La enseñanza del folclore en la escuela

23 Sep 2012

Es una palabra que tiene que ver con la identidad de una comunidad. Según una de sus definiciones, es el conjunto de prácticas, creencias y costumbres tradicionales de un pueblo o de una cultura. El folclore también incluye los bailes, la música, las leyendas, los cuentos, las comidas, las artesanías, las supersticiones, así como la flora, la fauna. Como un modo de evitar ser tragados por la globalización, desde hace unos años circula la idea de reforzar los valores culturales de nuestra sociedad, enseñando el folclore en la escuelas. Ese fue uno de los objetivos de la Academia del Folklore de la República Argentina cuando se creó en 2007 y que fue analizado desde distintos ángulos en el reciente II Congreso Nacional de Folclore que se efectuó a fines de agosto pasado en Corrientes. El jueves, se presentó en la Cámara de Diputados de la Nación del proyecto de ley para introducir la enseñanza del folclore en ciclo primario.

El folclore contribuye a reforzar el sentimiento de comunidad como espacio de cohesión, de reproducción de valores y de pertenencia, señaló Antonio Rodríguez Villar, presidente de la Academia y autor de la chacarera "La flor azul". El sistema educativo puede y debe promover y garantizar un cambio. Para lograrlo se deben seleccionar y organizar los contenidos folclóricos que el niño y su comunidad local y nacional poseen y aplicarlos creativamente en la escuela, y así desarrollar una relación esencial de pertenencia con su entorno y estimular la cultura del trabajo y del esfuerzo individual y cooperativo. "El niño se nutre de la cultura tradicional a partir de ese saber transmitido por la experiencia, en forma oral y a través de las generaciones, de las que recibe diferentes formas y modos de satisfacer sus necesidades de tipo material, social y espiritual. Para afirmar y valorar el acervo cultural es fundamental reconstruir nuestro árbol genealógico, que nos posibilite reafirmar y revalorizar nuestras raíces nacionales y latinoamericanas, y despertar sentido de pertenencia y amor hacia nuestra identidad", dijo.

La propuesta no es nueva para Tucumán. En la década de 1930, por impulso de Ernesto Padilla y Alberto Rougés, el gobierno de Miguel Campero contrató a Juan Alfonso Carrizo para que recopilara las coplas populares del NOA. Los cancioneros fueron editados por la Universidad Nacional de Tucumán. El proyecto era recobrar esa valiosa memoria colectiva y enseñar el folclore en las escuelas. En la década de 1940, se contrató a Isabel Aretz para que recogiera las músicas populares y en 1946, la UNT publicó su libro "Tucumán", que merecería una reedición.

Aunque hay algunas pocas provincias, donde se enseña el folclore en las escuelas, sería positivo que las restantes se adhirieran a la norma nacional una vez que entrara en vigencia. A tal efecto, sería positivo si la Academia interesara previamente a los gobernadores sobre su iniciativa para que estos pidieran a sus legisladores que apoyaran su sanción y comprometieran a sus ministerios de educación a incorporar a los planes de estudios la asignatura, y trabajaran con el debido asesoramiento en la formación docente.

Nos parece desde todo punto de vista positiva esta iniciativa, teniendo en cuenta que los tucumanos poco o nada conocen de su historia, de su cultura, de su geografía. Y pese a que constantemente se publican trabajos de investigación y libros sobre distintos aspectos de la provincia, estos prácticamente no trascienden a la comunidad porque Tucumán no es objeto de estudio constante en el sistema educativo.

Suele decirse que un pueblo sin raíces y sin cultura propia carece de identidad. El folclore es un camino para conocernos. A mayor identidad, mejores ciudadanos y dirigentes.

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