›› PANORAMA TUCUMANO

Fantasmas en la ruta

Alperovich se desvive por controlarlo todo. Se le escapó Lanata y quedaron al descubierto varias cuestiones sustanciosas de su gestión. Una semana con choques inesperados. La falta de discusión oficial. Silencios curiosos
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Federico Diego van Mameren
LA GACETA

Los dos circulaban por la ruta como esa parejita de los cuentos. Las verdes praderas envolvían la glamorosa imagen de ambos en un mundo ideal, casi perfecto, hasta que, en algún momento, aparecen los nubarrones y se topan con la realidad. José Alperovich y Beatriz Rojkés parecían eximios pilotos en la política de este siglo, pero chocaron contra su propia impericia y se desviaron del camino por hablar, por dormirse en los laureles y por no tener quién los despierte.

Fue una mala semana, tanto como aquella del primer 9 de Julio en el poder cuando la inexperiencia dejó a Néstor y a Cristina Kirchner en los pasillos de la Casa de Gobierno sin poder salir a la calle a vivir el acto preparado. Aquella fiesta patria de 2003 se convirtió en una batalla que dejó al entonces Presidente de la Nación balbuceando improperios por la falta de capacidad del gobernador.

En aquel momento, Tucson era la provincia donde el peronismo viejo y tradicional no se había vendido aún a la billetera alperovichista y donde la dirigencia (peronistas, bussista, radicales y de varios partidos más) aún no se había dejado seducir. Había amigos y enemigos; hoy, en cambio, no los hay: son fantasmas creados por el propio entorno alperovichista los que causan los choques.

Durante toda la semana que pasó la gran preocupación del gobernador fue Jorge Lanata. El periodista que supo fundar y conducir Página/12 a los 26 años no dijo nada nuevo, pero subrayó y recordó momentos de los ocho años de gestión. Pero como Alperovich quiere ser más papista que el Papa y necesita mostrarse como el mejor alumno ante la Presidenta de la Nación, apagó los televisores y no dejó ver la nata de su gestión -y de sus fallas- transmitida por Canal 13. "Tengo el cuero duro", repetía ante los "sijosesistas" que lo rodeaban en su casa y que no sabían qué decirle. Ese es uno de los graves dislates de este Gobierno que no tiene reuniones de gabinete ni debates ni, mucho menos, autocríticas, sino agachadas de cabeza ante lo que diga José. Jamás habría recibido tremenda paliza si hubiera permitido -o alguien se hubiese animado a sugerir- que se transmita un programa más en Tucumán. Los malos consejeros y los adulones recomendaron que no había que transmitir al periodista más popular del momento. Y lo pagaron caro.

En la escuela Normal ocurrió lo mismo. El alperovichismo calcula todo y cuando algo no le gusta, lo compra. Pero en las especulaciones que cada vez son más ociosas porque el poder mullido no ayuda a pensar, jamás imaginaron que los jóvenes (tan luego los chicos que hoy disfrutan de la política) serían los que protestaran. No era para menos: los subestimaban al impedirles la libertad de ver un programa de televisión. Los estudiantes hicieron saber su descontento en la escuela Normal y, otra vez, la falta de manejo le dio trascendencia nacional porque ofuscó, tensionó y dejó sin reacción al Gobierno. La Escuela Normal no fue el único lugar donde los chicos acribillaron a preguntas a sus profesores para entender por qué la televisión no televisa a un programa informativo.

Lo mismo ocurre con las inesperadas ocurrencias de Beatriz Rojkés de Alperovich cuyas habladurías sacan de quicio a los alperovichistas cuando ven que aquella provincia mejorada y transformada luego del mirandismo trasciende los límites no por sus haceres sino por sus maldecires.

Esta semana más que nunca hablaron los silencios cómplices del reinado alperovichista. La Universidad Nacional de Tucumán no dijo absolutamente nada del manejo de su Canal 10 que fue vapuleado, maltratado y denostado por esconder un programa tan luego en el siglo XXI. Nadie dio ni una explicación. Tampoco los legisladores de la oposición se rasgaron las vestiduras por estas cuestiones. Si nada era tan importante, llama la atención por qué todo el alperovichismo estuvo bajoneado por la inesperada visita.

