Es algo generalmente admitido que la práctica de la meditación zen entraña sus dificultades: la espalda se tensa, las rodillas duelen, la mente se queja de haber sido atrapada a traición. Uno querría no estar allí; pero ¿dónde es allí? Meterse en un retiro zen es encerrarse en la cueva con la bestia y mirarla cara a cara de una vez, sin escapatoria.
Eso es lo que se propone justamente el Zendo Bosque de la Paz, una comunidad budista zen cuya principal característica es el despojo. No solo de las cosas materiales, sino también de las pasiones que nos esclavizan, de los errores que nos condenan... de la falta de conciencia.
Ubicado en El Paraíso (kilómetro 14,1 de la avenida Aconquija), el predio está integrado por un par de construcciones y un bosque recóndito y misterioso que ofrece un marco sin igual a una de las actividades principales de la comunidad: la meditación. "Este es un lugar privilegiado. Aquí tenemos todo lo que necesitamos: paz, armonía y unión con la naturaleza", señala el monje Gokai San (Angel Osvaldo Rossi Becker), teólogo, maestro de yoga y fundador del lugar. Y no se equivoca. Cuando uno llega al predio, la serenidad y el silencio se apoderan de todo. Como si fuera otra dimensión. Una dimensión donde lo material tiene menos peso que lo espiritual.
Lo esencial
Sin apuro, con la calma de aquel que sabe vivir, Gokai nos recibió en el predio con ropa de fajina. Después -aclaró- se colocará los trajes rituales propios de la orden para realizar los ejercicios de meditación que aparecen en las fotos. La charla previa al almuerzo se realizó en el comedor, ubicado en el mismo edificio donde se encuentran las celdas o dormitorios. "El Zendo Bosque de la Paz es una comunidad monástica y laica dedicada a la práctica y difusión de la meditación zen. Trabajamos desde una óptica ecuménica y transconfesional. Esto quiere decir que nuestras puertas están abiertas para todas las personas, cualquiera sea su condición o creencia, que buscan profundizar en sí mismas a través de la meditación", explicó Gokai. La intención es convertir el zendo en un monasterio. "Para eso hace falta construir al menos cuatro casitas más similares a las dos que ya tenemos. Este monasterio será un centro de irradiación donde tanto monjes como laicos podrán experimentar largos períodos de meditación, para alcanzar la plenitud del zen", agregó.
Despojo absoluto
Desde que la comunidad comenzó a funcionar como zendo -Gokai construyó con sus propias manos, piedra por piedra, todas las dependencias del predio- ha crecido el interés de la gente por la meditación. "Aquí dictamos talleres de yoga y meditación. Tenemos un grupo de laicos que viene todas las semanas", cuenta.
La comunidad de monjes, en cambio, es muy pequeña. Gokai es el director. Su segundo es Emmanuel Fernández, un joven entrerriano que dejó todo para vivir la experiencia del zendo. Él fue el encargado de preparar el frugal almuerzo que los monjes compartieron con LA GACETA. También está Krishna Govinda Narayana quien, con 18 años, es el miembro más joven de la comunidad. Y, en los próximos días se integrará la colombiana Andrea Carolina Gómez Torres.
Cada lugar zen cuenta con un perfil propio. Y el Zendo Bosque de la Paz se caracteriza por ser muy flexible. "La contemplación es el eje de todo, pero dejamos de lado la parte ritualística japonesa porque creemos que un occidental jamás podrá ser un oriental. Podemos adoptar prácticas orientales, pero no la idiosincrasia de los orientales. Es mucho mejor adaptar esto a las costumbres y a los modos del lugar", aclaró.
La vida en el zendo empieza muy temprano. Gokai es el primero en levantarse: a las 4.30 o 5 ya está listo para hacer su práctica personal. Más tarde se levanta el resto de los monjes. Tras las prácticas, todos toman mate y luego empiezan con los trabajos asignados: jardinería, mantenimiento del zendo, cocina, arreglos y construcciones. Todo desde una óptica zen. "Aquí vivimos muy humildemente. Y todo lo hacemos con nuestras propias manos", contó. Algo que quedó comprobado minutos después, en el almuerzo.
Así, con las manos juntas en señal de agradecimiento pudimos saborear un guiso de vegetales cultivados en la misma huerta del zendo y cocinados sin sal ni condimentos, tal como lo aconseja el zen. "La verdadera riqueza está dentro de cada uno -apuntó Gokai-. No hace falta ningún agregado".
