El sol relumbra como un rayo en el cuchillo que empuña el sumo sacerdote. La multitud retiene el aliento en esa eternidad que separa el metal, en alto, del corazón de la llama que trota en campos imaginarios. En el templo inca de Sacsayhuaman, del Cusco, el celebrante ya ha ofrecido la chicha a la Pachamama y ha pedido permiso a los Apus (las montañas) para realizar el sacrificio. Un golpe seco y veloz abre el tórax y desentierra el corazón vivo y latiente del animal para ofrecérselo al Sol (inti), a la Pachamama y a los vientos... a los cuatro horizontes. Luego extrae los pulmones y los sopla para saber si será un año bueno o malo, y por fin abre el estómago para comprobar si habrá buena cosecha o hambruna. Concluída la "lectura", las vísceras serán echadas a la hoguera y sus cenizas esparcidas por el viento.
Este rito es parte del Inti Raymi o Fiesta del Sol, que se renueva el 24 de junio en Cusco, cada solsticio de invierno. Era una antigua ceremonia prehispánica asociada con la renovación de los ciclos naturales y el origen del inca. La fiesta se extendía por todo el territorio de la cultura andina, hasta llegar a Tucumán. Aún hoy se reedita en la comunidad originaria de Amaicha del Valle. Allí tendrá lugar mañana.
Volvemos al relato del Perú. "No te aflijas por la llama. El sacrificio hoy se realiza de manera simbólica", me tranquilizó el cusqueño Germán Miranda Miranda, con quien compartimos el Inti Raymi el año pasado, en un viaje organizado por su hermano espiritual, Roberto A. Pérez.
"De todos modos, te aclaro que la inmolación de la llama no tiene nada de sádico ni de mágico -explicó el chamán-. Si el corazón palpita rápido, es que el animal está sano y el invierno será bueno; pero si está débil, significa que no tiene oxigenación y que el año será frío. Al soplar el pulmón, si no se infla del todo significa que está cargado: coincide, el año será frío. Y si al abrir el estómago hay pasto seco, habrá que cultivar plantas resistentes al frío. Si el pasto es verde, el invierno será benigno", explicó el autor de "Chakana, la cruz cuadrada de los Tiahuanaku".
"Los incas tenían un sistema político, social y económico coherente. Ellos sabían que un pueblo sin hambre jamás se rebela", enfatizó. Me quedé silenciosa, pensando en mi pueblo.
Este rito es parte del Inti Raymi o Fiesta del Sol, que se renueva el 24 de junio en Cusco, cada solsticio de invierno. Era una antigua ceremonia prehispánica asociada con la renovación de los ciclos naturales y el origen del inca. La fiesta se extendía por todo el territorio de la cultura andina, hasta llegar a Tucumán. Aún hoy se reedita en la comunidad originaria de Amaicha del Valle. Allí tendrá lugar mañana.
Volvemos al relato del Perú. "No te aflijas por la llama. El sacrificio hoy se realiza de manera simbólica", me tranquilizó el cusqueño Germán Miranda Miranda, con quien compartimos el Inti Raymi el año pasado, en un viaje organizado por su hermano espiritual, Roberto A. Pérez.
"De todos modos, te aclaro que la inmolación de la llama no tiene nada de sádico ni de mágico -explicó el chamán-. Si el corazón palpita rápido, es que el animal está sano y el invierno será bueno; pero si está débil, significa que no tiene oxigenación y que el año será frío. Al soplar el pulmón, si no se infla del todo significa que está cargado: coincide, el año será frío. Y si al abrir el estómago hay pasto seco, habrá que cultivar plantas resistentes al frío. Si el pasto es verde, el invierno será benigno", explicó el autor de "Chakana, la cruz cuadrada de los Tiahuanaku".
"Los incas tenían un sistema político, social y económico coherente. Ellos sabían que un pueblo sin hambre jamás se rebela", enfatizó. Me quedé silenciosa, pensando en mi pueblo.