"El santito baja poco"
El gran acto patrio llega con los dos principales referentes de la provincia chocados.

Este 9 de julio es especial y así se lo hicieron saber desde la Casa Rosada: "será el primer acto masivo después de la bravuconada de Moyano". Sin grandes circunloquios el mensaje fue: "debe haber una multitud vivando a Cristina".

Los "sijosesistas" que ya tienen experiencia de llenar hipódromos para estos encuentros se pusieron a sumar: "necesitamos $ 30.000 por dirigente como mínimo". El pedido tuvo la casi inmediata respuesta de "no hay plata" por parte del oficialismo. No obstante, hubo quienes en este proceso de organización repicaron el suplicio ante encumbrados dirigentes nacionales. "El santito baja poco" fue el lacónico mensaje de la Rosada. Con esa metáfora, en tiempos de inflación y de vacas con tratamiento de adelgazar, sintetizaron una realidad ineludible: Cristina habla apenas y con muy pocos. Las cosas no son tan simples como antes.

Los elegidos
La convocatoria al Hipódromo será más importante que la mismísima recordación patria. El martes por la mañana, cuando amanezca en la casa del gobernador, la mateada será con (pase de) facturas.

Los dirigentes no están tranquilos. Desde el lunes hacen cálculos y la gran mayoría está segura de que no tienen la cantidad de gente que dicen tener o que dicen que pueden acarrear. "No, ómnibus no, a mí anotame combis", se oyó decir a más de un legislador que no termina de arreglar con sus punteros.

En épocas de campaña electoral, la dirigencia local prometió una determinada cantidad de votos al oficialismo que los abasteció de fondos. El cumplimiento de esa promesa traía implícito un número de escaños y esto -por lo tanto- traía aparejada una mejor recaudación política y -obviamente- el cumplimiento de las promesas de campaña. Ocurre que la diáspora fue inesperada y tanto legisladores como concejales consiguieron menos de lo previsto y ahora, cuando necesitan la ayuda para acarrear gente a los actos, hay zonas por las que prefieren no pisar porque no han podido cumplir con los pactos preelectorales (subsidios, cargos o trabajo).

El superministro josesista tiene el croquis del Hipódromo. Hay dos consignas muy claras: en el centro del escenario, a primera vista de Cristina, se apostarán los dirigentes de La Cámpora. Por las dudas, el legislador Jesús Salim y su no íntimo amigo, el diputado Marcelo Santillán, no terminen de reunir la multitud añorada hay legisladores que ya fueron hablados por Jorge Gassenbauer para que se coloquen alrededor de los jóvenes elegidos de los K y aumenten el volumen. La otra cuestión clara es que allá, en uno de los extremos, esté la gente de Domingo Amaya. "El intendente puede ser soporte, pero no tiene que hacer sombra", sostienen los alperovichistas que, además, deben reservarles un lugar especial a los que vayan identificados como "bettistas".

Todos unidos
Para Amaya esta también será una prueba de fuego. Escuchó atentamente durante la semana las preocupaciones que le lanzó Germán Alfaro a la hora de los preparativos. Sin ponerse más colorado, el lord mayor reunió a los suyos y les aclaró: "el lunes vamos todos unidos, sin distingos dirigenciales. Sólo las banderas con colores municipales". Además, aclaró a la tropa: "a mí desde la Nación me tratan como a un gobernador, no como a un intendente, así que tenemos que llevar no menos de 10.000 compañeros". Dicen, además, que el jefe municipal se entusiasmó ante los principales concejales, dirigentes y punteros que reunió en Avellaneda Central.

En este mismo instante es posible que Alperovich se encuentre repasando y dando pequeños retoques al discurso que dará en el Hipódromo. No hablará de sus temores aún cuando los tenga presentes. Destacará cada una de las medidas sociales (Asignación Universal por hijo, el plan de viviendas o la merma de la desocupación) y, especialmente, las decisiones económicas (el uso de reservas, el pago al FMI o el adiós a las AFJP) que fueron la columna vertebral de la gestión kirchnerista y, antes de gritar "Viva la Patria", se deshará en agradecimientos aunque los fantasmas le tiren del saco.

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