No lo miren, no manden un mensaje, no respondan. Pretendan que no existe e ignoren que los conecta con el mundo. Con ese otro mundo tan virtual y seductor.
Convengamos: que alguien no lo tenga nos parece arcaico. Pocos lo apagan. La gran mayoría lo pone en silencio. Entonces creen que tienen el control, que lo manejan a su antojo ("¿Ves?, cuando quiero te ignoro"). Pero es un vicio rock and roll. Vicio.
En las escuelas y universidades, los alumnos, por supuesto, los llevan. En las clases no los apagan, aunque los profesores se lo pidan. En 2006 una ley prohibió su uso dentro de los establecimientos educativos. Ahora, ya estudian volver atrás. Porque si no puedes con ellos, únete.
Ya hay escuelas en el país que están experimentando cómo integrar el celular a la enseñanza. En Matemática lo usan para sacar fotos y vincularlas con contenidos de área y perímetro, por ejemplo; en Ciencias Naturales sirven para tomar fotos o grabar videos e incluirlos en un trabajo práctico.
Como explican algunos profesores: "el celular es una Victorinox digital". Lo que hay que procurar es que no se convierta en un arma que conspire en la educación.
Termina siendo un doble aprendizaje: alumnos y profesores. Porque aunque se considere que los jóvenes son nativos digitales, muchas veces el conocimiento se reduce a las redes sociales, las búsquedas en Google y la lectura de algún posteo en Taringa! Pocos saben sacarle verdadero provecho. Deambulan por las mismas páginas y practican la lectura en unos pocos caracteres. Pero eso sería tema de otra columna.
Si no los apagan, entonces, que los usen. Lo mismo que sucede cuando están frente a las computadoras en algunos talleres universitarios. Lo primero que abren es Facebook. Antes de renegar y agarrarse la cabeza: armen grupos y suban los contenidos, usen ebooks, artículos en línea, encuestas o hasta tomen asistencia por esa vía. También pidan que cuelguen trabajos prácticos, fotos y videos. Organicen clases de consulta online.
Dejemos de suponer que los folios, los lápices y la escuadra son herramientas copadas. ¡Subite a la ola, pero no te ahogues!
Convengamos: que alguien no lo tenga nos parece arcaico. Pocos lo apagan. La gran mayoría lo pone en silencio. Entonces creen que tienen el control, que lo manejan a su antojo ("¿Ves?, cuando quiero te ignoro"). Pero es un vicio rock and roll. Vicio.
En las escuelas y universidades, los alumnos, por supuesto, los llevan. En las clases no los apagan, aunque los profesores se lo pidan. En 2006 una ley prohibió su uso dentro de los establecimientos educativos. Ahora, ya estudian volver atrás. Porque si no puedes con ellos, únete.
Ya hay escuelas en el país que están experimentando cómo integrar el celular a la enseñanza. En Matemática lo usan para sacar fotos y vincularlas con contenidos de área y perímetro, por ejemplo; en Ciencias Naturales sirven para tomar fotos o grabar videos e incluirlos en un trabajo práctico.
Como explican algunos profesores: "el celular es una Victorinox digital". Lo que hay que procurar es que no se convierta en un arma que conspire en la educación.
Termina siendo un doble aprendizaje: alumnos y profesores. Porque aunque se considere que los jóvenes son nativos digitales, muchas veces el conocimiento se reduce a las redes sociales, las búsquedas en Google y la lectura de algún posteo en Taringa! Pocos saben sacarle verdadero provecho. Deambulan por las mismas páginas y practican la lectura en unos pocos caracteres. Pero eso sería tema de otra columna.
Si no los apagan, entonces, que los usen. Lo mismo que sucede cuando están frente a las computadoras en algunos talleres universitarios. Lo primero que abren es Facebook. Antes de renegar y agarrarse la cabeza: armen grupos y suban los contenidos, usen ebooks, artículos en línea, encuestas o hasta tomen asistencia por esa vía. También pidan que cuelguen trabajos prácticos, fotos y videos. Organicen clases de consulta online.
Dejemos de suponer que los folios, los lápices y la escuadra son herramientas copadas. ¡Subite a la ola, pero no te ahogues!







