28 Marzo 2012 Seguir en 
LA HABANA, Cuba.- El papa Benedicto XVI oficia una misa ante una enfervorizada multitud en la mítica Plaza de la Revolución de La Habana, en la última jornada de su visita a Cuba, a cuyo Gobierno mandó un mensaje de renovación y apertura tras cinco décadas de revolución socialista.
El Pontífice, vestido con una toga decorada con filigranas moradas, recorrió a bordo del papamóvil las principales arterias de la capital aclamado por decenas de miles de cubanos, que se congregaron para recibir las bendiciones del obispo de Roma.
"Vengo a recibir con júbilo y alegría lo que nos quiere decir el Papa, aunque no soy católica", dijo Maritza Álvarez, una empleada estatal de 40 años que esperó desde la madrugada para conseguir un lugar en las filas más cercanas al altar.
"Sabemos que Cuba tiene que cambiar y lo estamos haciendo. ¿Pero cuándo va a cambiar Estados Unidos, con su bloqueo que nos ahoga? Ojalá Benedicto tenga algo que decirles a ellos también", agregó sobre el tenaz embargo económico que mantiene Washington sobre la isla desde hace 50 años.
La multitud se protegía del inclemente sol con gorras, viseras de cartón amarillas y sombrillas. Algunos portaban carteles dando la bienvenida al máximo representante de la Iglesia católica, y otros ondeaban banderas al ritmo de coros de iglesia que sonaban por altavoces distribuidos por la plaza presidida por una efigie gigante del "Che" Guevara.
Tras la homilía, el jefe del Estado Vaticano se reunirá con el ex presidente Fidel Castro, quien anunció anoche que lo saludaría gustosamente, como hizo hace 14 años con su predecesor, el fallecido Juan Pablo II.
"Llegué a la convicción de que marxistas y cristianos sinceros (...) debían y podían luchar por la justicia y la paz entre los seres humanos", escribió Castro, de 85 años, en una de sus habituales reflexiones titulada "Los tiempos difíciles de la humanidad". (AFP-NA)
El Pontífice, vestido con una toga decorada con filigranas moradas, recorrió a bordo del papamóvil las principales arterias de la capital aclamado por decenas de miles de cubanos, que se congregaron para recibir las bendiciones del obispo de Roma.
"Vengo a recibir con júbilo y alegría lo que nos quiere decir el Papa, aunque no soy católica", dijo Maritza Álvarez, una empleada estatal de 40 años que esperó desde la madrugada para conseguir un lugar en las filas más cercanas al altar.
"Sabemos que Cuba tiene que cambiar y lo estamos haciendo. ¿Pero cuándo va a cambiar Estados Unidos, con su bloqueo que nos ahoga? Ojalá Benedicto tenga algo que decirles a ellos también", agregó sobre el tenaz embargo económico que mantiene Washington sobre la isla desde hace 50 años.
La multitud se protegía del inclemente sol con gorras, viseras de cartón amarillas y sombrillas. Algunos portaban carteles dando la bienvenida al máximo representante de la Iglesia católica, y otros ondeaban banderas al ritmo de coros de iglesia que sonaban por altavoces distribuidos por la plaza presidida por una efigie gigante del "Che" Guevara.
Tras la homilía, el jefe del Estado Vaticano se reunirá con el ex presidente Fidel Castro, quien anunció anoche que lo saludaría gustosamente, como hizo hace 14 años con su predecesor, el fallecido Juan Pablo II.
"Llegué a la convicción de que marxistas y cristianos sinceros (...) debían y podían luchar por la justicia y la paz entre los seres humanos", escribió Castro, de 85 años, en una de sus habituales reflexiones titulada "Los tiempos difíciles de la humanidad". (AFP-NA)
NOTICIAS RELACIONADAS








