Que a todos nos inspire

Por Mariana Apud 31 Julio 2012

Vivir periodísticamente lo que pasó hoy con Emmanuel Lucenti fue particular porque se conectó con mi vida misma. ¿Poco profesional? Puede ser, pero ser testigo de una historia como esta, más allá del nombre o apellido del deportista e incluso el resultado, impide que las emociones queden de lado. Cuando alguien empieza en una profesión como el periodismo, por lo general, imagina o sueña a quién entrevistar. El deseo en el comienzo de la profesión más linda del mundo, según Gabriel García Márquez (y yo también), era tener un cara a cara con, por ejemplo, con Pete Sampras, Gabriela Sabatini (vale haberle hecho ya un par de preguntas para calmar la intención) o Javier Zanetti. Con Lance Armstrong (ciclista ganador siete veces del Tour de Francia y sobreviviente del cáncer testicular) intentaría más un reportaje que una entrevista para que usted lector capture la esencia de su vida.

Sin embargo, con los años, pocos todavía, de trabajo esos grandes atletas no se apartaron de mis metas, pero el deseo empezó a tener otro significado. Me pregunté en algún momento por qué realmente quería entrevistar a esas personas. Palabras como campeones, ídolos, sacrificio; frases armadas como "objetivos cumplidos", se mezclaban en la respuesta. Con ninguno tuve el mano a mano perfecto tan imaginado, pero sí, y no es consuelo de tontos como se puede pensar, tuve varios mano a mano con muchos deportistas tucumanos de alto rendimiento. Entre ellos, Lucenti -los dos, con Rodrigo, olímpico en 2004, también- durante su preparación para Beijing 2008 y Londres 2012.

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Con atletas tucumanos como Emmanuel es que me di cuenta que la esencia real de esa meta de entrevistar a Sampras, Sabatini, Zanetti o Armstrong, era realizable en los límites del "Jardín de la República". No imagino que ninguno de ellos haya entrenado con menos intensidad que Emmanuel. No pienso que ellos cuatro me respondan con menos amor sobre su deporte. Es una realidad que los logros de ellos cuatro, por cantidad y no por calidad, no tienen comparación como los del tucumano, pero de todos modos está en una elite mundial.

Lucenti con el diploma olímpico, ganó su Grand Slam, su Calcio italiano o su Tour de Francia, porque, como alguna vez aquellos cuatro lo hicieron, cumplió la meta pautada, en este caso, en su segundo ciclo olímpico.

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A veces hace falta mirar más alrededor y prestar atención. Abstraer y analizar. Ahí vamos a lamentar que, como Lucenti, haya pocos en Tucumán porque lo que pasó hoy en Londres con un tucumano, que entrenó en casa para llegar a la cita olímpica, dejó en claro que se puede y siendo consciente de las limitaciones, actitud necesaria para hacer de eso una fortaleza y no un impedimento. Que el diploma sea una inspiración no sólo para los que quieren ser judocas. Que inspire a todos: los dirigentes, los políticos, el Estado, la prensa y, sobre todo, la gente común que, como Emmanuel, camina todos los días por las veredas tucumanas. LA GACETA ©

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