Pobre fútbol italiano. El martes pasado, su Selección debió suspender el amistoso contra la débil Luxemburgo por el terremoto que sacudió la región de Emilia-Romania. Sin jugar desde febrero, y derrotada en sus dos últimos partidos contra Estados Unidos y Uruguay, Italia llegó desarmada al partido siguiente, el viernes en Zurich. Rusia, rival más difícil, la goleó 3-0. El equipo apareció más que frágil para su debut en la Eurocopa, el domingo próximo contra el campeón España.
Una pena para una Selección que logró sus mejores resultados jugando al catenaccio y al contragolpe, pero que, desde la asunción del nuevo DT, Cesare Prandelli, juega a la posesión de pelota y quiere cambiar una histórica cultura defensiva en el Calcio.
La expresión "pobre fútbol italiano", sin embargo, va mucho más allá de la selección. ¿Podría haberse esperado acaso algo mejor contra Rusia? Casi todas las tapas deportivas de la prensa mundial publicaron esta semana en portada el nuevo escándalo de corrupción en el Calcio. Uno de los jugadores de la Selección debió dejar el plantel acusado de arreglar partidos, otro podría estar a punto de seguirle los pasos y las sospechas llegan nada menos que a su figura y capitán, el arquero Gianluigi Buffon, que fue ovacionado el viernes por los hinchas italianos en Zurich, en un claro gesto de apoyo a su ídolo en medio de la tormenta.
Lo mismo había sucedido con Paolo Rossi, suspendido por arreglar partidos y amnistiado y ovacionado también él cuando sus goles ayudaron a Italia a ganar el Mundial 82. Y con el capitán Paolo Cannavaro, que levantó la Copa de Alemania 2006 y hasta fue declarado mejor futbolista del año por la FIFA después de declarar ante la justicia, implicado en un esquema de maniobras ilegales. También Buffon llegó a ese Mundial alemán bajo sospecha, investigado porque, según documentos, había perdido más de 2 millones de euros en apuestas deportivas. Una reglamentación posterior estableció que un deportista no puede apostar en competencias de las que él mismo participa.
Esta última semana estallaron los casos de nuevos partidos arreglados, desgrabaciones telefónicas que asocian a jugadores con mafiosos, barras bravas y hasta dirigentes para arreglar resultados. Lejos de cualquier autocrítica, Buffon, en su rol de capitán de la Selección, salió con los tapones de punta sugiriendo un show judicial. Le respondieron filtrando a la prensa documentación que sugiere que, violando las prohibiciones reglamentarias, Buffon apostó en el último año, a través de terceros, más de 1,5 millones de euros. Todo un dilema para el DT Prandelli, que ya no sabe hasta qué punto seguir aplicando el código ético que impuso al plantel apenas asumió el cargo.
Recuerdo a Buffon en pleno Mundial de Alemania 2006. Un colega le preguntó en conferencia de prensa por el escándalo de partidos arreglados y apuestas clandestinas que ya entonces afectaba al Calcio. "¿De qué país sos vos?", repreguntó el arquero. "¿De Argentina? Aaaahhhhh…", completó sonriendo.
Unos años antes, Buffon había sido objeto de polémicas porque salió a la cancha con el número 88, una provocación, según interpretaron muchos en ese momento en Italia, al recordar que ese número tiene histórica simbología nazi. "Tengo cuatro huevos", se jactó Buffon ante las críticas. Otro día salió a cancha portando en la camiseta la leyenda fascista "Boia chi molla". Se excusó diciendo que sólo quería arengar a sus compañeros de equipo. Boia chi molla, bueno es aclararlo, quiere decir algo así como "ojo al que se rinde".
Una pena para una Selección que logró sus mejores resultados jugando al catenaccio y al contragolpe, pero que, desde la asunción del nuevo DT, Cesare Prandelli, juega a la posesión de pelota y quiere cambiar una histórica cultura defensiva en el Calcio.
La expresión "pobre fútbol italiano", sin embargo, va mucho más allá de la selección. ¿Podría haberse esperado acaso algo mejor contra Rusia? Casi todas las tapas deportivas de la prensa mundial publicaron esta semana en portada el nuevo escándalo de corrupción en el Calcio. Uno de los jugadores de la Selección debió dejar el plantel acusado de arreglar partidos, otro podría estar a punto de seguirle los pasos y las sospechas llegan nada menos que a su figura y capitán, el arquero Gianluigi Buffon, que fue ovacionado el viernes por los hinchas italianos en Zurich, en un claro gesto de apoyo a su ídolo en medio de la tormenta.
Lo mismo había sucedido con Paolo Rossi, suspendido por arreglar partidos y amnistiado y ovacionado también él cuando sus goles ayudaron a Italia a ganar el Mundial 82. Y con el capitán Paolo Cannavaro, que levantó la Copa de Alemania 2006 y hasta fue declarado mejor futbolista del año por la FIFA después de declarar ante la justicia, implicado en un esquema de maniobras ilegales. También Buffon llegó a ese Mundial alemán bajo sospecha, investigado porque, según documentos, había perdido más de 2 millones de euros en apuestas deportivas. Una reglamentación posterior estableció que un deportista no puede apostar en competencias de las que él mismo participa.
Esta última semana estallaron los casos de nuevos partidos arreglados, desgrabaciones telefónicas que asocian a jugadores con mafiosos, barras bravas y hasta dirigentes para arreglar resultados. Lejos de cualquier autocrítica, Buffon, en su rol de capitán de la Selección, salió con los tapones de punta sugiriendo un show judicial. Le respondieron filtrando a la prensa documentación que sugiere que, violando las prohibiciones reglamentarias, Buffon apostó en el último año, a través de terceros, más de 1,5 millones de euros. Todo un dilema para el DT Prandelli, que ya no sabe hasta qué punto seguir aplicando el código ético que impuso al plantel apenas asumió el cargo.
Recuerdo a Buffon en pleno Mundial de Alemania 2006. Un colega le preguntó en conferencia de prensa por el escándalo de partidos arreglados y apuestas clandestinas que ya entonces afectaba al Calcio. "¿De qué país sos vos?", repreguntó el arquero. "¿De Argentina? Aaaahhhhh…", completó sonriendo.
Unos años antes, Buffon había sido objeto de polémicas porque salió a la cancha con el número 88, una provocación, según interpretaron muchos en ese momento en Italia, al recordar que ese número tiene histórica simbología nazi. "Tengo cuatro huevos", se jactó Buffon ante las críticas. Otro día salió a cancha portando en la camiseta la leyenda fascista "Boia chi molla". Se excusó diciendo que sólo quería arengar a sus compañeros de equipo. Boia chi molla, bueno es aclararlo, quiere decir algo así como "ojo al que se rinde".







