ser!", dijo riéndose la boxeadora. "Claudio me deja gritando cuando discutimos; no me lleva el apunte", siguió entre risas.
Y si Araceli salió a mamá, será mejor que rápidamente el deseo por pegar en el alto rendimiento deportivo sea canalizado. Si la historia se repite, las consecuencias pueden ser complicadas. "Me expulsaron de cinco escuelas. Era buena estudiante y me sacaba buenas notas, pero peleaba mucho. Mis compañeros eran medio cargosos y yo medio idiota", reconoció la boxeadora.
Antes de lamentarse por su temperamento problemático, "La Piba" se la rebuscó: vive a los golpes, pero con mucho amor.







