12 Octubre 2012 Seguir en 
Los tiempos cambian y no siempre para mejor. Hasta hace cuatro o cinco lustros parecía impensable que una persona pudiese ser asaltada en el centro y a plena luz del día. No se hablaba de la plaga de los motoarrebatadores y nadie imaginaba que una escuela o una iglesia podía ser saqueada. Si antes los delincuentes respetaban algunos símbolos y tenían algún tipo de códigos, estos no existen en la actualidad. A menudo, los más violentos suelen actuar bajo efectos de la droga.
En nuestra edición del miércoles, dedicamos un amplio espacio a los pillajes en las escuelas. Por ejemplo, la N° 175, ubicada sobre la ruta 306, a sólo dos km de Villa de Leales, fue asaltada en tres oportunidades. La última vez fue en la víspera del acto escolar del Bicentenario de la Batalla de Tucumán.
Hace dos años, robaron siete computadoras, rompieron puertas. La Policía pudo recuperar algunas cosas. En otra ocasión, hurtaron los pollos, las pantallas de gas y las garrafas y en la última, los despojaron dos computadoras, una garrafa, una fotocopiadora, una TV y el horno pizzero, con el cual los docentes les cocinaban a 135 alumnos que desayunan, almuerzan y meriendan en el establecimiento. Los malvivientes también asaltaron en esos días la escuela de Los Campero y la de Santa Rosa de Leales.
Son alrededor de 1.200 establecimientos en toda la provincia que necesitarían vigilancia. "Los docentes trabajan estos temas con los chicos, con los padres y en la comunidad; estas situaciones exceden al sistema; es un problema de toda la sociedad; muchas escuelas cuentan con alarmas, y tratamos de responder específicamente en cada caso", dijo la secretaria de Gestión Educativa. La funcionaria juzgó que una de las posibles causas que tientan a los malvivientes es el abundante equipamiento que han recibido las escuelas. El subcomisario de la Regional Sur opinó que los ladrones no son oriundos de la zona de las escuelas saqueadas porque antes no se registraban robos allí y afirmó que los comisarios y los delegados comunales decidieron reforzar las guardias e incrementar los patrullajes. Mientras que el titular de ATEP señaló que se debe designar con urgencia personal de maestranza en todos los turnos escolares, y ver de qué manera proteger los fines de semana y durante las vacaciones los locales escolares.
La prevención, por cierto, no es sencilla porque muchas escuelas carecen de serenos. Se propuso en otras oportunidades que un vecino tuviese el número de teléfono del director para que ante cualquier situación extraña, se comunicara con este para que diera aviso al Ministerio. Aunque sería más rápido y efectivo si se comunicara directamente con la Policía.
El problema de la delincuencia y de la inseguridad excede el ámbito policial y debería ser abordado en forma integral. Tal vez se podría organizar a la comunidad en patrullas vecinales rotativas, coordinadas con las fuerzas de seguridad. Quizás podría convocarse a una parte de los miles de tucumanos que cobran un plan social para que oficiaran de serenos. En ese caso, deberían ser capacitados por la Policía. Se suele decir que el delito no descansa, por lo tanto hay que apelar a la imaginación para encontrar nuevos modos de enfrentarlo, porque está visto que la respuesta habitual, de actuar luego del hecho consumado, no sirve demasiado. Una escuela que se saquea implica una especie de autogresión porque pierde no sólo la comunidad educativa, sino toda la sociedad.
En nuestra edición del miércoles, dedicamos un amplio espacio a los pillajes en las escuelas. Por ejemplo, la N° 175, ubicada sobre la ruta 306, a sólo dos km de Villa de Leales, fue asaltada en tres oportunidades. La última vez fue en la víspera del acto escolar del Bicentenario de la Batalla de Tucumán.
Hace dos años, robaron siete computadoras, rompieron puertas. La Policía pudo recuperar algunas cosas. En otra ocasión, hurtaron los pollos, las pantallas de gas y las garrafas y en la última, los despojaron dos computadoras, una garrafa, una fotocopiadora, una TV y el horno pizzero, con el cual los docentes les cocinaban a 135 alumnos que desayunan, almuerzan y meriendan en el establecimiento. Los malvivientes también asaltaron en esos días la escuela de Los Campero y la de Santa Rosa de Leales.
Son alrededor de 1.200 establecimientos en toda la provincia que necesitarían vigilancia. "Los docentes trabajan estos temas con los chicos, con los padres y en la comunidad; estas situaciones exceden al sistema; es un problema de toda la sociedad; muchas escuelas cuentan con alarmas, y tratamos de responder específicamente en cada caso", dijo la secretaria de Gestión Educativa. La funcionaria juzgó que una de las posibles causas que tientan a los malvivientes es el abundante equipamiento que han recibido las escuelas. El subcomisario de la Regional Sur opinó que los ladrones no son oriundos de la zona de las escuelas saqueadas porque antes no se registraban robos allí y afirmó que los comisarios y los delegados comunales decidieron reforzar las guardias e incrementar los patrullajes. Mientras que el titular de ATEP señaló que se debe designar con urgencia personal de maestranza en todos los turnos escolares, y ver de qué manera proteger los fines de semana y durante las vacaciones los locales escolares.
La prevención, por cierto, no es sencilla porque muchas escuelas carecen de serenos. Se propuso en otras oportunidades que un vecino tuviese el número de teléfono del director para que ante cualquier situación extraña, se comunicara con este para que diera aviso al Ministerio. Aunque sería más rápido y efectivo si se comunicara directamente con la Policía.
El problema de la delincuencia y de la inseguridad excede el ámbito policial y debería ser abordado en forma integral. Tal vez se podría organizar a la comunidad en patrullas vecinales rotativas, coordinadas con las fuerzas de seguridad. Quizás podría convocarse a una parte de los miles de tucumanos que cobran un plan social para que oficiaran de serenos. En ese caso, deberían ser capacitados por la Policía. Se suele decir que el delito no descansa, por lo tanto hay que apelar a la imaginación para encontrar nuevos modos de enfrentarlo, porque está visto que la respuesta habitual, de actuar luego del hecho consumado, no sirve demasiado. Una escuela que se saquea implica una especie de autogresión porque pierde no sólo la comunidad educativa, sino toda la sociedad.






