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Lo culpan por el suicidio de su hija pero él dice que la protegía

Jessica Dumont tenía 17 años el 12 de julio de 2010, cuando se suicidó. Horas antes, su papá la había sacado con la Policía de una fiesta. Lo acusan de homicidio preterintencional, abuso sexual simple agravado por el vínculo e instigación al abuso de autoridad.
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"NO PUEDO TRABAJAR". Dumont es visitador médico pero no puede ejercer debido a su estado depresivo. LA GACETA / FOTO DE HECTOR PERALTA

Que su vida se acabó junto a la de su hija, dice. Que no tiene sosiego, que no puede andar por la calle y que se siente juzgado por la prensa y por la sociedad. Por eso Roberto Dumont decidió dar la cara y, por primera vez, contar de manera pública su versión de la trágica tarde del 12 de julio de 2010 cuando Jessica Dumont, que tenía 17 años, se suicidó de un tiro en la cabeza. A sus 44 años, confiesa que el único motivo por el que sigue vivo es porque desea más que nada demostrar que es inocente, que nunca quiso hacerle mal a su hija y que todas las acusaciones en su contra son falsas. "Vine a contar la verdad para que todos sepan que lo único que hice siempre fue protegerla", anuncia. Después, las lágrimas y el temblor de sus manos van a interrumpir su relato en varias oportunidades.

Dumont irá a juicio oral. Está imputado por homicidio preterintencional, abuso sexual simple agravado por el vínculo e instigación al abuso de autoridad. Sabe que hay muchas voces en su contra, pero advierte que la va a pelear para demostrarle a la justicia que no es culpable.

"No volvía a casa"


Comienza su relato retrocediendo al día anterior del hecho, cuando estaba a cargo de Jessica y de su hijo de 13 años porque su ex esposa, su hija mayor y su suegra habían viajado a Santiago del Estero. Dice que esa noche la adolescente le pidió plata y le avisó que iría a una fiesta de disfraces con su amiga Romina. Pero cuando se despertó al día siguiente -a las 9.15- sólo dormía esta última en la habitación de su hija. Preocupado, la llamó a su celular. "No te preocupes 'papu', estoy a cuatro cuadras y ya voy a la casa", cuenta que le respondió.

El hombre señala que después se fue a desayunar con su hijo y un amigo, pero que todo el tiempo estuvo llamando a su hija y ésta no volvió a contestar. "A las 12.05 volvemos a casa y Jessica no había llegado. Ahí me dice Romina que estaba en una casa de Santa Fe al 4.000". Ambos subieron al auto y fueron a buscarla. Dumont menciona que se encontró con una casa sencilla que tenía un portón negro, un jardín y una puerta más adentro. Dice que los atendió una chica de unos 20 años, quien les negó que Jessica estuviera allí.

"Yo soy su papá, por favor decime dónde está, con quién, a qué hora se fue. Mirá la hora que es y no ha vuelto a mi casa", suplicó. Pero la joven le respondió que no sabía nada. "Subimos al auto para ir a la comisaría y Romina me dice 'no, yo sé que Jessica está ahí, vamos, voy a entrar con usted'". Según el relato de Dumont, la misma mujer intentó retenerlos en el jardín, pero él insistió en ingresar. Describe que era un lugar oscuro, que había varias mujeres y dos hombres jóvenes acostados en el piso, consumiendo bebidas alcohólicas. Caminó hacia el fondo y reconoció a su hija en una de las habitaciones, estaba acostada en una cama.

"¿Qué hacés acá, cuándo pensás volver a la casa?", le preguntó. Como la joven le respondió que tenía sueño y regresaría más tarde, la tomó del brazo para llevarla. "Entonces siento que me tiran un vaso con fernet desde atrás y me agarran dos tipos; me pegaron trompadas hasta tirarme al piso, donde me patearon", asegura. También afirma que Jessica estaba nerviosa y les pedía que soltaran a su papá. Recién entonces lo dejaron salir.

Ante tales disturbios, los vecinos llamaron a la Policía. Dumont señala que los uniformados lo encontraron sentado en el cordón de la vereda, con un ataque de broncoespasmos, ensangrentado y con la ropa rota. Por detrás, llegaron su hijo menor y el novio de Jessica, Alejandro. "Le dije a la Policía que no iba a ir a hacer la denuncia hasta que saquen a mi hija de ahí". Dice que cuando las mujeres de la fuerza entraron a buscarla, Jessica se tambaleaba para caminar.

En la comisaría

Todos se trasladaron a la seccional 12ª, pero en móviles separados: Dumont, su hija, Romina y los dos jóvenes que acababan de golpearlo, que quedaron detenidos. "Les cuento a los policías lo que había visto y ellos me sugirieron que pida un examen ginecológico para saber si la habían violado. Mi hija era virgen y ahora me acusan de abusador".

En su declaración testimonial a la Policía, Jessica habla de su padre como la "víctima", afirma que no se encuentra lesionada y sostiene que no conoce a ninguna de las personas que estaban en esa casa, excepto a una amiga que sería la anfitriona.

El desenlace

Mientras los médicos atendían a Dumont en el hospital Padilla, fueron llegando varios miembros de la familia. "Mi ex mujer me abraza y me dice: 'mirá cómo te dejaron estos desgraciados; qué padre excelente sos, te amo", cuenta. En ese momento, afuera del hospital, Jessica lloraba porque no había podido defender a su papá, según afirma el imputado.

El padre de Jessica expresa que al salir de ahí, la joven corrió a abrazar a su mamá, pero que ésta la frenó: "Me desilusionaste una vez más". Además -dijo- le prohibió viajar a Bariloche con sus compañeros. Dumont afirma que la joven le respondió que ya no volvería a desilusionarla porque se iba a matar y que la mujer le contestó con indiferencia.

La familia se retiró a su casa del barrio América. Jessica, en tanto, se fue a la casa de su abuela materna. A las 19, sonó el teléfono en la casa de Dumont. "Era mi hija mayor avisando que Jessi se había suicidado". La joven -dijo- se disparó en la cabeza con un arma que guardaba su abuela en un placard.