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Jueves, 16 de Febrero de 2012
JORNADA DE CONCIENTIZACIÓN

Además de remedios y de contención, los chicos con cáncer necesitan viviendas impecables

Como inmunodeprimidos los niños deben evitar los contagios. No obstante, la mayoría sufre grandes carencias. Sus madres le contaron a LA GACETA cómo se las arreglan para vivir sin casa propia, en prefabricadas y con sueldos de $45 por día. Todos compartieron las actividades del Día Internacional del Cáncer Infantil entre globos, payasos y pompas de jabón.
CAMPAÑA PARA EL MILLON. LA GACETA / FOTOS DE EZEQUIEL LAZARTE
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Fue una verdadera fiesta, con globos, payasos, pompas de jabón y chicos jugando por la plaza Independencia. Pero sobre todo, fue una apuesta a la vida, al compromiso con los niños que padecen cáncer y que pueden salvarse con la ayuda de todos. Ayer, durante la jornada de concientización que organizó la Fundación Flexer por el Día Internacional del Cáncer Infantil, 50 tucumanos accedieron a la donación de su médula ósea y otros 62 se sometieron a una extracción para el Banco de Sangre de la provincia.

Pero detrás de cada sonrisa hay un drama, una familia que lucha por ganarle a una enfermedad que, si bien es curable entre el 70 y el 80% de los casos, requiere de condiciones de habitabilidad impecables. Sin embargo, no todos acceden a viviendas seguras y a una alimentación saludable. "El 40% de las familias no tiene todos estos aspectos cubiertos para sobrellevar la enfermedad sin riesgos", explica Liliana Ramponi, de la Fundación Flexer.

"Mi hija, por su enfermedad, debe tener su baño propio, pero para nosotros eso es imposible. Vivimos en una casa prefabricada, con un baño compartido por tres familias", se lamenta Natalia Pachi, madre de Yasmín, de ocho años. "Con los $ 45 que cobra mi marido en un bar se nos hace cuesta arriba mantenernos", reconoce la joven de 26 años. Su hijo menor, Leonel, de tres años, también requiere un cuidado especial. "Le falta la mitad del corazón y del pulmón. Dicen que hay que esperar hasta los seis años para ver si crece y toma el tamaño normal", dice con un suspiro.

Pero mientras Yasmín es pura energía, otros chicos sufren mucho y se deprimen. "Para mi hijo, que es adolescente -tiene 13 años-, todo esto es un calvario. Desde que le diagnosticaron la enfermedad (Rosai Dorfman, ataca los ganglios) no quiere salir de la casa. No quiere que nadie pregunte por él ni que contemos qué tiene. Tengo que hacer un esfuerzo enorme para llevarlo al hospital porque no quiere saber nada con los médicos", se lamenta Nancy Zurita, de 34 años. Ella tiene otras dos hijas más chicas. "Jamás puedo planificar un fin de semana, si las nenas tienen un cumpleaños les aviso el mismo día que las voy a llevar, porque si César tiene fiebre o se le sube la presión ya no puedo ir, estoy pendiente de él", reconoce.

María González cuenta que su hija, María José, de 14 años, es una "muñequita de cristal". "Tiene lo que los médicos llaman un Déficit de Factor 7 de Coagulación. No puede golpearse y no puede recibir transfusiones de sangre. En la escuela no hace Educación Física y sus juegos son todos tranquilos. Pero le puedo decir que es muy buena alumna, el año pasado pasó a noveno con promedio 9,60", cuenta orgullosa.

La falta de vivienda es uno de los problemas más graves de las familias con niños con cáncer. Cintia Gómez, de 27 años, vive en el fondo de la casa de sus suegros, y hace lo posible por tener "todo impecable" para su hijo Maxi, de siete años. "A fuerza de lavandina logramos tener todo limpio, pero es lo único que podemos hacer", revela Natalia, la mamá de Yasmín.

Todo se transforma
Verónica Tapia Garzón
hace hincapié en el cambio que sufre la familia a partir del diagnóstico de la enfermedad: "la vida se transforma de un día para el otro. Los chicos dejan la escuela, ya no pueden jugar con los amiguitos y pasan mucho tiempo en el hospital, no sólo con las internaciones sino también con la quimio y los controles. Para nosotros, los papás, también cambia todo, porque tenemos que acompañarlos en todo el proceso. Por eso el apoyo que nos da la Fundación Flexer es muy importante".

"En el hospital de Niños también jugamos y nos divertimos", aporta Maxi Emanuel con timidez. Para él, el "doctor Juan José" es un "capo total".

ayudar a dar vida
El Día Internacional del Cáncer Infantil fue declarado en Luxemburgo en 2001. Se trata de una oportunidad para promover la donación de médula ósea para los niños cuya vida depende de un trasplante.

SIEMPRE HAY LUGAR PARA LA ALEGRíA
No todo es dolor en el Hospital de Niños. Los chicos saben que más allá de la quimioterapia, en el tercer piso los están esperando los voluntarios de la Fundación Flexer para hacerlos jugar y robarles una sonrisa.

DONAR SANGRE ES DONAR AMOR
Muchos tucumanos se animaron a donar sangre ayer. Los requisitos son: tener entre 18 y 65 años, pesar más de 50 kilos, gozar de buena salud y no haber donado sangre en los últimos dos meses. Por cualquier duda preguntá al 0800 222 1002.

SIGUE LA inscripción EN PLAZA INDEPENDENCIA
Aunque haya pasado el Día Internacional, la Fundación Flexer continuará recibiendo las inscripciones de donantes de médula ósea en la plaza Independencia. Pueden registrarse los mayores de 18 años y deben consignarlo por escrito.

campaÑa por el millón
El Ministerio de Salud de la Nación lanzó una campaña nacional para conseguir un millón de donantes de sangre. Ayer, técnicos y médicos del Banco de Sangre realizaron las extracciones. Muchos se presentaron en ayunas, listos para la donación.

Cifras que golpean
- 56 chicos menores de 14 años son diagnosticado con cáncer cada año en Tucumán. 
- 60% de los niños con cáncer no tiene  sus necesidades cubiertas. Muchos no tienen obra social.
- 4 hogares argentinos reciben al día la noticia de un hijo con cáncer. (Fundación Flexer, filial Tucumán)

Fundación Flexer acompaña y contiene a las familias en todo momento

Desde el tercer piso del Hospital del Niño Jesús, la Fundación Flexer atiende las necesidades de los niños y de sus familias. "Estamos con ellos en el cumplimiento de sus derechos, en los reclamos a las obras sociales, agilizando las pensiones y tratando de resolver su situación socioeconómica. Estos chicos inmunodeprimidos necesitan condiciones de habitabilidad impecables y no las tienen. Por eso nos encargamos desde cómo terminar un baño hasta cómo conseguir una cama, o tramitar una pensión", explica Liliana Ramponi, titular de la Fundación Flexer para el Norte Argentino. Voluntarios de la institución atienden a los niños en el hospital, los entretienen con juegos y los ayudan a olvidarse por un rato de la enfermedad.


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