Atlético pierde hasta cuando empata
Atlético demostró ayer que ni siquiera se lleva bien con el diccionario: es un equipo que tampoco progresa cuando avanza un casillero. Después de tres derrotas seguidas, el 0 a 0 ante Chacarita (en un deporte que curiosamente se llama igual a uno que dos horas después practicaría Lionel Messi en Nueva Jersey) le permitió al "decano" salir del pantano en el que estaba estancando, esos 40 puntos de la temporada que acumulaba hasta ayer. Sin embargo, los 41 que tiene ahora no implican ningún avance: el año está perdido y, peor aún, lo que viene no parece mejor.
Atlético había viajado hasta el estadio tamaño bonsái de Tristán Suárez con su sistema digestivo destrozado: con un punto ganado de los últimos 18, con focos de tensión entre el DT y los jugadores separados, e incluso con cruces fraticidas dentro del cuerpo técnico. Se suponía que lo formidable de semejante crisis interna era que más bajo no se podía caer, pero Atlético también pierde cuando no pierde.
Lo mejor fue que defendió relativamente bien. Chacarita, un equipo desesperado (sus dos opciones son descenso directo o Promoción), le llegó muy poco y, cuando le llegó, Dei Rossi respondió con reflejos de gato montés, incluso en una jugada en la que Galíndez (también de aceptable partido) pretendió darle la pelota al arquero y casi le mete un gol en contra.
El problema fue, otra vez, del medio para arriba. Atlético es un equipo sin goleadores: la consagración de la impotencia. Que Daniel Salvatierra y Cristian Palacios tengan la misma cantidad de goles (dos) que Líder Mármol o Carlos Fondacaro en toda la temporada es una maldición de la que ningún equipo puede salir con vida. Y así fue como, antes de los 20 minutos, Salvatierra quedó a mano a mano con Tauber pero definió al cuerpo del arquero local. Desde entonces pasó muy poco, como si nadie se animara a dedicarse al mismo deporte que, un ratito después, jugaría Messi en Estados Unidos. Atlético y esos problemas con el diccionario.


