JOYAS DE MI CIUDAD

Una de las casas emblemáticas de Yerba Buena se convirtió en un lavadero de autos

El chalet de San Martín y La Madrid se construyó alrededor de 1900. A lo largo de un siglo pasó de mano en mano. Antiguas fiestas veraniegas.
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LA ANTIGUA CASONA QUE SE CONVIRTIÓ EN LAVADERO.  |  Ampliar  (1 de 5 fotos)

La fachada rosada se impone a la vista de todos. Está en una esquina tan transitada que es imposible no divisarla. La ha golpeado el tiempo, pero no quiere ser olvidada por segunda vez. Pretende que recuerden las fiestas de verano que se realizaban en los jardines, más de una vez interrumpidas por la lluvia. Según cuentan, los invitados debían resguardarse bajo la galería frontal o en algunas de las seis habitaciones que tenía en los primeros tiempos, allá por 1900.

La casa de la familia de don Antonio Ruiz está ubicada en Yerba Buena, entre las calles San Martín y La Madrid, y ha pasado de mano en mano durante más de un siglo. Muy lejos del uso inicial -vivienda de fin de semana- hoy la habita una familia joven y el fondo se ha convertido en un lavadero de autos.

Laberinto de dueños
"Esta propiedad fue de don Antonio Ruiz, pero de los Ruiz que ya desaparecieron. Él tenía muchos perritos acá y los chicos de la zona, como yo, veníamos a verlos. Después me acerqué a pedir trabajo, como a los 28 años, y me otorgaron el puesto de casero. El último dueño fue "Cacho" Cueto, que no vino nunca más", comentó José Cabeza, de 56 años. Él dice que es el actual propietario de la casa.

Sucede que cuando murió don Antonio, los Ruiz vendieron el terreno a la empresa de galletitas Lía, ya desaparecida. Luego Arcor compró la propiedad. Desde ese tiempo -aclara Cabeza- los dueños no volvieron para reclamarla. "Me debían muchos años de sueldo, así que me quedé con la casa. Mi hijo, Maximiliano, su mujer, Victoria, y mi nieta, Isabella, de 10 meses, viven en el chalet", relató.

Dos puertas de hierro son la antesala de un terreno de no más de 20 metros cuadrados. En el centro se ubica el edificio, cuyo techo está elevado a cinco metros. Las puertas de madera de roble sobrevivieron al paso del tiempo, pero han recibido varias capas de pintura.

Los vidrios de algunas puertas y ventanas se rompieron y aún no han sido repuestos, y el paisaje que rodea el viejo chalet seguramente no es el mismo que el de los orígenes. Antes estaba rodeada de fincas. Ahora se enfrenta con casas de vecinos que prefieren dejar crecer los ligustros y no permitir el paso del sol por las ventanas. El techo es de tejuelas y de chapa.

Las viejas palmeras
En la pared frontal de la casa se distinguen un rosetón de argamasa con figura humana y una incompleta rosa de viento en lo más alto del techo. La galería está resguardada por una balaustrada de estilo francés. En el jardín aún se levantan ocho de las nueve palmeras que nacieron con la misma casa. También quedaron en la galería las baldosas originales con flores de color bordó, verde y blanco.

Según la Municipalidad de Yerba Buena, la casa rosada de don Antonio (o de los Cueto) forma parte del paseo turístico por la ciudad. El Circuito Arquitectónico concentra lugares, edificaciones y monumentos que poseen interés cultural. Sin embargo, el director de Turismo de la intendencia, Pablo Torasso, aclaró a que la casa no se la usa para visitas porque no se encuentra en óptimas condiciones.

"Desde que la tenemos la vamos arreglando de a poco, porque estaba destruida. ¿Sabés lo difícil y caro que es mantener una casa como esta?", enfatizó Maximiliano Cabeza mientras le ofrecía a LA GACETA un paseo por su centenario hogar.

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