"¿Por qué me decís que hay que estudiar si vos no preparás tu clase?"

27 Oct 2012

Ellos piden que al frente haya un líder. No entienden por qué a algunos profesores los respetan desde el primer día y a otros no les hacen caso nunca. Con estos últimos suelen tener más problemas ya que, al no controlar la clase, explota con un grito, un insulto, una amenaza y hasta un golpe. Los chicos consultados por LA GACETA no pueden expresar con claridad qué tiene un profesor que no tenga otro; solo lo pueden resumir en la frase "es una cuestión de actitud".

"En términos generales, podríamos definir el liderazgo como el arte de influir positivamente en las personas, pero es algo sumamente complejo de construir. El viejo modelo de liderazgo, el que imponía el control y el orden sin demasiadas explicaciones y solo en función de la investidura del líder (en este caso el docente), en la actualidad ha caído; tratar de imponerse de ese modo es veneno y trae consecuencias opuestas a las que se busca", explica José María Blunda, especialista en psicología en organizaciones y empresas. "Lo que se busca ahora es que los líderes sean coherentes, que testimonien con su ejemplo, que marquen lo negativo pero que valoren lo positivo y que estén dispuestos a escuchar", agrega.

Detectan las flaquezas

Según Sergio Esparrell, psicólogo de los gabinetes del Instituto Técnico y del Gymnasium de la UNT, los adolescentes tienen una capacidad especial para detectar las flaquezas de los mayores y eso provoca que les pierdan el respeto. "Un profe que está en posición de adulto, que sabe lo que quiere de su vida, no tiene problemas frente a los chicos. El tema es cuando el profe quiere que el adolescente le dé sentido a su vida. Los adolescentes interpelan qué hizo el adulto con su vocación y tienen una capacidad de percepción muy desarrollada de la inconsistencia del otro; entonces se preguntan: '¿por qué me decís que hay que estudiar si vos no preparás tu clase?', por ejemplo", plantea.

Para Blunda, hay personas que nacen con la inteligencia emocional más desarrollada que otras y eso se plasma en el don del carisma. "Sin embargo, es algo que se puede moldear, las capacidades se pueden entrenar", asegura.

Denuncia permanente

Desde otra óptica, Esparrell opina que nada tendrá sentido si el docente no está conforme con su vocación o si no está seguro de cuál es su función en el aula. "El profesor debe plantearse si sigue o no eligiendo su oficio; esa definición lo posicionará en función de liderazgo. A veces es necesario que revise su relación con su trabajo; eso es algo que pasa en cualquier ámbito laboral, pero acá es especialmente importante porque el adolescente está en un papel de denuncia permanente", finaliza.

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