01 Agosto 2012 Seguir en 
LONDRES.- La historia del deportista multitalento más sorprendente de los Juegos Olímpicos comienza con un mensaje de texto recibido en el desierto chileno y termina con una bala atravesando un plato en el nublado cielo londinense. El qatarí Nasser Al-Attiyah entró en la historia deportiva del emirato al conquistar el bronce en tiro al plato. No es la primera vez que se destaca en una competencia: con su otra pasión, los coches, ganó el Rally Dakar el año pasado.
"Esto significa un montón de cosas para mí", explicó con calma entre el revuelo que había generado su medalla. "También para mi país significa mucho. Somos una nación pequeña, con poca gente. Todos están orgullosos", explicó. Su extraña figura eclipsó incluso al estadounidense Vincent Hancock, que repitió su oro de Beijing.
Al-Attiyah fue aplaudido como si se tratara de Usain Bolt o Michael Phelps. El repentino ídolo explicó que la medalla conseguida, la tercera en la historia olímpica de Qatar, comenzó a gestarse hace siete meses en Chile. "Recibí un sms de la federación de tiro. Me avisaban que no teníamos una 'wild card' para los Juegos. El rally se corría al mismo tiempo que los campeonatos de tiro en Asia y tenía días para clasificarme". Lo ocurrido luego sorprendió entonces a todo el mundo del motor: Al Attiyah, defensor del título, anunció que abandonaba la carrera por "un fallo del motor". "Le abrimos la tapa para que la gente viera que estábamos fuera", confesó ayer. Un día después llegó a Qatar, competió y obtuvo la clasificación para Londres. "Hace dos meses rompí el contrato con el rally. No es fácil. Hay que pagar mucho dinero. Pero eso no significa nada para mí. Ahora conseguiré contratos mejores", explicó. En sus quintos Juegos ganó la medalla. Ahora desea llegar a los siete y marcar un récord.
Es difícil imaginar dos deportes más diferentes. Los coches implican velocidad, adrenalina y ruido. El tiro es meditación, una concentración casi mística, el silencio es obligado. Al-Attiyah dice haber encontrado el punto en común que lleva al éxito en los dos: "Hace falta ser buena persona".
"Esto significa un montón de cosas para mí", explicó con calma entre el revuelo que había generado su medalla. "También para mi país significa mucho. Somos una nación pequeña, con poca gente. Todos están orgullosos", explicó. Su extraña figura eclipsó incluso al estadounidense Vincent Hancock, que repitió su oro de Beijing.
Al-Attiyah fue aplaudido como si se tratara de Usain Bolt o Michael Phelps. El repentino ídolo explicó que la medalla conseguida, la tercera en la historia olímpica de Qatar, comenzó a gestarse hace siete meses en Chile. "Recibí un sms de la federación de tiro. Me avisaban que no teníamos una 'wild card' para los Juegos. El rally se corría al mismo tiempo que los campeonatos de tiro en Asia y tenía días para clasificarme". Lo ocurrido luego sorprendió entonces a todo el mundo del motor: Al Attiyah, defensor del título, anunció que abandonaba la carrera por "un fallo del motor". "Le abrimos la tapa para que la gente viera que estábamos fuera", confesó ayer. Un día después llegó a Qatar, competió y obtuvo la clasificación para Londres. "Hace dos meses rompí el contrato con el rally. No es fácil. Hay que pagar mucho dinero. Pero eso no significa nada para mí. Ahora conseguiré contratos mejores", explicó. En sus quintos Juegos ganó la medalla. Ahora desea llegar a los siete y marcar un récord.
Es difícil imaginar dos deportes más diferentes. Los coches implican velocidad, adrenalina y ruido. El tiro es meditación, una concentración casi mística, el silencio es obligado. Al-Attiyah dice haber encontrado el punto en común que lleva al éxito en los dos: "Hace falta ser buena persona".
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