Eso es lo que se propone justamente el Zendo Bosque de la Paz, una comunidad budista zen cuya principal característica es el despojo. No solo de las cosas materiales, sino también de las pasiones que nos esclavizan, de los errores que nos condenan... de la falta de conciencia.
Ubicado en El Paraíso (kilómetro 14,1 de la avenida Aconquija), el predio está integrado por un par de construcciones y un bosque recóndito y misterioso que ofrece un marco sin igual a una de las actividades principales de la comunidad: la meditación. "Este es un lugar privilegiado. Aquí tenemos todo lo que necesitamos: paz, armonía y unión con la naturaleza", señala el monje Gokai San (Angel Osvaldo Rossi Becker), teólogo, maestro de yoga y fundador del lugar. Y no se equivoca. Cuando uno llega al predio, la serenidad y el silencio se apoderan de todo. Como si fuera otra dimensión. Una dimensión donde lo material tiene menos peso que lo espiritual.
Lo esencial
Sin apuro, con la calma de aquel que sabe vivir, Gokai nos recibió en el predio con ropa de fajina. Después -aclaró- se colocará los trajes rituales propios de la orden para realizar los ejercicios de meditación que aparecen en las fotos. La charla previa al almuerzo se realizó en el comedor, ubicado en el mismo edificio donde se encuentran las celdas o dormitorios. "El Zendo Bosque de la Paz es una comunidad monástica y laica dedicada a la práctica y difusión de la meditación zen. Trabajamos desde una óptica ecuménica y transconfesional. Esto quiere decir que nuestras puertas están abiertas para todas las personas, cualquiera sea su condición o creencia, que buscan profundizar en sí mismas a través de la meditación", explicó Gokai. La intención es convertir el zendo en un monasterio. "Para eso hace falta construir al menos cuatro casitas más similares a las dos que ya tenemos. Este monasterio será un centro de irradiación donde tanto monjes como laicos podrán experimentar largos períodos de meditación, para alcanzar la plenitud del zen", agregó.
Despojo absoluto
Desde que la comunidad comenzó a funcionar como zendo -Gokai construyó con sus propias manos, piedra por piedra, todas las dependencias del predio- ha crecido el interés de la gente por la meditación. "Aquí dictamos talleres de yoga y meditación. Tenemos un grupo de laicos que viene todas las semanas", cuenta.
La comunidad de monjes, en cambio, es muy pequeña. Gokai es el director. Su segundo es Emmanuel Fernández, un joven entrerriano que dejó todo para vivir la experiencia del zendo. Él fue el encargado de preparar el frugal almuerzo que los monjes compartieron con LA GACETA. También está Krishna Govinda Narayana quien, con 18 años, es el miembro más joven de la comunidad. Y, en los próximos días se integrará la colombiana Andrea Carolina Gómez Torres.
Cada lugar zen cuenta con un perfil propio. Y el Zendo Bosque de la Paz se caracteriza por ser muy flexible. "La contemplación es el eje de todo, pero dejamos de lado la parte ritualística japonesa porque creemos que un occidental jamás podrá ser un oriental. Podemos adoptar prácticas orientales, pero no la idiosincrasia de los orientales. Es mucho mejor adaptar esto a las costumbres y a los modos del lugar", aclaró.
La vida en el zendo empieza muy temprano. Gokai es el primero en levantarse: a las 4.30 o 5 ya está listo para hacer su práctica personal. Más tarde se levanta el resto de los monjes. Tras las prácticas, todos toman mate y luego empiezan con los trabajos asignados: jardinería, mantenimiento del zendo, cocina, arreglos y construcciones. Todo desde una óptica zen. "Aquí vivimos muy humildemente. Y todo lo hacemos con nuestras propias manos", contó. Algo que quedó comprobado minutos después, en el almuerzo.
Así, con las manos juntas en señal de agradecimiento pudimos saborear un guiso de vegetales cultivados en la misma huerta del zendo y cocinados sin sal ni condimentos, tal como lo aconseja el zen. "La verdadera riqueza está dentro de cada uno -apuntó Gokai-. No hace falta ningún agregado".
NOTICIAS RELACIONADAS









