ANáLISIS

Encuentro en Mar del Plata

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Juan José Concha Martínez
LA GACETA

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Fue durante la tarde noche del 9 de noviembre de 2007, en el lobby del Sheraton de Mar del Plata, durante el 43° Coloquio Anual de IDEA. Carlos Fuentes era el invitado estelar de ese megaencuentro de empresarios y yo había pactado con él una charla antes de la cena. "Téngame paciencia; dejo mis cosas en la habitación y me hago unos minutos. Tomás Eloy (Martínez) me habla siempre de su Tucumán y del diario en el que trabajó", me recibió proverbial y sencillo. "En estos lugares se habla mucho de números, pero también hay que hablar de ideas, así que me propongo esclarecer las ideas", insistió. Fueron unos minutos grandiosos para mí, hasta que el enjambre de asistentes a la reunión nos descubrió y se abalanzó sobre el gran mexicano. Su esposa trató de ponerlo a salvo, casi empujando a la multitud. Se despidió con afecto y luego ofreció una conferencia magistral. "Las novelas tienen las mejores ideas del mundo y son las que quedan; lo que deja la literatura es lo que queda". Esa frase que me dijo me acompañará toda la vida.

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Este es un espacio para la construcción de ideas y la reflexión, que apoya e incentiva la pluralidad de pensamiento. No un escenario de ataques al pensamiento contrario.
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Carlos Duguech · 16 de Mayo de 2012 - 17:23
Me preparé en la "Feria del Libro" para una entrevista con Carlos Fuentes. Razones de fechas y horarios y muchedumbres que lo siguieron en su exposición frustraron mi intento. Claro que no iba a preguntarle nada sobre novelística (ya lo había dicho todo). Teniendo muy presente la extensa frontera entre su país de origen, Méjico, y los EEUU (casi 3.200 kilómetros) le habría preguntado sobre la singularidad de esos dos vecinos. País latinoamericano, que ya es definir idiosincrasias y primera superpotencia mundial. Y cuánto y de qué modo influyó en cada uno de los pueblos la vecindad del otro. En su vida diaria, en su cultura, en sus expectativas vitales. Finalmente, me había preparado para darle pie suficiente para que volviera a despacharse suelto y sin reservas. Iba a preguntarle (seguramente para él hubiera sido, por milésima vez) sobre ese presidente estadounidense que decidió como, lo hizo “la guerra al terrorismo”. Seguramente para Bush agrios y durísimos conceptos.
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