23 Febrero 2012 Seguir en 
BUENOS AIRES.- "Fue terrible. Las cabezas estaban llenas de sangre. La gente se me caía arriba, como una avalancha. Como si todos me pegaran trompadas. Los vidrios estallaron. Veía personas con las piernas rotas, las caras ensangrentadas. El chofer quedó triturado, aplastado. Fue un horror", relató de manera dramática Carmen, una mujer que viajaba en el primer vagón y que milagrosamente salvó su vida. Es una testigo presencial de la tragedia ferroviaria ocurrida ayer en la terminal del barrio de Once.
El choque de un tren en la estación Once dejó un saldo de 600 heridos y 49 muertos, según informó titular del SAME, Alberto Crescenti. El accidente ocurrió minutos antes de las 9. Una formación de la línea Sarmiento, que se habría quedado sin freno, impactó contra el tope del andén. Minutos después del accidente, el vocero de la Policía Federal, Fernando Sostre, confirmó que uno de los muertos es un niño.
Las imágenes de dolor de los heridos y de familiares que buscaban a sus seres queridos se repitieron durante toda la mañana. Pasajeros aplastados en vagones por horas, con gritos desgarradores e improvisados voluntarios protagonizaron las principales escenas del accidente ferroviario ocurrido en la terminal de Once, que se convirtió en una sala de emergencias con técnicas de reanimación y otras maniobras médicas de urgencia.
"Apúrense que se nos va", gritó Crescenti, a las 11.30, cuando vio que cerraba los ojos un hombre que era cargado en una camilla en la salida de la estación ubicada frente a la plaza Miserere, a pocos metros de un cronista.
"Vi venir al tren y empecé a gritar porque me di cuenta de que su velocidad era anormal para la curva de las vías previa a la plataforma. Las otras personas que estaban en los andenes creían que yo estaba loco. Pero lo vi todo", contó angustiado Alfredo Velázquez, de 33 años, quien permanecía en uno de los andenes de la estación cuando ocurrió el accidente. "Las personas aplastadas en los vagones gritaban de desesperación, por lo que rompí dos ventanas a patadas y saqué a varias mujeres", agregó Velázquez.
Otro pasajero que viajaba en el tercer vagón del tren relató el momento de la colisión: "estaba parado y siento un estruendo tremendo, como el de una explosión, y vuelo al menos 10 metros. Caí en el interior de otro vagón, porque íbamos en una formación vieja, de las que no tienen puertas divisorias. Encima de mí, cayeron otras personas y, no sé cómo, pude salir de la base de esa montaña humana", enfatizó Marcelo Ordóñez, de 37 años, domiciliado en Merlo. Otro joven, Fabio Cardone, de 37 años contó el drama que vivió hasta salir de una de las formaciones. "Tengo sangre en la remera, no puede ser. No reaccionaban, estaban como dormidas, nunca vi eso. La cara aplastadísima, tratábamos de mover cosas, esto es un caos", precisó este hombre que trataba de ayudar a los amigos y al resto de los pasajeros del vagón. Varias horas después de la violenta colisión, en las cercanías de la estación, ubicada en una zona comercial a unas 30 cuadras del centro de Buenos Aires, decenas de personas aún deambulaban buscando información sobre amigos, familiares o empleados que podrían haber viajado en el tren siniestrado.
El choque ocurrió cerca de las 08.30 , una horario en la que decenas de miles de personas se desplazan de los suburbios a Buenos Aires para concurrir a sus trabajos, a veces en vetustas líneas ferroviarias. Los vagones siniestrados tenían más de 50 años de antigüedad. (DyN-DPA-NA-Télam)
El choque de un tren en la estación Once dejó un saldo de 600 heridos y 49 muertos, según informó titular del SAME, Alberto Crescenti. El accidente ocurrió minutos antes de las 9. Una formación de la línea Sarmiento, que se habría quedado sin freno, impactó contra el tope del andén. Minutos después del accidente, el vocero de la Policía Federal, Fernando Sostre, confirmó que uno de los muertos es un niño.
Las imágenes de dolor de los heridos y de familiares que buscaban a sus seres queridos se repitieron durante toda la mañana. Pasajeros aplastados en vagones por horas, con gritos desgarradores e improvisados voluntarios protagonizaron las principales escenas del accidente ferroviario ocurrido en la terminal de Once, que se convirtió en una sala de emergencias con técnicas de reanimación y otras maniobras médicas de urgencia.
"Apúrense que se nos va", gritó Crescenti, a las 11.30, cuando vio que cerraba los ojos un hombre que era cargado en una camilla en la salida de la estación ubicada frente a la plaza Miserere, a pocos metros de un cronista.
"Vi venir al tren y empecé a gritar porque me di cuenta de que su velocidad era anormal para la curva de las vías previa a la plataforma. Las otras personas que estaban en los andenes creían que yo estaba loco. Pero lo vi todo", contó angustiado Alfredo Velázquez, de 33 años, quien permanecía en uno de los andenes de la estación cuando ocurrió el accidente. "Las personas aplastadas en los vagones gritaban de desesperación, por lo que rompí dos ventanas a patadas y saqué a varias mujeres", agregó Velázquez.
Otro pasajero que viajaba en el tercer vagón del tren relató el momento de la colisión: "estaba parado y siento un estruendo tremendo, como el de una explosión, y vuelo al menos 10 metros. Caí en el interior de otro vagón, porque íbamos en una formación vieja, de las que no tienen puertas divisorias. Encima de mí, cayeron otras personas y, no sé cómo, pude salir de la base de esa montaña humana", enfatizó Marcelo Ordóñez, de 37 años, domiciliado en Merlo. Otro joven, Fabio Cardone, de 37 años contó el drama que vivió hasta salir de una de las formaciones. "Tengo sangre en la remera, no puede ser. No reaccionaban, estaban como dormidas, nunca vi eso. La cara aplastadísima, tratábamos de mover cosas, esto es un caos", precisó este hombre que trataba de ayudar a los amigos y al resto de los pasajeros del vagón. Varias horas después de la violenta colisión, en las cercanías de la estación, ubicada en una zona comercial a unas 30 cuadras del centro de Buenos Aires, decenas de personas aún deambulaban buscando información sobre amigos, familiares o empleados que podrían haber viajado en el tren siniestrado.
El choque ocurrió cerca de las 08.30 , una horario en la que decenas de miles de personas se desplazan de los suburbios a Buenos Aires para concurrir a sus trabajos, a veces en vetustas líneas ferroviarias. Los vagones siniestrados tenían más de 50 años de antigüedad. (DyN-DPA-NA-Télam)
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