El juego de roles entre el corazón desgarrado, culpa de una Selección a veces coqueta y otras tantas pachorra, tiende a endeudarse si la imagen de Leo Messi toma posición de gigantografía. La lluvia de encantos del rosarino no solo mojaron las costas del Tío Sam. Su onda expansiva también bañó las de acá, las de este sur necesitado de fiestas futboleras constantes como las de ayer. El corazón criollo tiende a ser pedigüeño e insaciable. Por eso en esta redacción hubo ratos de luto, de lujuria y hasta de éxtasis. Galopó a lo Messi. Cuando Leo hizo lío, la samba carioca sonó a marcha fúnebre; cuando Leo hizo lío, sus pinceles confirmaron que a Pelé le falta un tornillo; cuando Leo hizo lío, Brasil sangró por la herida; cuando Leo hizo lío, el ojo crítico reseteó la diapositiva de una defensa con pies de plomo. Cuando Leo hizo lío, la vida por un instante fue más bella.







