CFK no miente, pero oculta

Más allá de la declaración formal de guerra que la Presidenta le lanzó a Moyano (hasta aquí no había confrontado con el camionero), Cristina Fernández de Kirchner dedicó la primera parte de su discurso a enumerar acciones y planes de la política económica que viene implementando su Gobierno. Dijo que en la declaración final del G-20 se avaló la utilización de reservas para pagar deuda soberana y para incentivar la economía, cuestión que Argentina viene implementando y que -como dijo CFK- fue criticada en nuestro país.

También mencionó que el Banco Central tiene las reservas suficientes para afrontar el pago de millonarias deudas que heredó de otras gestiones, principalmente de la Alianza y la poscrisis que se generó tras la devaluación: se trata de los títulos públicos Boden 2012 (vence en agosto) y del Cupón atado al PBI (vence en diciembre), ambos por un monto total de alrededor de U$S 8.000 millones.

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Otro número que desplegó fue el de la coparticipación creciente a las provincias y dio de ejemplo a Buenos Aires: mencionó que los envíos de dinero a ese distrito crecieron un 600%. Y añadió que sólo el 19% de los poco más de 9,1 millones de argentinos con trabajos formales paga el Impuesto a las Ganancias.

Entre otras cifras, resaltó que la Nación subsidia a todos los trabajadores vía servicios públicos, ya que gasta unos U$S 50.000 millones para que los argentinos paguen menos gas, menos luz, menos por litro de combustible y menos por utilizar el trasporte público.

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Todos esto que dijo CFK es verdad. No miente la Presidenta al desplegar millones y porcentajes de su plan económico. El problema es que oculta información. Porque no dijo que no logró redistribuir el ingreso (ella misma dijo que el 20% de los trabajadores acumula el 50% del ingreso); que la pobreza promedia el 40% (aunque el índice oficial es inferior al 20%); que la desocupación "oficial" es inferior al dígito, pero el trabajo en "negro" roza el 35%, y que los salarios promedio no llegan a cubrir la canasta alimentaria total.

Tampoco mencionó que sólo alrededor de un 30% de las reservas del BCRA son de libre disponibilidad, que la inflación desbordada coloca el mayor de los impuestos a los trabajadores (y que ello no se compensa ni con los subsidios a los servicios públicos ni con nada) y que el peso argentino vale cada vez menos, porque son cada vez menos los que confían en su propia moneda.

Ocultar no es mentir, pero contar la mitad de la historia es lo que genera desligitimaciones, debilitamiento, crisis económicas y huelgas. Porque nadie se habría sumado a un Moyano desprestigiado y odiado si la realidad económica que percibe y vive fuera otra. LA GACETA ©

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