Aturdidos y abandonados

Por Fernando Stanich 02 Agosto 2012
Pocas cosas pueden resultar más peligrosas que un político desorientado. Porque un dirigente despistado es capaz de tener reacciones más imprevisibles que mono con navaja. Y, por primera vez en nueve años, los alperovichistas admiten haber perdido la brújula. En la provincia del hombre que hace cuando quiere, como quiere y porque quiere lo que se le plazca, hace tiempo que nada pasa. Oficialistas y opositores esperan que él algo haga. Pero él nada hace.

Acostumbrados a un ritmo frenético, los que responden al gobernador José Alperovich se preguntan qué pasa. Desde que inició su tercera gestión, el mandatario pasó más horas arriba de un avión que en este suelo. Y cuando él no está, en Casa de Gobierno no se prende, literalmente, siquiera un foco de más.

Ese estado político casi abandónico se derrama. Antes de las elecciones de 2011 se presagiaba que Alperovich priorizaría a los dirigentes puros para resguardarse de las traiciones en el, hasta aquí, su último período. Los hechos muestran que lo está cumpliendo. El eje de poder en la Legislatura ya no pasa por los históricos del peronismo. Roque Álvarez, Sisto Terán, Armando Cortalezzi y Regino Amado, por citar algunos ejemplos, ceden día a día protagonismo en manos de Ramiro González Navarro, Guillermo Gassenbauer, Marcelo Caponio y hasta Marcelo Ditinis.

Nada es casual. Alperovich habla cada vez menos. Pero su esposa, la senadora Beatriz Rojkés, lo hace cada vez más. ¿Cuál es el interlocutor válido si se piensa en 2015? Todos dudan. Pero observan que se desmorona el castillo de cristal kirchnerista y se afligen porque aquí no surgen novedades. Legisladores, intendentes y concejales esperan que Alperovich les diga "avancen con la reforma constitucional". Pero nadie sabe si él realmente quiere o no quiere ir por otro mandato. Algunos lo imaginan en el Senado. Incluso junto a su esposa. Pero para que esa teoría cierre falta un sucesor. Y los alperovichistas encuentran varios segundos, pero no se imaginan otro primero por fuera del matrimonio gobernante.

El intendente Domingo Amaya aparece en casi todas las fórmulas que se barajan. Pero en Casa de Gobierno se esmeran por dar otros indicios. O cómo debe interpretarse que a la capital hayan decidido "darle" apenas lo justo para funcionar. En el alperovichismo fundamentalista no toleran las libertades de Amaya. Los ejemplos se multiplican. El último se dio en el PJ, en el 60 aniversario de la muerte de Evita: Rojkés chicaneó a Amaya y lo invitó a hablar. El intendente primero dudó, pero después tomó el micrófono por unos segundos. Casi en paralelo, en la plazoleta Eva Perón una muchedumbre de amayistas recordaba a la hoy dueña de los billetes de $ 100.

Hacia 2013 todo es incierto. Nadie sabe quiénes serán los candidatos del PJ. Se renuevan cuatro bancas y, por los últimos resultados, el oficialismo le apunta a tres. Muchos ya presagian que la Casa Rosada hará una reserva para Stella Maris Córdoba y para La Cámpora. ¿Quién será ese único auténtico alperovichista? A juzgar por las últimas decisiones, alguien del círculo más íntimo o de la familia.

Claro que la turbación no es patrimonio del partido gobernante. El radicalismo, por estas horas, es un nubarrón del que salen gotas, truenos y relámpagos. El canismo, a priori mayoría o, por lo menos, el que más "institucionales" de su lado tiene, quiere evitar la interna del 26 de agosto. Algo de razón, habrá que concluir, tiene. Basta con recordar el papelón de 2011, cuando hasta muertos aparecieron emitiendo su voto.

Se ve, no son pocos los que caminan aturdidos este 2012 y no hallan el camino. Lo peligroso es que están desorientados. Y que falta mucho para 2015.

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