Los arquitectos quieren contener las discapacidades

Ayer se llevó a cabo una Jornada por la inclusión que reunió a personas con discapacidad, instituciones y proyectistas.

23 Jun 2012
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ENCUENTRO INCLUSIVO. La murga de Don Bosco llenó de color y de ritmo el patio de la FAU. LA GACETA/ INES QUINTEROS ORIO

"Hago monta y saltos hípicos desde hace ocho años, me encanta", cuenta Ricardo (33 años, Down), jinete predeportivo y abanderado de granja La Vidalita, en el hall de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU). En el patio central colmado, Luis Dorieux y su banda le ponen color rockero a las I Jornadas por la Inclusión. En los stands están presentes el Centro de día San Genaro, Don Bosco, la escuela Luis Braille, la escuela especial El Taller, las ONG Espera por la vida, Revolución de sonrisas, Hogar San José de Niñas, Fundación Espíritu Santo y Grupo tucumanos Solidarios, entre otros.

A lo largo de la jornada se suceden debates, teatro, danzas, bandas y literatura a cargo de personas con discapacidad que sirvieron para generar conciencia sobre la igualdad de oportunidades y la mirada universal e inclusiva desde la arquitectura.

Abrazando su guitarra roja, Pablo espera su turno para tocar junto a sus compañeros. "En la escuela Braille hemos armado una banda de cumbia, somos ocho", cuenta entusiasmado.

En el stand de la Fundación Espíritu Santo está Julia (enfermedad de la piel y retraso mental): "antes yo no salía; ahora concozco otros chicos, me cuesta, pero aprendí a tejer a dos agujas, al crochet y en telar".

"Los estudiantes de la Facultad, que andan a las corridas con sus obligaciones, se están enganchando en el tema de prestar atención a las necesidades de las personas con discapacidad", dice exultante la mentora de la movida por la inclusión, Verónica Lombardelli, que coordina el Gabinete de Diseño Universal (FAU) y también el voluntariado del UNID (Universidad, Inclusión y Derecho).

"El objetivo era generar un lugar de encuentro, y que empecemos a tomar conciencia profesionales, docentes y estudiantes, para que los proyectos de arquitectura consideren desde el gen los temas de la discapacidad y de la tercera edad -explica-. No es una tarea fácil, porque es movilizadora pero no es convocante. Las jornadas están fantásticas: fue muy emocionante ver a los no videntes bailar tango; el San Genaro bailó folclore; ahora toca cumbia la banda de la Braille; el Ente de Cultura proyecta una película sonora para ciegos... Es la convivencia en el espacio universal, como tiene que ser". Mientras tanto, la murga del Hogar Don Bosco atruena con su batucada, seguida por una fila de bailarines espontáneos que muestran sus habilidades.

"La jornada está estupenda, ojalá se repita. Estamos sorprendidos por la convocatoria", dice el escritor José María García (32 años, en silla de ruedas) que explica que su discapacidad motriz se debe a una parálisis cerebral que sufrió al nacer. García estudia abogacía y es miembro del voluntariado UNID. "Aquí participo en el concurso de microrrelatos pero también escribo cuentos, poesías... y una novela. Estoy contento porque con los microrrelatos se va a publicar un libro que se va a leer en las escuelas de la UNT", se entusiasma. En ese momento sale el arquitecto Coletti, y García lo saluda: "gracias, decano. Es muy importante que usted nos haya prestado la casa".

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