Tres anécdotas

01 Agosto 2012
"O sea, le llenás el pomo a Yanina"
Videoconferencia y chiste erótico

En una de las tantas videoconferencias que protagonizó la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, habló con dos empleados de una fábrica de cosméticos que se inauguraba en Berazategui, dentro de las cuatro industrias que se ponían en marcha. Primero habló con Yanina, una joven que le contó que trabajaba en la "máquina de pomos". "Van cayendo y yo los pongo en los estuches", explicó la trabajadora, visiblemente nerviosa. La Presidenta, en medio de los desacoples del audio, pidió hablar con otro operario, que estaba justo detrás de ella... "Hola", dijo ella, "¿Cómo te llamas?" "Gustavo", le respondió el joven. "¿Vos qué haces en la fábrica? Contá", le solicitó Cristina... "Soy operario de la máquina llenadora de pomos", respondió. Entonces la mandataria comentó un poco alejada del micrófono: "O sea, le llenás el pomo a Yanina… Está bueno", resaltó, antes de comenzar a sonreír por su ocurrente salida.
Los dos trabajadores se quedaron callados, se miraban entre sí porque no entendían qué habían hecho. Pero la jefa de Estado se corrigió a sí misma. "No se dieron cuenta del chiste... un poquito subido de tono para una Presidenta; pero no importa. Dale, dale", alentaba en medio de los aplausos que tapaban su voz: "sigamos que nadie se dio cuenta del chiste. No se pongan nerviosos, chicos", reclamó al final.

"COMER CERDO MEJORA LA ACTIVIDAD SEXUAL"
INFIDENCIA SOBRE EL FIN DE SEMANA

Sucedió el 27 de enero de 2010, cuando la Presidenta hizo, durante un acto en la Casa Rosada -a propósito de la firma de un convenio con la industria porcina- una especie de stand up que decía así: "La ingesta de la carne de cerdo mejora la actividad sexual. No es un dato menor. Además, comerse un cerdito a la parrilla es mucho más gratificante que tomar Viagra". Cristina siguió relatando su fanatismo por dicha carne y prometió que no lo decía para quedar bien, ni para hacer propaganda de nada, ni de ella ni de los cerdos. "¡Kirchner me mata cuando llegue a Olivos! El anterior fin de semana, en El Calafate, comimos al aire libre, en lugar de corderito patagónico, un cerdito riquísimo que me mandaron de Córdoba. Y no sólo la carne sino el cuerito hecho galletita que queda crocante. Bueno, no saben: impresionante. Y anduvo todo muy bien el fin de semana, además... Es también parte de El Calafate, la distensión, en fin, todo ayuda". El episodio fue tan comentado que hasta se utilizó en una publicidad erótica. Terminado el monólogo -y superado el estupor-, en el aviso llegaron entonces las preguntas, encarnadas en la voz de esa entelequia que se da en llamar "opinión pública": ¿Qué hacía esa mujer con cartera Louis Vouitton, esa señora adicta a la cita intelectual en sus discursos, diciendo -a su manera- "todas las noches, tres"?

"Este no va a durar cinco minutos conmigo"
El filtro no reconoció su huella

Recientemente, Cristina Fernández presentó el nuevo sistema de seguridad para espectáculos deportivos, pero se fastidió porque el aparato falló cuando quiso probarlo. Además retó a un asistente por los comentarios que hizo sobre la situación. Con este nuevo sistema los hinchas tendrán que poner su huella digital en un aparato que conectará directamente con una base de datos y en segundos dirá si tiene antecedentes de violencia en eventos deportivos. Para demostrarlo, el ministro Florencio Randazzo se puso en el papel de hincha y, como su nombre estaba cargado con antecedentes de "barrabrava", la máquina le negó el acceso. El "accidente" llegó después, cuando Cristina intentó pasar el filtro, pero su huella digital no fue reconocida por el aparato. "Yo no voy a la cancha, por eso no me debe dar", dijo incómoda, pero con una sonrisa. Un encargado de chequear el aparato y comentó: "debe tener mala calidad la huella". La respuesta de ella fue instantánea: "¿Cómo que 'mala calidad la huella'? Este no va a durar cinco minutos conmigo". Luego, Cristina quiso intentar otra vez. El resultado fue el mismo: el sistema no reconoció su huella digital y no hubo ninguna respuesta. Y el asistente volvió a realizar una apreciación inesperada: "me parece que no funciona porque tiene mucha crema en el dedo". Y ella volvió a mirarlo de reojo...

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