El valle del Yocavil les abre sus brazos. La oscuridad los intimida en el pueblo santamariano. Entre las piedras, un grillo les cuenta que los cortes de luz nocturnos son constantes, desde que en los alrededores funciona una minera. El fiel Almanzor detiene su giba bajo un algarrobo. La pareja sienta su cansancio bajo la copa. Cerca de una bodega, el duende del malbec les arrulla el alma. Las miradas se abrazan.
Sombras de besos las nubes, lágrimas de luz la lluvia, bajo el sauce de tu amor pensamienta mi corazón
, le susurra Shahriyar, mientras Scheherezade se turba, lo toma de la mano y se sumergen en las mil sesenta y ocho noches.
Con un trote insurgente, el camello expresa su malestar por ese debke de baches que es la ruta 307. Unas lucecitas que prenden y apagan los acompañan por donde pasan. Al ingresar al villorrio surrealista, observan a unos chicos fumar en extrañas pipas. "Decidme, amable dama, qué consumen esos muchachos de pupilas desorbitadas", le pregunta la doncella a una señora, mientras le compra un bollo. "Paco, pasta de cocaína que les revienta la cabeza", dice. - ¿Y qué hace Al Rachid? - En abril de 2010, la Legislatura sancionó una ley que prescribe la constitución del Consejo Provincial de las Adicciones con representantes de todos los sectores del Estado, pero aún no se conformó", acota otro vecino. -¿ Y qué hace falta para que se ponga en marcha? - En todo gran negocio, hay quienes ganan mucho dinero. La droga devasta a los que la consumen, no a los que se enriquecen con ella. Los intereses creados son tan poderosos que hacen difícil derrotar a sus personeros, que suelen estar enquistados en el poder económico y político.
Un réquiem los sacude al pasar cerca del parque Guillermina. Tres ancianos están pintando una estrella celeste en el pavimento, mientras un centenar de abuelos se lamenta. "¿Ha muerto alguien en un accidente, morador? ¿Es la campaña 'Estrellas amarillas', en la que pintan un símbolo por cada difunto vial?", inquiere el rey. "No. Sabrá que desde hace unos años, Al Rachid se burla de la justicia que le ha ordenado que les pague el 82% móvil a los jubilados. La mayoría cobra $1.687 mensuales. Ahora pintamos una estrella frente a la casa de cada anciano que se muere sin cobrar lo que le corresponde, con la celeste esperanza de que al monarca se le ablande la roca que tiene en el pecho...", contesta una viejita sostenida por muletas.
Al pasar por una imponente torre vidriada, las luces intermitentes reaparecen. Les llaman la atención las personas que ingresan y salen con un almohadón adherido en las posaderas. "¿Qué son esas luciérnagas que cuchichean, y esos individuos?", pregunta el rey a un vendedor de praliné. "Esos tuquitos son los ojos de Al Rachid; hace que el pueblo les pague un sueldo para que cuiden sus intereses por él. Los otros son también sus adláteres; al igual que su jefe, están atornillados al poder..."
En la plaza Independencia, un puñado de ancianos marcha con un cartel en ristre que reza: "A la res pública se la afanan a diario". Otro grupo de ciudadanos se queja porque por sexta vez el sultán ha vetado a un letrado aspirante a juez. "Ha ganado por lejos los concursos en que se ha presentado y no lo elige porque el abogado lo investigó cuando no era sultán. Además Al Rachid quiere adueñarse de la justicia para tener la suma del poder público. Va por todo...", dice uno.
Ya en El Rosedal, Scheherezade pregunta: "¿Serán capaces estos patriotas del poder de sacrificar sus intereses en pro del bien común?" Tras un silencio, Shahriyar reflexiona: "Un filósofo alemán me dijo que el poder político es simplemente el poder organizado de una clase para oprimir a otra".
Sombras de besos las nubes, lágrimas de luz la lluvia, bajo el sauce de tu amor pensamienta mi corazón
, le susurra Shahriyar, mientras Scheherezade se turba, lo toma de la mano y se sumergen en las mil sesenta y ocho noches.
Con un trote insurgente, el camello expresa su malestar por ese debke de baches que es la ruta 307. Unas lucecitas que prenden y apagan los acompañan por donde pasan. Al ingresar al villorrio surrealista, observan a unos chicos fumar en extrañas pipas. "Decidme, amable dama, qué consumen esos muchachos de pupilas desorbitadas", le pregunta la doncella a una señora, mientras le compra un bollo. "Paco, pasta de cocaína que les revienta la cabeza", dice. - ¿Y qué hace Al Rachid? - En abril de 2010, la Legislatura sancionó una ley que prescribe la constitución del Consejo Provincial de las Adicciones con representantes de todos los sectores del Estado, pero aún no se conformó", acota otro vecino. -¿ Y qué hace falta para que se ponga en marcha? - En todo gran negocio, hay quienes ganan mucho dinero. La droga devasta a los que la consumen, no a los que se enriquecen con ella. Los intereses creados son tan poderosos que hacen difícil derrotar a sus personeros, que suelen estar enquistados en el poder económico y político.
Un réquiem los sacude al pasar cerca del parque Guillermina. Tres ancianos están pintando una estrella celeste en el pavimento, mientras un centenar de abuelos se lamenta. "¿Ha muerto alguien en un accidente, morador? ¿Es la campaña 'Estrellas amarillas', en la que pintan un símbolo por cada difunto vial?", inquiere el rey. "No. Sabrá que desde hace unos años, Al Rachid se burla de la justicia que le ha ordenado que les pague el 82% móvil a los jubilados. La mayoría cobra $1.687 mensuales. Ahora pintamos una estrella frente a la casa de cada anciano que se muere sin cobrar lo que le corresponde, con la celeste esperanza de que al monarca se le ablande la roca que tiene en el pecho...", contesta una viejita sostenida por muletas.
Al pasar por una imponente torre vidriada, las luces intermitentes reaparecen. Les llaman la atención las personas que ingresan y salen con un almohadón adherido en las posaderas. "¿Qué son esas luciérnagas que cuchichean, y esos individuos?", pregunta el rey a un vendedor de praliné. "Esos tuquitos son los ojos de Al Rachid; hace que el pueblo les pague un sueldo para que cuiden sus intereses por él. Los otros son también sus adláteres; al igual que su jefe, están atornillados al poder..."
En la plaza Independencia, un puñado de ancianos marcha con un cartel en ristre que reza: "A la res pública se la afanan a diario". Otro grupo de ciudadanos se queja porque por sexta vez el sultán ha vetado a un letrado aspirante a juez. "Ha ganado por lejos los concursos en que se ha presentado y no lo elige porque el abogado lo investigó cuando no era sultán. Además Al Rachid quiere adueñarse de la justicia para tener la suma del poder público. Va por todo...", dice uno.
Ya en El Rosedal, Scheherezade pregunta: "¿Serán capaces estos patriotas del poder de sacrificar sus intereses en pro del bien común?" Tras un silencio, Shahriyar reflexiona: "Un filósofo alemán me dijo que el poder político es simplemente el poder organizado de una clase para oprimir a otra".







